Orbelín Pineda y la paciencia de quien ya sabe esperar

En Qatar no jugó lo que esperaba. En este Mundial tampoco ha tenido el protagonismo que su carrera sugeriría. Y sin embargo, Orbelín Pineda es uno de los jugadores que más claramente entiende lo que está en juego para México este miércoles ante Chequia. "No hemos conseguido nada", dijo este martes. Lo decía en serio.
En Qatar, Orbelin Pineda no jugó lo que esperaba. En este Mundial tampoco ha tenido el protagonismo que su carrera sugeriría.
En Qatar, Orbelin Pineda no jugó lo que esperaba. En este Mundial tampoco ha tenido el protagonismo que su carrera sugeriría. / Agustin Cuevas/Getty Images

No parece preocupado por los minutos. Tampoco por las alineaciones. Ni siquiera por el hecho de que, a sus 30 años y después de una carrera consolidada en Europa, espera una oportunidad más grande en el Mundial que se juega en casa.

Orbelín Pineda ya aprendió que las Copas del Mundo tienen sus propios tiempos. Y que a veces la paciencia también es una forma de competir. Ante Sudáfrica no jugó. Frente a Corea del Sur ingresó al minuto 71 para ayudar a sostener una ventaja que México no estaba dispuesto a perder. Apenas unos minutos en dos partidos. Nada parecido al protagonismo que alguna vez imaginó para sí mismo.

Pero tampoco hay nada que parezca alterarlo. "La oportunidad que me toque la voy a hacer de la mejor manera", dijo previo al encuentro ante Chequia. "Voy a tratar de dar lo mejor de mí. Cada momento, cada minuto lo voy a disfrutar al máximo porque al final de cuentas estamos en un Mundial".

La frase encierra una serenidad que no siempre tuvo. Hace cuatro años, en Qatar, vivió una experiencia parecida. Pasó los dos primeros partidos en el banquillo y apareció hasta el tercero, ante Arabia Saudita. Fue titular, disputó 77 minutos y dejó buenas sensaciones en una noche que terminó marcada por la eliminación mexicana.

Aquella selección llegó al último partido presionada, obligada a hacer cuentas y perseguida por la ansiedad. Esta parece otra historia. México suma seis puntos, ya tiene asegurado su lugar en los octavos de final y puede cerrar la fase de grupos con nueve unidades por primera vez en la historia del país.

Sin embargo, Orbelín no habla de récords. Habla de prudencia. "No hemos conseguido nada", repitió más de una vez durante su encuentro con los medios. Lo decía sin dramatismo. Lo decía porque sabe lo rápido que puede cambiar un torneo.

Quizá por eso sus respuestas siempre regresan al mismo lugar: el grupo. Cuando le preguntan por las críticas al funcionamiento del equipo, responde del compañerismo. Cuando le preguntan por los objetivos, responde de la familia. Cuando le preguntan por los jugadores que tienen pocos minutos, responde de los 26.

"Somos una familia", aseguró. "Todos nos conocemos, todos somos uno mismo. Los 26 jugadores que les toque jugar lo van a hacer de la mejor manera".

No parece una frase hecha. Es la descripción de un vestidor que él mismo compara, de forma indirecta, con el que vivió en Qatar.

"La experiencia de Qatar también me tocó", recordó. "Ahora lo he transmitido un poquito más. Creo que hay mucho más compañerismo".

La diferencia es importante. Porque Orbelín ha conocido los dos escenarios: el de una selección que se queda fuera en la fase de grupos y el de otra que llega a la tercera jornada con el boleto ya asegurado.

Por eso tampoco se permite excesos de confianza. "Nos falta ganar el día de mañana", explicó. "No hemos logrado nada. Esto es sólo la fase. Tenemos que dar otro paso de autoridad".

La advertencia resulta llamativa en medio del ambiente optimista que rodea al equipo. México está clasificado. Juega en casa. Tendrá un Azteca lleno detrás de él.

Pero Orbelín insiste en mirar más lejos. "Siempre hay que pensar en lo más alto", afirmó. "No sólo estar en el top diez, realmente hacer historia".

Quizá sea una consecuencia de la experiencia. Quizá sea la voz de alguien que ya entendió que los Mundiales no se recuerdan por las buenas sensaciones de junio, sino por lo que sucede cuando llegan los partidos de eliminación directa.

Este miércoles, ante República Checa, podría quedarse nuevamente en la banca. Podría entrar en el segundo tiempo. Podría incluso ser titular si Javier Aguirre decide rotar piezas con la clasificación asegurada. Orbelín no lo sabe. Lo único que sabe es que estará preparado.

Porque si algo le dejó Qatar fue una enseñanza simple: en una Copa del Mundo nadie puede darse el lujo de desconectarse. La oportunidad puede tardar. Puede aparecer en el minuto 70, en el 80 o en el partido menos esperado.

Y cuando llegue, habrá que estar listo. Orbelín Pineda lleva cuatro años preparándose para ese momento.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.