América, 110 años de historia y pasión que se transmiten por generaciones

El América cumplió 110 años de historia, y a lo largo de toda esta época han pasado figuras y leyendas, pero también generaciones de aficionados fieles. Algunos empezaron a irle por gusto a los colores, otros por herencia familiar, varios más por su forma de jugar y otros, entre bromas o solo por llevarle la contra a los demás, pero todos con la misma pasión.
El Estadio Azteca se vistió de manteles largos para su duelo ante Monterrey por la fecha 11 del Apertura 2026. La cita no era menor: el club aprovechó el encuentro para festejar en grande recordando su fundación el 12 de octubre de 1916.
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Para ello llevó a cabo activaciones para toda la familia. Desde partir un pastel para toda la afición, hasta tener la oportunidad de tomarse una foto con el primer título de liga de la campaña 1965-66, y con el más reciente del Apertura 2024. Fue ahí donde cientos de aficionados se congregaron para tener un foto con una parte de las glorias americanistas, compartiendo a su vez un poco de cómo empezó su propia historia con el equipo de sus amores.
Un amor que nació por herencia y, a veces, por llevar la contraria
Para muchos, la pasión azulcrema surge en casa desde la cuna, pero para otros comenzó como un acto de rebeldía familiar. Es el caso de Mauricio y Gustavo Cedillo, padre e hijo, cuya historia con el club está marcada por el contraste. Mauricio recuerda que, en su hogar, todos apoyaban a otro equipo, por lo que cuando era niño, desobedeció a los colores de su casa y decidió convertirse en el único americanista de la casa.
Sin embargo, tenía claro que no iba a ser el último. Años más tarde, cuando nació su hijo Gustavo, buscó compartir con él un poco de lo que alegraba sus fines de semana: "Yo tengo 63 años, a los 11 o 12 le empecé a ir. Yo era el único americanista de mi casa. De ahí siguió mi hijo, le fui insistiendo hasta que se enamorara de esto", relata Mauricio.
Por su parte, Gustavo jamás fue una obligación, sino que más bien fue algo que aprendió por el gusto: "Fue la mejor herencia que he tenido, porque mi papá no me obligó como muchos otros. Él veía los partidos, yo veía cómo los disfrutaba y con esa pasión fue con la que me enamoré de estos colores", comentó.
El mejor regalo, festejar entre trofeos
Otro de los casos fue el de Miguel González y su hijo Santiago. Para ellos, la visita al Coloso de Santa Úrsula tuvo un doble festejo. No solo acudieron para celebrar la historia americanista sino también para conmemorar el cumpleaños del pequeño Santiago.
Y que mejor forma que hacerlo de cerca con los títulos que alguna vez gritaron con emoción. "Es una experiencia inolvidable, mañana es su cumpleaños y lo trajimos a festejar. Será algo inolvidable", compartieron emocionado sobre tener los trofeos a un costado.
En ocasiones, por amor se cambian hasta los colores
El fútbol y el amor van de la mano, al menos así lo demostraron Ernesto e Ingrid, quienes llevan 12 años de casados. Pero, cuando se conocieron, eran rivales acérrimos, pues ella era aficionada de las Chivas.
Sin embargo, un Clásico nacional y una apuesta cambiaron su rivalidad y la transformaron en una nueva identidad que compartir: “A él no le encantaba que yo me pusiera la playera de Chivas”, recuerda Ingrid entre risas. “Un día jugaron, me dice ‘Ahora sí, una apuesta’. Perdí y me tocó ponerme la del América”, recordaron viéndose mutuamente.
Lejos de quedar en solo eso, una apuesta, el amor por Ernesto y la atmósfera del club terminaron por convertirla por completo en una aficionada más del “Ame”. Hoy en día, asegura portar la camiseta azulcrema con orgullo, al grado de que también heredó esa afición a sus tres hijas: "La verdad es que lo hago con mucho gusto y me gustó. Me gustó ser americanista".

Redactor en Sports Illustrated México. Una persona que ama los deportes y que, por esta razón, ha buscado transmitir esa pasión a través del periodismo y la comunicación, escribiendo sobre aquellas hazañas que merecen ser contadas.