La maestría de ver el futuro: La vida de los scouts de MLB en México

En los graderíos silenciosos del beisbol mexicano, un puñado de cazadores de talento observa con ojo clínico cada lanzamiento y cada swing. Nos adentramos en el oficio minucioso de los scouts en México, aquellos que transforman sueños anónimos en carreras de Grandes Ligas. 
Scouts de Grandes Ligas durante del showcase de prospectos de la Liga Mexicana de Beisbol, en el Estadio Alfredo Harp Helú
Scouts de Grandes Ligas durante del showcase de prospectos de la Liga Mexicana de Beisbol, en el Estadio Alfredo Harp Helú / Foto: Liga Mexicana de Beisbol

Todos parecen ejecutar la misma coreografía con experimentada indiferencia. 

Es una tarde gris y húmeda en el Estadio Alfredo Harp Helú durante el showcase de prospectos de la Liga Mexicana de Beisbol, y los radares de velocidad de los scouts —que han venido a escrutar cada centímetro de talento— suben y bajan con parsimonia ritual en cada lanzamiento, esperando que la pantalla confirme la velocidad que sus ojos expertos ya habían intuido. 

Porque es un arte severo el de los scouts de beisbol, ese de adivinar la violencia exacta con la que la pelota se incrusta en el guante; pero lo es más el de adivinar el porvenir en la tensión del antebrazo o en el quiebre controlado de las muñecas en un swing. 

Es allí donde los cazadores de talento ejercen su oficio más útil: descifrar a las promesas ocultas y leer en los gestos inexpertos el presagio de la grandeza.

¿Qué hay detrás del físico?

La carta de presentación inicial es, inevitablemente, el físico. “Hay que identificar cuerpos atléticos, que se muevan bien”, explica Karla Espinoza, scout de los Rays de Tampa Bay y la primera mujer mexicana en desempeñar este oficio para las Grandes Ligas.

Con ella coincide Mariana Patraca, coach y evaluadora de talento de los Arizona Diamondbacks. “El beisbol ha evolucionado un montón, entonces este scouting que se está haciendo ahora es más tradicional; el venir, sentarte al estadio y desde que sale el jugador ya empiezas a ver la parte física, la parte atlética, incluso el lenguaje corporal”, explica.

Ambas hablan de las clásicas 5 herramientas que históricamente se han medido en el beisbol: bateo de contacto, poder, velocidad, defensa y brazo. Todas conforman la estructura esencial sobre la que se sostiene cualquier evaluación, pero no son suficientes por sí solas. Estas virtudes técnicas constituyen el cuerpo visible de un jugador; sin embargo, el alma de su proyección se revela en esos matices invisibles que solo los ojos entrenados y la experiencia pueden captar. 

Son los intangibles o el “make-up”, como se conoce en el medio del scouteo. Aquí se evalúan aquellos rasgos que delatan el temple de un jugador. “Las ganas de jugar, esas nunca te las va a medir una máquina; el conocimiento, el IQ béisbolero, la disciplina, la paciencia…”, dice Espinoza. 

Son atributos que no caben en las estadísticas, pero son esenciales para vislumbrar el futuro de un jugador. No por nada, los scouts se convierten en profetas del carácter.

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“Saber de dónde viene, cómo es… porque una cosa es lo que puede mostrar en el campo, pero otra cosa es cómo sea fuera. Y eso influye mucho en esta carrera de béisbol que es muy incierta y muy larga, que muchas cosas pueden pasar”, explica Javier Agelvis, scout de los Oakland Athletics en México. “Me gusta mucho, si hablamos de personalidad, que un muchacho tenga carácter, seguridad en sí mismo y que sea mentalmente fuerte, porque este deporte es muy mental”, dice. 

Steve Wilson conoce bien ambos lados del mostrador. Hoy luce imperturbable. Habla sin desviar la vista del campo y me pide que hagamos la entrevista en otro momento. Aunque sus palabras son amables, se advierte en su voz una urgencia contenida, un silencioso recordatorio de que, en este momento, nada puede rivalizar con la coreografía del juego.

Wilson fue jugador profesional de beisbol durante quince años antes de convertirse en cross checker de los Yankees de New York, la figura encargada de supervisar y contrastar las recomendaciones que envían los scouts de área —usualmente asignados por países y regiones— desde todos los rincones del mundo. 

Steve Wilson fue pitcher profesional durante 15 años. Ahora es cross checker de los New York Yankees
Steve Wilson fue pitcher profesional durante 15 años. Ahora es cross checker de los New York Yankees / Getty Images

“Es trabajo de los scouts de área, conocer al jugador; saber qué tipo de trabajador es, si es buen estudiante, qué actitud tiene, si es entrenable, si escucha, si trabaja duro. Si se toma en serio el beisbol… ¿Es fiestero? ¿Sale a beber? ¿Tiene corazón? Valentía, determinación. Todas esas cosas…Todo eso es trabajo de los scouts” dice Wilson, evaluador especialista en pitcheo.

De la experiencia al veredicto

No cualquiera puede ejercer este oficio tan minucioso; hacen falta ojos expertos y manos experimentadas. Y a veces se llega a él con las cicatrices de los propios sueños, muchos, como Wilson y Agelvis, transitaron por el beisbol profesional durante años. 

“Yo jugué beisbol profesional a los 16 años y firmé con esta misma organización. Jugué durante cuatro años y después que me dejaran libre, trabajé en diferentes rubros. Pero un día me encontré con una persona que trabajaba para Atléticos y me dijo:  “Oye, se abrió una plaza, una oportunidad en México, ¿quieres encargarte?” Y yo acepté. Entonces aquí estoy, seis años después con los Atléticos”, dice Javier Agelvis

Javier Agelvis (segundo de izquierda a derecha) fue jugador de los Atléticos de Oakland antes de dedicarse al scouteo
Javier Agelvis (segundo de izquierda a derecha) fue jugador de los Atléticos de Oakland antes de dedicarse al scouteo / Foto: Olmecas de Tabasco

Su experiencia como jugador, además de abrirle la puerta al scouteo, le otorgó un instrumento de análisis invaluable. “Me ha servido bastante, porque así yo veo las similitudes de los jugadores con los que jugué y los que quiero firmar. Me ayuda mucho en lo que quiero ver y proyectar para firmar un jugador para Grandes Ligas”, explica.

Pero no toda la experiencia viene desde el protagonismo en el campo. Karla Espinoza, hoy scout de los Rays de Tampa Bay y pionera en el medio, llegó al scouteo a través del  periodismo. “Yo era periodista deportiva con especialidad en el beisbol desde hace 20 años; cubríamos Series Mundiales en Grandes Ligas, Serie del Caribe, beisbol mexicano… Llegó a la Academia de MLB a México, que se instaló en Culiacán, y ahí empecé a coordinar toda la parte administrativa, reclutamiento. Conocí a los scouts y lo que hacían y aprendí, hasta que los Rays me dieron una oportunidad hace seis años”, recuerda. 

La trayectoria forjada a partir de entrevistas y coberturas forjó en Karla un ojo inquisitivo para valorar matices: un talento esencial en un oficio donde nada se toma al pie de la letra. 

Pero ni siquiera la intuición puede viajar sola. La tecnología —esa aliada, a veces fastidiosa, pero indispensable— ofrece siempre las tan necesarias segundas opiniones. “Estamos en ese proceso de poder trabajar de la mano entre las herramientas tecnológicas —que son un apoyo para nosotros— y nosotros también ser los mejores intérpretes de lo que nos dicen esas herramientas”, explica Espinoza con mesura. 

Karla Espinoza, empezó en el medio como reportera de beisbol. Ahora es scout de los Rays de Tampa Bay en México.
Karla Espinoza, empezó en el medio como reportera de beisbol. Ahora es scout de los Rays de Tampa Bay en México. / Foto: Liga Mexicana de Beisbol

Para ella, la clave está en el equilibrio: ni el romanticismo del ojo puro ni la frialdad de las métricas pueden por sí solas predecir la trayectoria de un prospecto. 

Mariana Patraca respalda su postura. “Yo siento que la tecnología son los ojos que ven lo que nosotros los humanos no podemos ver… desde el spin rate de un pitcheo, hasta, bueno, un montón de métricas. Y yo creo que es muy bueno usarlo con un balance también. No nos podemos cargar ni a un lado ni al otro, entonces para mí es como si fuera un scout más sentado en una mesa dándote su versión y de ahí pues valorar y ponerle en una balanza”, argumenta. 

En la misma línea, Javier Agelvis, scout de los Oakland Athletics, admite que la tecnología ocupa un lugar —aunque no primordial— muy importante en el proceso de evaluación. “Hay varias organizaciones que prácticamente el 100 % de la decisión la toma la máquina. Mi organización ciertamente todavía no llega a ese punto, pero sí es muy importante a la hora de tomar decisiones, porque como todo el mundo va evolucionando, las máquinas ven ciertos aspectos que uno no logra ver”, explica.

La historia de una firma

Después de la observación minuciosa, llega el momento decisivo: ¿qué sigue para esos prospectos que capturan la atención de quiénes hoy vinieron a verlos? Agelvis describe el proceso con la paciencia de quien lo ha repetido cientos de veces. El scout de área redacta un informe detallado y lo sube al sistema de la organización, donde será revisado por sus superiores. Si el nombre despierta interés, se inicia una cadena de visitas y seguimientos que pueden extenderse meses o incluso años.

Es el trabajo de Steve Wilson, el ahora cross checker de los Yankees de New York, que ha estado involucrado en firmas como la del súper prospecto dominicano Jasson Domínguez. Apodado “El Marciano”, Jasson ha sido uno de los jugadores que más entusiasmo ha provocado dentro de la organización. 

“Tenemos scouts en muchos países del mundo y yo voy a ver a los jugadores que ellos recomiendan. El proceso es: los scouts de área identifican a los jugadores y luego nos avisan a los cross checkers Los cross checkers intentamos ver a los jugadores, y luego el director de scouteo también los ve” explica Wilson, que jugó —entre otros equipos— con Los Ángeles Dodgers y los Chicago Cubs.

Mariana Patraca también se desempeña como Gerente de Operaciones para la Selección Mexicana de Beisbol
Mariana Patraca también se desempeña como Gerente de Operaciones para la Selección Mexicana de Beisbol / Cortesía

Toda esa maquinaria meticulosa y multinivel cobra sentido cuando el resultado trasciende el frío reporte digital —o en papel, para los que aún son fanáticos de la historia analógica– a la realización tangible: ver a un jugador debutar en Grandes Ligas. Es, en ese momento, que el trabajo del scout se transforma en algo real: Un nombre en un line-up de MLB. Una foto con un uniforme de Grandes Ligas. Un swing, un lanzamiento, un out que queda en el registro histórico del beisbol.

“Esa si es la verdadera “preocupación” que pudiese o pudiéramos tener… que se refleje a futuro lo que proyectamos y lo que serán los jugadores. Por eso hay que ser muy meticulosos con lo que vemos y observamos. Porque está en juego todo eso”, dice el scout de los Atléticos.

Para Mariana Patraca, de los Arizona Diamondbacks, ese orgullo cobra un matiz casi maternal. Entre los muchos jugadores a los que ha seguido, hay uno que conserva como un recuerdo especialmente emotivo: Yilber Díaz. “Fue muy especial. Él es como mi hijo”, dice con voz conmovida.

Díaz es un lanzador venezolano que debutó con los Arizona Diamondbacks a los 20 años, después de abandonar el beisbol durante años y migrar a Perú para encontrar una forma de ganarse la vida. Durante la pandemia quedó varado en Dominicana, sin firmar todavía. “A él le tocó la pandemia allá y todavía no estaba firmado. Me tocó cuidarlo prácticamente por ocho meses en la academia”, recuerda Patraca.

Antes de firmar con los Diamondbacks de Arizona, Yilber se dedicaba a vendes postres.
Antes de firmar con los Diamondbacks de Arizona, Yilber se dedicaba a vendes postres. / Getty Images

En ese encierro forzado, Díaz eligió entrenar cada día con disciplina extrema. Mariana fue testigo de esa transformación física y mental. “Lo vi con mis ojos, cómo fue creciendo físicamente, mentalmente. Después de ahí, en dos años, llegó a Grandes Ligas”, cuenta hoy en el estadio con los ojos llorosos, todavía conmovida.

Yilber es esa confirmación de que, a veces, las proyecciones más ambiciosas se cumplen. Que en el beisbol, un muchacho anónimo puede irrumpir en la historia y trastocar sus números sagrados. 

Hay cambio de pitcher en el juego y los radares suben y bajan de nuevo. La coreografía se repite. Miden, anotan, observan. Sacan el cronómetro y cuentan. ¿Cuánto se tarda el pitcher entre lanzamientos? ¿cuánto se tarda el catcher el llegar a segunda? ¿cuánto se tarda el bateador en llegar a primera? La bola truena en la mascota y los radares, casi involuntariamente, se alzan de nuevo, aunque en el fondo ya sepan a qué velocidad viaja la bola, con solo escuchar la forma en la que vibra el aire y se tensa el guante.


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Alejandra González Centeno
ALEJANDRA GONZÁLEZ CENTENO

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.