REVISTA | Oussama Idrissi: Una pausa en el ruido

El futbol suele medirse en goles, minutos y estadísticas. Aquella noche del 8 de marzo de 2025, sin embargo, se midió en silencio.
Oussama Idrissi caminó hacia la banda cuando el reloj marcaba el minuto 8 del partido entre Pachuca y Mazatlán. Se hincó con una rodilla sobre el césped, tomó agua y cerró los ojos. Rezó.
No fue un gesto espectacular ni buscó atención. Fue una pausa mínima en medio del ruido. El sol acababa de ponerse en Hidalgo y, con ello, terminaba el ayuno del Ramadán.
“Es un momento entre Dios y yo”, dice en entrevista con Sports Illustrated. “Ese mes es muy especial y el más importante para nosotros los musulmanes porque es donde todos nos acercamos más a Dios”.
Todo estaba previsto. El cuerpo técnico, el staff médico, la liga. Nadie interrumpió. Nadie se incomodó. Volvió a hacerlo en el minuto 25, aprovechó una detención del juego. Otra vez una rodilla cayó al suelo, tomó agua, se comió un plátano y cerró los ojos. Volvió a rezar.
No fue un gesto pensado para la cámara. Fue una rutina íntima, repetida durante años, trasladada ahora a una cancha mexicana. Una pausa breve que, sin proponérselo, explicaba una carrera entera.
El Ramadán no es solo dejar de comer o beber. Es disciplina, introspección y orden interior. Para Idrissi, la religión no es un accesorio identitario ni una rareza cultural: es la estructura que sostiene su vida. “Cuando ayuno, no siento que pierda energía. Siento que gano claridad”, explica. “Todo se vuelve más consciente: cómo entreno, cómo descanso, cómo me comporto”.
En una cancha mexicana, Idrissi cumplía uno de los rituales más sagrados del islam. Agua, fruta y oración para cerrar un día de ayuno que comenzó al amanecer. Una escena sencilla que, sin proponérselo, explicó quién es.
En el alto rendimiento, donde cada detalle cuenta, la fe se convierte en método. No improvisa. Planifica. Conoce su cuerpo. Respeta los tiempos.
“La ciencia dice que un humano puede vivir 28 días sin comida y tres días sin hidratación; nosotros lo hacemos por 16 horas”, dice. “No es imposible. Lo hicieron millones antes que nosotros y lo hacen hoy casi dos billones de musulmanes”.
En Pachuca encontró un entorno que entiende esa lógica. “No hay grandes diferencias entre ser cristiano o musulmán”, reflexiona. “Al final creemos en el mismo Dios. La diferencia está en las percepciones”.
Holanda: formarse lejos del ruido
Oussama Idrissi nació en Países Bajos un 26 de febrero de 1996. Creció en un futbol estructurado, meticuloso, exigente. Desde muy joven aprendió que nada se regala. Pasó por divisiones menores, entrenamientos repetitivos, evaluaciones constantes.
Sus primeros pasos los dio en la cantera del NAC Breda, un club acostumbrado a formar sin prometer. En Breda aprendió a no adelantarse a nada. A entrenar sin aplausos. A aceptar que el progreso no siempre es visible. “En Holanda aprendes a competir todos los días”, recuerda. “Si bajas el nivel, alguien ocupa tu lugar”.
Las academias holandesas le enseñaron el orden y la lectura del juego. Pero fuera del campo, su identidad se formaba en otro espacio: la casa. Marruecos estaba siempre presente. En el idioma, en la comida, en la oración. “Nunca sentí que tuviera que elegir entre una cosa u otra. Yo soy así”, dice. “Tengo dos mundos, pero un solo camino”.
Del NAC pasó al juvenil del Feyenoord, donde permaneció cuatro años. Campos impecables, sesiones largas, correcciones constantes. Un futbol que no celebra la exuberancia, sino la repetición. En la temporada 2015-16 dio otro paso silencioso: el F. C. Groningen sub-21. Más kilómetros. “En Holanda te forman para competir todos los días”, dice. “No para brillar un domingo”.
El 17 de enero de 2018, Idrissi fichó por el AZ Alkmaar con un contrato de cuatro años y medio. Fue su primer gran salto. En Alkmaar empezó a sentirse futbolista de Primera División. A asumir responsabilidades. A entender que el talento ya no bastaba.
“Hay un dinámica donde hay jugadores que vienen de todos lados del mundo, que nacieron en Países Bajos, pero todos tenemos el mismo objetivo, todos tenemos la misma ambición que es ser futbolista y competir en la cancha, somos todos iguales. Ahí supe que el futbol también es constancia”, recuerda.
Su rendimiento lo puso en la agenda de clubes importantes: Everton, Napoli, Wolverhampton. El siguiente paso parecía claro. El 5 de octubre de 2020, Oussama Idrissi firmó por cinco años con el Sevilla F. C. Llegó a una liga distinta, a un club con urgencias y expectativas.
Debutó el 21 de noviembre ante el Celta de Vigo, salió desde el banquillo. Minutos sueltos. Sensaciones incompletas. “El futbol también es paciencia”, comenta ahora. Tras media temporada, regresó cedido a Países Bajos para jugar con el Ajax. ”Me tocó tener una lesión que tardó mucho y por eso también regresé a Países Bajos”. Volvió a Sevilla al finalizar la campaña, pero la continuidad fue esquiva.
En enero de 2022 salió nuevamente a préstamo, esta vez al Cádiz C. F. Ahí encontró algo distinto: supervivencia. “Era jugar cada partido como si fuera el último”, recuerda. Con el Cádiz logró la permanencia en Primera División en la última jornada.
En la temporada 2022-23 regresó cedido al Feyenoord. El último día del mercado veraniego 2023-24, Sevilla y él rescindieron contrato.
Elegir Marruecos
Fuera del campo, su vida seguía otro ritmo. En casa se hablaba árabe. Se rezaba. Marruecos estaba siempre presente. “Nunca sentí que fueran dos vidas”, explica. “Era la misma persona en lugares distintos”.
Idrissi pasó por todas las selecciones juveniles de Países Bajos: sub-16, sub-17, sub-20, sub-21. El camino estaba marcado. Cuando llegó el momento de definir la selección, el debate existió afuera, no dentro. Idrissi nunca dudó. Marruecos no fue una decisión deportiva, fue una decisión de vida.
“Jugar para Marruecos es jugar por mi familia”, explica. “Por mis padres, por mis abuelos, por una historia que empezó antes de mí”. Vestir esa camiseta implica historia genealógica. “No fue una decisión deportiva…Fue personal”. Y el 22 de marzo de 2019 llegó el día de vestirse con el uniforme marroquí.
La afición no observaba: sentía. Cada partido se vivía como una declaración de identidad colectiva. En Casablanca entendió que la selección no es un trámite, es una responsabilidad. “No juegas solo por ti. Juegas por millones”, dice. “Eso te cambia”.
Qatar 2022: creer antes que nadie
Idrissi ha sido convocado en 14 oportunidades y ha jugado nueve veces para Marruecos, pero no fue convocado para el Mundial de Qatar 2022. Una lesión lo dejó fuera. La Copa del Mundo de Qatar marcó un antes y un después. Marruecos rompió límites, derribó prejuicios y llegó a semifinales. Ahí perdió con Francia. Primer país africano en lograr un resultado de este tipo. “No fue suerte”, insiste Idrissi. “Fue creer cuando nadie creía”. Marruecos hizo historia: cuarto lugar mundial al caer con Croacia por 2-1.
Aquel equipo no se sintió menos ante nadie. Compitió con convicción, orden y orgullo. El Mundial no solo dejó resultados: dejó una nueva manera de mirarse. “Después de Qatar, Marruecos se entendió distinto”, afirma. “Ya no soñamos pequeño”.
Hoy, con un grupo parejo y maduro, la selección vuelve a pensar en grande. El Mundial 2026 aparece en el horizonte como una nueva oportunidad. Idrissi no ha sido convocado desde junio del 2023 y entiende que su nivel, por lesiones, no ha sido el mejor. Su momento con Marruecos está en pausa.
“La realidad es que cualquier jugador tiene que estar al top, al full, y tiene que tener un rendimiento muy alto para estar en una selección. Por el momento no estoy al 100. Estuve lesionado y estoy agarrando mi ritmo para estar otra vez a full y ojalá pronto pueda estar al 100, competir y rendir muy bien con mi equipo y ahí llamar su atención”.
Idrissi entiende que –por conocer el futbol mexicano– amigos, compañeros y gente de Marruecos ya le marcan para conocer más del país que recibirá el Mundial en los próximos meses. Aunque Marruecos jugará en Nueva York, Boston y Atlanta. Ante Brasil, Escocia, Haití, respectivamente, en el grupo C. Ahora imagina otro escenario. Un grupo parejo.
“Marruecos ya está calificado, lo han hecho muy bien. El último mundial terminamos cuartos. Y ahora todo el mundo quiere mínimo la misma instancia. Va a ser complicado porque al final es un mundial donde hay selecciones muy fuertes, muy buenas”, confiesa.
México: llegar lejos para encontrarse
Cuando México apareció en su carrera, Idrissi no lo interpretó como retroceso. Llegó informado. Sabía de la altura, del calor, de los viajes interminables y de la intensidad constante. En septiembre de 2023 fichó por Pachuca. México apareció como una posibilidad real, no como refugio.
“Yo quería sentir algo nuevo”, explica. “Competir en otro contexto. La Liga MX no te da descanso. Cada partido te exige estar presente”. En Pachuca encontró estabilidad. Un club que confía, que forma y que respeta al jugador como persona. Su religión nunca fue un problema. Su rendimiento lo convirtió en figura. “Aquí volví a disfrutar”, admite. “Sentí que podía ser yo dentro y fuera de la cancha”.
A los 29 años, Idrissi no corre detrás de validaciones externas. Corre detrás del sentido. Su fe no lo separa del futbol, lo ordena. Su identidad no lo divide, lo define. “La Liga MX no te deja pensar”, explica. “Te obliga a reaccionar”.
Idrissi tiene tres años más de contrato con los Tuzos. En Pachuca encontró estabilidad. Un club que respeta procesos. A pesar de que fue buscado por algunos clubes, él se encuentra feliz en la Bella Airosa. “Aquí sentí que podía quedarme”. Poco a poco se volvió figura.
No habla de goles futuros ni de estadísticas. Habla de llegar entero, de recuperar sensaciones, de sentirse otra vez disponible. “Si el cuerpo responde, la cabeza también”, explica. “Y cuando las dos están bien, el futbol fluye”.
Aquella noche de marzo en Pachuca, después de romper el ayuno, Idrissi volvió a la cancha sin gestos grandilocuentes. Pidió la pelota, encaró. Hizo lo que siempre hace: cumplir.
Oussama Idrissi salió de Holanda, eligió Marruecos y encontró en México un lugar para ser figura sin dejar de ser él mismo. En tiempos de trayectorias uniformes, su historia recuerda algo esencial: no todos los caminos al éxito se recorren en línea recta. Su fe no lo separa del futbol, lo ordena. Su identidad no lo divide, lo define. Idrissi representa algo poco común: un jugador que entiende que competir al máximo también implica saber quién eres, de dónde vienes y por qué juegas.
