El Real Madrid llama a Mourinho porque ya lo hizo una vez: arreglar lo que estaba roto

Mourinho fue el elegido por encima de Deschamps y Pochettino, no porque sea el técnico más elegante del mundo, sino porque cuando las cosas se ponen difíciles, él no retrocede.
José Mourinho vuelve al Real Madrid para enderezarlo.
José Mourinho vuelve al Real Madrid para enderezarlo. / Stu Forster/Getty Images

Cuando el Real Madrid decidió que José Mourinho sería su próximo entrenador, no eligió solo un nombre. Eligió un historial. El portugués ya estuvo en el Bernabéu entre 2010 y 2013, llegó a un vestuario con fracturas internas y lo convirtió en el equipo más dominante de España en años. Trece años después, el Madrid tiene exactamente el mismo problema. Y sabe a quién llamar.

El vestuario blanco vivió una de sus temporadas más caóticas en décadas. La pelea física entre Valverde y Tchouaméni en Valdebebas, los seis jugadores que dejaron de hablarle a Arbeloa, la guerra de declaraciones entre Mbappé y el técnico interino, y una temporada sin títulos dejaron al club con una sola conclusión: necesitaban a alguien con espalda suficiente para entrar a ese vestuario, mirar a los ojos a Vinicius, a Mbappé y a Bellingham, y poner orden sin negociar. 

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Mourinho fue el elegido por encima de Deschamps y Pochettino precisamente por eso. No porque sea el técnico más elegante del mundo, sino porque cuando las cosas se ponen difíciles, él no retrocede.

Lo que hace especial este regreso es la ironía que carga. Cuando Mourinho se fue del Madrid en 2013, dejó una frase que resonó durante años: dijo que el vestuario del club era ingobernable. Que había fuerzas dentro del grupo que ningún entrenador podía controlar. Trece años después, Florentino Pérez lo llama precisamente para gobernar ese mismo vestuario. Solo que ahora, en lugar de Casillas y Ramos, los nombres son Mbappé y Vinicius.

Y el paralelismo con Casillas es el más revelador de todos. En su primera etapa, Mourinho tomó la decisión más impopular que podía tomar en el Real Madrid: dejar fuera al portero más querido de la historia del club, el capitán, el símbolo de una generación. Lo hizo sin dudar, apostó por Diego López y no se echó atrás aunque la afición y parte del vestuario lo cuestionaron. 

Hoy enfrenta algo similar con Mbappé, uno de los mejores jugadores del mundo, que se convirtió en el centro de todos los conflictos de esta temporada con declaraciones públicas contra el cuerpo técnico y una actitud que dividió al vestuario. Mourinho ya sabe lo que es enfrentarse a un intocable dentro del Madrid. Y ya sabe que no pasa nada por hacerlo.

En 2010, Mourinho llegó al Real Madrid tras ganar la Champions con el Inter de Milán y encontró un equipo golpeado por tres eliminaciones consecutivas en octavos de final de la Copa de Europa. Lo primero que hizo fue imponer una mentalidad nueva. Su primer gran acto fue ganarle al Barcelona la final de la Copa del Rey 2011 en Mestalla, con un gol de Cristiano Ronaldo en la prórroga. Era el primer título copero del club en 18 años. Ese triunfo le dio credibilidad instantánea en un vestuario que necesitaba creer en algo.

Lo que vino después fue histórico. En la temporada 2011-12, Mourinho construyó uno de los equipos más demoledores de la historia del fútbol español. El Madrid ganó la Liga con 100 puntos, un récord que tardó años en ser igualado, con 32 victorias en 38 partidos, 121 goles anotados y rachas que dejaban al rival sin argumentos: 7-1 al Osasuna, 6-2 al Rayo, cuatro goles a Espanyol, Betis y Málaga en la misma temporada. Cristiano Ronaldo, Benzema, Di María y Özil formaron uno de los ataques más temidos de Europa. En total, Mourinho ganó tres títulos en tres temporadas: la Copa del Rey 2011, la Liga 2012 y la Supercopa de España 2012.

Y aunque Mourinho no levantó la orejona en el Bernabéu, lo que construyó en esos tres años fue el cimiento de todo lo que vino después. La mentalidad ganadora, la intensidad defensiva, el hábito de competir en Europa sin miedo y la cultura de exigencia que instaló en el vestuario fueron la base sobre la que Carlo Ancelotti, años más tarde, construyó el Madrid más ganador de la historia reciente. 

El mismo equipo que ganó tres Champions consecutivas entre 2016 y 2018, que hizo historia en Europa como ningún otro club en la era moderna, bebió de una identidad competitiva que Mourinho sembró primero. No siempre se le da ese crédito, pero los números y la historia lo respaldan.

Pero quizás el logro táctico más importante de esa etapa no fue la Liga de los 100 puntos. Fue haber frenado al mejor Barcelona de la historia. Mourinho fue el primero en encontrarle la vuelta al equipo de Guardiola en España, con un sistema de contragolpe que convirtió a Cristiano Ronaldo en el arma más letal del fútbol mundial y que en varios partidos clave obligó al Barça a buscar alternativas que no siempre encontró. 

No lo derrotó en todas las batallas, pero sí demostró que era posible competirle. Esa capacidad de leer una crisis táctica y transformarla en un sistema ganador es exactamente lo que el Madrid necesita ahora, cuando el equipo lleva dos temporadas sin identidad de juego.

La asignatura pendiente fue la Champions. En sus tres años, el Madrid llegó a semifinales de manera consecutiva pero nunca pasó de ahí. El Barcelona de Guardiola lo eliminó en 2011, el Bayern en 2012 y el Borussia Dortmund en 2013. Su salida ese año fue de mutuo acuerdo, después de una tercera temporada sin títulos y con tensiones que desgastaron su relación con jugadores como Casillas. El propio Mourinho lo reconoció sin rodeos: fue la peor temporada de su carrera.

Pero lo que el Real Madrid recuerda no es solo la Liga de los 100 puntos ni los títulos. Lo que recuerda es que Mourinho tomó un equipo que no ganaba la Copa desde 1993, que caía en octavos de Champions de manera sistemática, y lo transformó en algo competitivo, agresivo y temido. Eso es exactamente lo que necesita ahora. Mourinho llegará con voz en las decisiones de plantilla, algo que el club rara vez otorga a sus técnicos, y las primeras decisiones sobre Valverde y Tchouaméni serán suyas. El anuncio oficial se producirá una vez termine el Mundial 2026. The Special One está de vuelta, y esta vez el problema que tiene que resolver no es el Barcelona. Es el propio vestuario.


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Álvaro Piñeirua
ÁLVARO PIÑEIRUA

Redactor en Sports Illustrated México.