REVISTA | El Frankenstein de la portería

Antes de imaginar un Mundial, aprendió a mirar. Su historia empezó frente a una pantalla, al estudiar porteros. Raúl Rangel construyó su estilo pieza por pieza, analizó a los mejores. Ahora, con 26 años, se perfila como el guardameta titular de México en un Mundial en casa.
Raúl Rangel pasó años observando a otros porteros. Hoy, es él quien ocupa el lugar que antes veía por televisión.
Raúl Rangel pasó años observando a otros porteros. Hoy, es él quien ocupa el lugar que antes veía por televisión. / Agustin Cuevas/Getty Images

Hay una frase que Raúl Rangel suelta casi como confesión, con esa franqueza desarmante que tiene cuando baja la guardia: él mismo se describe como un Frankenstein. No es broma ni modestia. Es su método. Desde que era un niño en Ciudad Guzmán, en el corazón de Jalisco, empezó a diseccionar a los porteros que admiraba —sus movimientos, sus posturas, su manera de ordenar la defensa— y coció esas piezas para crear su propio estilo.

Todo empezó por su papá. "Un amigo de mi papá me dijo que era un porterazo, que tenía muchas cualidades", recuerda Rangel en entrevista con Sports Illustrated. "Me quedé con la espinita y empecé a preguntar, a preguntar y a preguntar". El padre nunca llegó al futbol profesional, pero le dejó algo más difícil de enseñar que cualquier técnica: el antojo de lanzarse al suelo, de ahogar el grito de gol ajeno, de plantarse bajo los tres palos y aguantar. 

"Solamente los valientes se atreven a ser porteros", dice, con una convicción que suena a cosa aprendida desde muy adentro. “Creo que es parte de cierto –ser un poco loco–. Pararse bajo los tres postes y aguantar balonazos a diestra y siniestra, creo que sí es de reconocerse”.

El primero en analizar fue Oswaldo Sánchez, al que su abuelo ponía los domingos a las doce del día, allá por 2005 y 2006. "Recuerdo mucho cómo gesticulaba, cómo hablaba, cómo ordenaba", dice Rangel. Era un niño viendo a un hombre mandar. Algo en eso lo enganchó para siempre. Después vinieron Iker Casillas y Gianluigi Buffon, buscados en videos de internet desde algún cyber de Guzmán. Y luego Alfredo Talavera, el Tala, a quien llegó cuando un profesor en Chivas le dijo que se le parecía físicamente y él decidió estudiarlo hasta absorberlo. "Lo estudié demasiado", admite, sin vergüenza. "Y creo que por eso es que nos parecemos, aparte de un poco de lo físico, también en la manera de atajar".

De Oliver Kahn tomó agresividad competitiva. De Casillas, reflejos y distribución. De Buffon, la jerarquía silenciosa de los grandes torneos. "Al final tengo un poco de todo. Traté de tomar lo mejor de cada uno". El resultado es un portero que nadie termina de encuadrar del todo y eso lo vuelve difícil de leer. Tiene la presencia verbal de Oswaldo, la salida aérea de Talavera, el pie entrenado desde las categorías inferiores.

"Tuve la dicha de jugar en el campo antes de estar aquí en Chivas", dice cuando le preguntan por su juego con los pies. "Creo que tengo un poquito de idea". Una sonrisa. Y luego, más serio: "Me encanta jugar con los pies".

Pero sobre cualquier virtud técnica, Rangel pone siempre lo mismo: "Fortaleza mental. La pongo por encima de todas. Porque si no tienes esa fortaleza, lo demás, por más bueno que sea, te termina exhibiendo".

Chivas lo supo antes que nadie. Cuando llegó al Tapatío, Rangel se encontró con una escuela de porteros que en México no tiene comparación: Miguel Jiménez, Toño Rodríguez, Sergio Rodríguez eran de su generación. De cada uno tomó algo. De Miguel, sobre todo, el rigor silencioso del trabajo cotidiano. "Dije: no puedo estar por debajo de él. Si quiero jugar, tengo que estar a la par, por lo menos". No como amenaza. Como brújula.

Fue el profesor Alberto Coyote quien le dio la primera oportunidad en el Tapatío. Antes del partido, sus compañeros se acercaron: "Oye, pues vas a iniciar. Ten la confianza de nosotros, juega fácil". Y Hugo Hernández, entonces entrenador de porteros, le dio la instrucción más difícil de seguir para un debutante: no hacer cosas raras. Simplemente hacer lo que ya sabía. "Gracias a Dios fue un muy buen debut", recuerda Rangel. "Me marcó la pauta para ver hasta dónde podía".

Su debut en primera división, el 1 de octubre de 2023, ante Toluca en el Nemesio Diez, fue el tipo de prueba que define a un portero. Racha mala, equipo en duda, estadio hostil, un joven de 23 años bajo los tres palos. "Me imagino que la gente decía: ¿cómo meten a un chavo contra un equipo como Toluca? Nos van a...". Rangel deja la frase incompleta y sonríe. "Pero yo dentro de mí decía: les voy a demostrar que estoy listo". Chivas ganó. Y Rangel entendió algo que pocos aprenden tan pronto: que la fortaleza mental no es el escudo para no sentir, sino la herramienta para sentir todo y no dejar que te gobierne.

"Si quiero estar en primera división, tengo que poder con este tipo de escenarios".

Una semana después, fractura de pómulo durante el Clásico Tapatío frente al Atlas. La lesión ocurrió tras un fuerte choque accidental con su compañero Antonio Briseño al intentar cortar un avance. Rangel requirió cirugía y fue sustituido de inmediato. Pudo haberlo frenado. No lo frenó. Lo utilizó. Se puso a leer, a estudiar técnicas de meditación, a entender su propia mente. "Todavía tengo que prepararme en algunas cosas", se confesó. Y regresó más completo.

En la Copa América 2024 llegó su primera convocatoria al combinado mayor, junto a Luis Malagón y Julio González. "Siendo sincero, no lo esperaba tan pronto", admite. Sabía que no iba a ser titular —"obviamente mi proceso no ha sido como el de ellos"— y decidió usarlo de otra manera: observar, absorber, aprender del escenario. Igual que siempre. Igual que con los videos de Buffon. Con el tiempo llegó la consolidación en Chivas. A partir del Torneo Clausura 2024, Raúl se convierte en el guardameta titular del Rebaño y, más tarde, llegan las convocatorias a la selección mexicana. En el vestidor pudo observar de cerca a figuras como Guillermo Ochoa, un veterano de seis participaciones mundialistas, y escuchar de primera mano lo que significa jugar en ese escenario.

Las experiencias también trajeron golpes de realidad. Un partido ante Uruguay le recordó que el camino todavía era largo. Su debut como titular del Tri fue un 5 de junio de 2024, donde recibió cuatro goles. Para Rangel, ese tipo de momentos funcionan como advertencias necesarias: señales de que todavía hay mucho por mejorar. Fue una señal de que todavía había trabajo por hacer, no una derrota de identidad. "Okay, todavía te faltan cosas por aprender", se dijo. Y siguió.

Aguirre lo ha convocado en las quince llamadas que ha hecho desde que asumió el cargo. Ni uno solo de esos cortes lo ha dejado fuera. En los últimos ocho partidos ha sido el portero de arranque. Y con Malagón en recuperación, el camino hacia el 11 de junio en el Azteca tiene su nombre escrito con cada vez más permanencia. Rangel lo sabe, pero no lo dice así. "Yo sé que si vivo el presente me va a ir mucho mejor". Y en el presente, intensificó el estiramiento de diez a veinte minutos, se mete más tiempo a la tina, calibra cada detalle de su recuperación. Porque vio lo que le pasó a los demás y no quiere ser parte de esa lista.

"No te puedo decir que voy a estar ahí porque no sabemos", admite, con esa honestidad que a veces es incómoda en un mundo donde los jugadores aprenden a hablar sin decir nada. "Pero sí trato de visualizarlo. Imagino ese día, el himno mexicano, todo el estadio cantándolo".

Fue Ignacio Calderón quien le puso en perspectiva lo que significa esa imagen. El legendario guardameta disputó dos Copas del Mundo con la Selección Mexicana: Inglaterra 1966 y México 1970. En aquella edición de local, Calderón escribió su nombre en los libros de historia al mantener su arco invicto durante 310 minutos consecutivos, una marca que ayudó al tricolor a avanzar hasta los cuartos de final por primera vez. Un portero hecho monumento. Le contó a Rangel que él es el único canterano de Chivas que ha estado en un Mundial, pero que él podría ser el segundo en abrir un partido mundialista en casa.

Rangel escuchó eso y lo guardó en el mismo lugar donde guarda los videos de Buffon, las imágenes de Oswaldo ordenando en domingo, las lecciones de Miguel Jiménez trabajando en silencio. "Sería algo histórico", dice. "Algo muy bonito". Y luego, con la sencillez de quien ya aprendió a no inflar las palabras: "Sería como la cereza del pastel".

El Frankenstein de la portería mexicana tiene todas las piezas en su lugar. Solo falta el 11 de junio para mostrarlo en su debut mundialista.


Published |Modified
Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.