Después del Mundial: los caminos de Brasil, Francia, Inglaterra y Alemania rumbo a 2030

El Mundial de 2026 cerró un ciclo, pero también obligó a varias potencias a definir el rumbo de sus proyectos. Brasil e Inglaterra apostaron por la continuidad; Francia y Alemania entregaron sus selecciones a dos figuras de enorme peso. Carlo Ancelotti, Thomas Tuchel, Zinedine Zidane y Jürgen Klopp tendrán objetivos distintos, aunque todos apuntan hacia el mismo destino: llegar fortalecidos a la Copa del Mundo de 2030.
Brasil afronta el nuevo ciclo desde la herida más profunda. La derrota por 2-1 ante Noruega en los octavos de final representó su peor actuación mundialista desde 1990 y extendió a 28 años la espera por un nuevo título en 2030. Pese al golpe, la Confederación Brasileña de Futbol mantuvo su confianza en Carlo Ancelotti, cuyo contrato había sido renovado hasta la próxima Copa antes de comenzar el torneo. El italiano aseguró después de la eliminación que la derrota no representaba el final, sino el inicio de una nueva etapa.
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La principal tarea de Ancelotti consiste en convertir el talento individual de Brasil en una estructura reconocible. La selección cuenta con Vinícius Júnior, Rodrygo, Endrick, Gabriel Martinelli y una nueva generación que puede sostener el proyecto, pero el Mundial volvió a exhibir dificultades para controlar partidos cerrados y responder ante escenarios adversos.
El técnico ya anticipó que dará prioridad a los jóvenes durante los primeros compromisos del nuevo ciclo, sin eliminar de golpe la base que participó en el Mundial. Brasil disputará amistosos contra Australia e India antes de centrar su atención en la Copa América de 2028, la primera gran prueba del proceso. La continuidad ofrece una ventaja poco habitual para la Canarinha: Ancelotti tendrá cuatro años completos para construir el equipo, en lugar de recibirlo cerca de una competencia importante.
Francia tomó un camino diferente. El cuarto lugar en el Mundial marcó el final de los 14 años de Didier Deschamps y abrió la puerta al cambio más esperado de su futbol: Zinedine Zidane asumió la dirección de Les Bleus con un contrato hasta 2030.
Zidane no recibe una selección en ruinas. Francia conserva una de las plantillas más profundas del mundo, encabezada por Kylian Mbappé y acompañada por jugadores como Ousmane Dembélé, Michael Olise y Désiré Doué. Su desafío será encontrar una propuesta capaz de aprovechar ese poder ofensivo sin perder el orden que convirtió al equipo en un contendiente constante durante la etapa de Deschamps.
La primera convocatoria del nuevo entrenador confirmó que no se tratará solamente de un cambio de nombre. Zidane mantuvo parte de la columna vertebral, incorporó nuevos jugadores y dejó fuera a figuras experimentadas como N’Golo Kanté y Karim Benzema. Francia comenzará su recorrido en la Nations League con cuatro partidos ante Turquía, Bélgica e Italia, encuentros que servirán para presentar las primeras ideas de su nuevo técnico.
Inglaterra se encuentra en una situación distinta. Su tercer lugar en 2026 fue la mejor actuación mundialista de la selección desde el título de 1966. Incluso después de quedarse nuevamente sin el trofeo, el resultado confirmó que el equipo permanece dentro de la élite internacional.
La Federación inglesa había renovado a Thomas Tuchel hasta la Eurocopa de 2028 antes del Mundial, por lo que no existe la necesidad de comenzar desde cero. El alemán cuenta con una generación encabezada por Jude Bellingham, Bukayo Saka, Cole Palmer y Declan Rice, además de una estructura que acumula varias experiencias en las fases decisivas de los grandes torneos.
El siguiente paso para Inglaterra consiste en transformar esa regularidad en un campeonato. La Eurocopa de 2028, que tendrá al Reino Unido e Irlanda como sedes, coloca una fecha y una presión muy claras sobre el proyecto. Tuchel tendrá que definir la evolución de varias figuras veteranas, aumentar la competencia interna y construir un equipo capaz de controlar los partidos más importantes, no únicamente de sobrevivirlos.
El primer examen llegará de inmediato. Inglaterra abrirá su participación en la Nations League contra España, la nueva campeona del mundo, antes de visitar a República Checa. El encuentro en Wembley permitirá medir cuánto queda del equipo que terminó tercero y qué pretende modificar Tuchel de cara a 2028. Su contrato y el de su cuerpo técnico se extienden hasta el final de ese torneo.
Alemania, en cambio, necesita una reconstrucción mucho más profunda. La eliminación contra Paraguay en la ronda de 32, después de una tanda de penaltis, prolongó su crisis mundialista. Desde que conquistó el título en 2014, el equipo quedó fuera en la fase de grupos de 2018 y 2022 y tampoco logró superar las primeras rondas de eliminación directa en 2026.
Julian Nagelsmann dejó el cargo después del torneo y la Federación Alemana recurrió a Jürgen Klopp, quien firmó hasta el Mundial de 2030. El antiguo entrenador de Borussia Dortmund y Liverpool representa una apuesta por recuperar la intensidad, la identidad colectiva y la conexión emocional entre la selección y su afición.
Su primera convocatoria confirmó que Alemania no realizará una transición conservadora. Klopp llamó a 44 futbolistas, divididos en dos grupos para cuatro partidos de Nations League, con el propósito de observar una base mucho más amplia. El nuevo técnico aseguró que la calidad del equipo solamente podrá aparecer después de recuperar la estabilidad defensiva, una de las principales debilidades del ciclo anterior.
Alemania enfrentará a Países Bajos, Grecia y Serbia durante la primera ventana de Klopp. Más allá de los resultados inmediatos, el objetivo consiste en descubrir qué jugadores pueden acompañar durante los próximos años a Jamal Musiala, Florian Wirtz y las demás piezas centrales del proyecto. La Eurocopa de 2028 será el primer gran examen, pero toda la planificación apunta a devolver al país al protagonismo mundial en 2030.
Las cuatro selecciones parten desde lugares diferentes. Brasil necesita recuperar su identidad sin destruir lo que Ancelotti ya construyó; Francia comienza una nueva era con Zidane y una plantilla preparada para ganar de inmediato; Inglaterra busca convertir la estabilidad en un título; y Alemania apuesta por Klopp para salir de una crisis que ya abarca tres Mundiales.
El camino hacia 2030 ya comenzó. Para estas potencias, los próximos cuatro años no serán únicamente una preparación para otra Copa del Mundo, sino una prueba sobre la fortaleza de sus proyectos, la renovación de sus generaciones y su capacidad para aprender de lo ocurrido en 2026.
