Obed Vargas: el mexicano que nació en Alaska y sueña con el Mundial de 2026

Cuando el Mundial de 2026 comience, Obed Vargas sentirá que el torneo se juega en casa. Aunque los partidos de México serán en el Estadio Azteca y en Guadalajara, para él también se disputarán en los campos donde creció en Seattle, bajo la lluvia del noroeste estadounidense, y en las calles nevadas de Anchorage, Alaska, donde aprendió a amar el balón.
Desde cada rincón de esos lugares que marcaron su vida, lo seguirán las voces, los recuerdos y la herencia que lo hicieron mexicano, aunque haya nacido entre la nieve. Será un Mundial en sus dos países, los que lo formaron y lo definen: Estados Unidos y México. Dos patrias, dos acentos, una sola historia.
Para Obed, ese sueño tiene algo de destino. “Sería el momento más importante de mi carrera”, dice en entrevista con Sports Illustrated con una sonrisa contenida. “No lo puedo explicar, pero jugar un Mundial con México, en México, sería el orgullo más grande de mi vida”.
Un mexicano nacido en Alaska
Obed Vargas nació en Anchorage, Alaska, tierra de hielo, montañas y auroras boreales. Allí, donde el futbol no era prioridad, sus padres —inmigrantes mexicanos— le enseñaron a correr detrás de un balón en canchas cubiertas de nieve.
“Es la vida de un inmigrante”, cuenta. “Mis papás no hablaban inglés, no conocían a nadie, pero salieron adelante. Esa herencia, la de nunca rendirse, me ha marcado. Si ellos pudieron salir adelante, ¿por qué yo no voy a poder hacerlo en el futbol?”, sentencia.
Su infancia está llena de contrastes: tacos y hamburguesas, el frío del Ártico y la calidez de la familia, inglés en la escuela y español en casa. Entre esas dos realidades, Vargas encontró su identidad: un mexicano nacido en Alaska, con el corazón dividido y la convicción de que ambas raíces pueden convivir en un mismo sueño.
“A veces uno vive la clásica del mexicoamericano: ni de aquí ni de allá. Pero yo lo vivo con orgullo. Soy mexicano… Y también soy de donde nací”.
De Anchorage a Seattle: el salto imposible
A los 13 años, el Seattle Sounders lo invitó a integrarse a su academia. Dejó su hogar en Alaska y empezó una vida de disciplina y aprendizaje. Debutó en la MLS a los 15 años —uno de los más jóvenes en la historia de la liga— desde entonces su crecimiento no se ha detenido.
“Los futbolistas maduran más rápido”, dice. “Aprendí a escuchar, a observar. Siempre traté de ser una esponja: absorber todo lo que pudiera”.
Su padre, quien jugó en categorías inferiores de Monarcas Morelia antes de mudarse a Alaska, es su guía. “Siempre fue mi entrenador y aún lo es. Me dice lo que hago bien y mal, y me da confianza. Siempre creyó en mí”.
Obed Vargas se desempeña principalmente como mediocentro defensivo o “box-to-box”, es decir, cubre zonas de recuperación, distribución y avance desde el mediocampo. Se le reconoce por su visión táctica, buen pie, madurez para su edad: combina trabajo defensivo, recuperaciones, con participación ofensiva con asistencias y pases de gol. También le gusta anotar.
El corazón elige a México
En 2024, Vargas tomó una decisión que definió su historia: dejar la selección de Estados Unidos y representar a México. Vargas representó a los Estados Unidos en categorías juveniles (U-20, U-23). Sin embargo, en mayo de 2024 completó su cambio de asociación internacional hacia El Tri, expresó que se trataba de una decisión de corazón y de identidad familiar.
“No fue fácil”, admite, “pero lo sentía desde niño. Sabía que mi selección era México. Cuando llegué, me recibieron con los brazos abiertos, me hicieron sentir en casa”.
Esa elección no fue solo futbolística, fue personal. Fue el acto de alguien que decidió abrazar sus raíces, no renunciar a una parte de sí. Ese anhelo no nace del nacionalismo, sino de algo más íntimo: de representar la historia de miles de familias que, como la suya, cruzaron fronteras para buscar un futuro mejor sin perder sus raíces.
“Ser mexicano es un punto de orgullo por lo que representa mi familia, mi cultura. Es algo que llevo en la sangre, aunque haya nacido entre la nieve”.
Soñar con el 2026
El próximo Mundial tendrá un significado especial para él: se jugará en Estados Unidos, Canadá y México. En sus dos mundos: “Jugar un Mundial ya es una motivación enorme”, dice, “pero jugarlo en México, frente a tu gente, en el Azteca, eso no tiene comparación. Es una motivación extra, es algo que te impulsa a dar más”.
A sus 20 años, Obed es parte de una nueva generación de futbolistas que encarnan la identidad compartida de Norteamérica: jóvenes biculturales, bilingües, capaces de sentirse en casa en ambos lados de la frontera.
No sabe si su destino inmediato está en Seattle, en Europa o en México. Pero tiene claro que el futuro no tiene límites. En 2025, Vargas fue seleccionado para el equipo All-Star de la MLS con los Sounders. Además, fue destacado como el mejor jugador Sub-22 de la MLS.
“No le cierro las puertas a ningún lado. Sueño con llegar a Europa, pero mi mayor sueño sigue siendo representar a México en un Mundial”.
En su historia se cruzan dos banderas, dos himnos, dos maneras de entender el futbol. Pero cuando habla del Tri, su voz se quiebra un poco: “Sería increíble cantar el himno con mi familia viéndome desde las gradas. Sería algo que no puedo ni imaginar”.
Entre la nieve de Alaska y el sol del Azteca, Obed Vargas representa una generación que ya no tiene que elegir entre sus raíces y su futuro. Porque él ya encontró la forma de unirlos: con un balón, un sueño y la camiseta tricolor.
