México 86: Alemania y la casa cuna que ha ayudado durante 40 años

La historia de la Casa Cuna Oasis del Niño comenzó mucho antes de que el futbol se cruzara en su camino. El 12 de diciembre de 1944 abrió sus puertas en Querétaro con una misión sencilla, pero profunda: cuidar a los niños más vulnerables. Durante décadas trabajó lejos de los reflectores, ofreció refugio, alimento y educación a pequeños que necesitaban un lugar seguro para crecer.
Aquí han sido recibidos niños desde cuatro meses de vida hasta los seis años, dentro de un modelo que combina guardería e internado. Con salas de cuna, maternal y preescolar, la institución se ha convertido en un hogar temporal de menores que encontraron entre sus paredes algo más que asistencia: la posibilidad de vivir una infancia protegida.
Pero en 1986, algo cambió. Ese año, el destino de la Casa Cuna quedó ligado para siempre al de una de las selecciones más importantes del futbol mundial, en un encuentro que transformaría la historia de la institución y demostraría que la compasión no respeta fronteras.
Durante el Mundial de 1986, hermanas de la congregación fueron invitadas al estadio Corregidora para presenciar un partido de la selección de Alemania. Ahí conocieron a integrantes del equipo que terminaría como Subcampeón del torneo.
Después del encuentro, las religiosas invitaron a los jugadores a conocer la casa hogar. “Vinieron a visitar a los niños y quedaron encantados”, recuerda la hermana Cristina. “Dijeron: los vamos a apoyar, los vamos a ayudar”.
Así comenzó una tradición que no se ha detenido.
Uno de los jugadores que mostró mayor interés fue el delantero Rudi Völler, quien impulsó las primeras donaciones. Desde entonces, cada año —generalmente en diciembre— la institución recibe apoyo económico proveniente de Alemania.
“El donativo depende de las necesidades de la casa y de los programas que ellos tienen, pero más o menos son cerca de 200 mil pesos al año”, explica la religiosa.
La comunicación se mantiene por teléfono o internet y en ocasiones algunos de los exfutbolistas regresan a México para visitar a los niños.
“Nos avisan que están en México y vienen. Los niños los reciben, a veces les hacemos un pequeño número o compartimos algo sencillo. Les gusta mucho jugar futbol con ellos”, cuenta.
Aquella selección alemana que visitó la casa hogar no fue cualquier equipo. Fue el mismo grupo que disputó la final del Mundial ante Diego Maradona y Argentina. Cuatro años después, varios de esos futbolistas se consagrarían al ganar el título del Mundial de 1990 en Italia.
Entre ellos estaba el legendario Franz Beckenbauer, quien dirigía al equipo alemán desde el banquillo. Lothar Matthäus, el mediocampista que disputaría cinco Copas del Mundo. Andreas Brehme, el lateral que definiría con un penal esa Copa del Mundo. Rudi Völler, uno de los delanteros más letales del futbol alemán, y Jürgen Klinsmann, símbolo de una generación ganadora.
La fotografía de aquel plantel todavía cuelga en la oficina de la hermana Cristina, como recordatorio de una historia poco conocida del futbol.
“Para mí es recordarles y pedir por ellos. Ya son personas grandes, pero gracias a lo que iniciaron, los niños siguen recibiendo ayuda”, dice.
Hoy la casa atiende a 65 menores. Con el paso de los años el modelo también cambió: ya no se centra en adopciones como antes, sino en evitar el abandono infantil mediante una guardería que recibe a niños desde las ocho de la mañana hasta la tarde.
El vínculo con Alemania, sin embargo, permanece intacto. Y con el regreso del Mundial a México en el 2026, la esperanza es que los viejos amigos vuelvan a tocar la puerta.
“Nos han dicho que probablemente vendrán”, comenta la hermana Cristina. “Los estamos esperando. Los niños les preparan banderas de México y Alemania para recibirlos”.
Mientras se espera el posible regreso de los alemanes en 2026, la Casa Cuna continúa su labor silenciosa, apoyada por quienes hace 40 años decidieron que lo más importante no era solo ganar un partido, sino cambiar vidas.
