Uzbekistán en la Copa del Mundo, los lobos blancos que domesticaron su propia fatalidad

La travesía de Uzbekistán hacia la Copa del Mundo de la FIFA 2026 es una crónica tejida con la tenacidad de los lobos blancos y un drama futbolístico que, hasta hace poco, parecía condenado a la fatalidad.
Te puede interesar: El viaje de Al-Nashema: la histórica clasificación de Jordania a la Copa del Mundo 2026
El preámbulo de esta gesta histórica estuvo marcado por una profunda encrucijada. En enero de 2025, apenas unos meses antes de que Uzbekistán disputara los partidos que decidirían su destino mundialista, la dirección técnica sufrió una fractura abrupta. La salida del esloveno Srečko Katanec en enero de 2025, en la víspera de la fase más exigente de las eliminatorias, obligó a la Federación a confiar el timón a un hijo pródigo, Timur Kapadze.
Kapadze, un referente del fútbol uzbeko, asumió el cargo en el momento de mayor tensión.
🇺🇿 Uzbekistan have qualified for their first #FIFAWorldCup! @aramco | #WeAre26 pic.twitter.com/AqxX4mZLgC
— FIFA World Cup (@FIFAWorldCup) June 5, 2025
Su misión era trascender el trauma que había definido a la selección desde su independencia de la Unión Soviética en 1991, una época en la que Uzbekistán era percibido como un gigante dormido de Asia, eternamente condenado a perecer en los márgenes.
Este país de Asia Central —la primera ex-república soviética de la región en afiliarse a la FIFA— había acariciado el sueño mundialista en ciclos anteriores, pero la historia solía interponerse con un fatalismo novelesco.
El clímax de esa agonía se vivió en el camino a Brasil 2014, durante el desgarrador repechaje continental contra Jordania. La vuelta en Tashkent —después de un empate 1-1 en el partido de ida— se convirtió en un maratón épico. Tras el 1-1 en el tiempo reglamentario, la prórroga extendió la incertidumbre y en el minuto 100 la fatalidad pareció tomar forma física cuando un fallo en la iluminación artificial sumió al estadio en una oscuridad que detuvo el juego durante 15 minutos. La tensión, sin embargo, se mantuvo inalterable.
El destino se selló en la ruleta de los penales, donde Jordania se impuso dramáticamente por 9 a 8 —después de que el uzbeko Anzur Ismailov fallara el primer tanto de la tanda— y así se esfumó el sueño mundialista para los aficionados locales, con un epílogo devastador.
En el centro de aquel naufragio estuvo Timur Kapadze —entonces mediocampista y capitán de la selección—, testigo desde el césped de la noche más larga de Uzbekistán. Más de una década después, regresó a la misma saga, pero esta vez como arquitecto del banquillo.
Esta vez, con Kapadze al mando la nueva generación —que incluía estrellas como el capitán Eldor Shomurodov y el joven defensor del Manchester City, Abdukodir Khusanov—, demostró haber aprendido la lección de la disciplina táctica y la sobriedad emocional.
La clasificación al Mundial de 2026 fue la antítesis del caos de 2014. El 5 de junio de 2025, Uzbekistán se jugaba su boleto en la casa de los Emiratos Árabes Unidos. Los Lobos Blancos necesitaban tan solo un punto para lograr la hazaña. Y se aferraron, desesperadamente, a un empate sin goles —0-0— que selló su pase directo a México, Estados Unidos y Canadá en 2026. La celebración en la sala de prensa, con los jugadores envolviendo a su entrenador en banderas, fue el tributo de una nación a su timonel.
Utkir Yusupov stood tall with a clean sheet 🧤
— #AsianQualifiers (@afcasiancup) June 5, 2025
Booked his ticket to the biggest stage with 🇺🇿 Uzbekistan#AsianQualifiers | #UAEvUZB | #POTM | @VisitSaudi pic.twitter.com/lMHBvUQz81
La clasificación representó el cenit de un proyecto de desarrollo estructural y juvenil que ha posicionado a Uzbekistán como el faro deportivo de Asia Central —el equipo Sub-20 de Uzbekistán se coronó campeón de la Copa Asiática Sub-20 de la AFC en 2023 por primera vez en su historia—. Sin embargo, la gratitud en el futbol de élite puede ser efímera.
A pesar de haber comandado la escuadra a su primer Mundial y de haber mantenido un registro invicto de cinco victorias y cuatro empates, el destino le reservó a Kapadze un epílogo tan abrupto como el inicio de su gestión.
En octubre de 2025, la Federación Uzbeka de Futbol tomó la controvertida decisión de separarle del cargo con la justificación —pragmática y fría— de que necesitaban un nombre de mayor resonancia internacional para encarar la fase final del torneo. Así, la directiva nombró al estratega italiano Fabio Cannavaro, Balón de Oro y campeón del mundo en 2006, para liderar el debut mundialista de los lobos.
El hijo pródigo cumplió la misión de redimir el pasado, pero el sueño del Mundial será orquestado por alguien más.
