Memo Ochoa: el penal que lo hizo portero y los 13 minutos que cerraron su carrera

Guillermo Ochoa quería ser delantero, pero a los 10 años, cuando jugaba en la escuela del América, las lesiones de sus compañeros dejaron al equipo sin portero. Durante un partido, el entrenador preguntó quién quería colocarse bajo los tres postes para enfrentar un penal y Ochoa levantó la mano, detuvo el disparo y comenzó un camino que terminó 31 años después, en una Copa del Mundo disputada en México.
"La verdad que quería ser delantero", recordó en la ceremonia en la que recibió la Medalla Anáhuac de Deporte 2026.
Cuando el portero lesionado regresó, mes y medio después, Ochoa quiso volver al ataque, pero su entrenador se negó: vio en él cualidades de guardameta que el propio niño todavía estaba descubriendo.
Aquel penal abrió una carrera de 22 años, en los que disputó 154 partidos con México y seis mundiales, una cifra que en el futbol varonil solo comparten otros dos pesos pesados: Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.
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Su interés por la portería empezó antes, cuando vivía en Guadalajara e iba al Estadio Jalisco. Desde una tribuna detrás del arco observaba al uruguayo Robert Dante Siboldi, entonces portero del Atlas, y después regresaba a su casa a imitarlo.
Fue en las Águilas donde ese interés se volvió una posibilidad profesional. Con el respaldo de distintos estrategas, se convenció de que su futuro estaba bajo los tres postes.
"Yo creo que eso fue mucho más importante, que yo me la creyera, el saber que era bueno y el nunca dudar de mí", reveló.
¿Cómo lidiaba con los errores?
Ochoa debutó como profesional el 15 de febrero de 2004, frente al Monterrey, en la Jornada 5 del Clausura 2004. Al año siguiente conquistó su primer título de Liga MX con el América y en 2007 se convirtió en el primer mexicano incluido entre los candidatos al Balón de Oro de France Football.
La confianza que desarrolló desde niño, sin embargo, no lo libró de errores, críticas e inseguridades. En la premiación explicó que una de las mayores dificultades de su posición era recuperarse después de fallar, sin ayuda inmediata.
"La portería, como la vida, a veces puede ser muy solitaria", reconoció.
En sus primeros años como profesional no era común recurrir a especialistas en preparación mental, algo que hoy considera valioso para los futbolistas jóvenes.
"Yo como portero, pues muchas veces el psicólogo era yo ahí en la cancha", afirmó.
Un error en el primer minuto podía acompañarlo todo el partido y uno en el último podía decidir el resultado. Ochoa admitió que vivió tensión, nervios y momentos en los que sentía que colapsaba, aunque procuraba que ni sus compañeros ni los delanteros rivales lo notaran.
"Siempre trataba de mantener esa calma, aunque fuera exterior. Puedes estar muy preparado, puede ser el mejor, pero el error va a llegar. Hay que estar listo también para el error", reconoció.
Su carrera mundialista también exigió paciencia. Fue suplente en Alemania 2006 y Sudáfrica 2010 y debutó en Brasil 2014, torneo en el que sus atajadas ante Neymar y Thiago Silva fueron clave para firmar un 0-0 contra el anfitrión. En Rusia 2018 fue determinante en la victoria 1-0 sobre Alemania y en Qatar 2022 le detuvo un penal a Robert Lewandowski para manter el empate sin goles ante Polonia en el debut de México.
¿Qué buscó en Europa?
En 2011, después de siete años como profesional, dejó al América para fichar por el Ajaccio francés. Fue el inicio de una trayectoria europea por siete clubes de seis países, entre ellos el Málaga y el Granada españoles, el Standard de Lieja belga y la Salernitana italiana.
Casi siempre jugó en equipos que peleaban por no descender. En la temporada 2016-17 hizo 162 atajadas con el Granada, más que cualquier otro portero de las cinco grandes ligas de Europa, aunque recibió 82 tantos y su equipo bajó de categoría.
Al año siguiente ganó la Copa de Bélgica con el Standard de Lieja, el único título oficial de su etapa europea.
En la ceremonia recordó que, cuando salió de México, pocos futbolistas nacionales competían en el extranjero y que se encontró con prejuicios sobre su capacidad.
"En el deporte, en el futbol, me tocó luchar contra eso", señaló.
Para Ochoa, rendir fuera del país fue también una responsabilidad con quienes llegaran después: quería que sus clubes estuvieran dispuestos a contratar a otros mexicanos por la experiencia que tuvieron con él.
"Me tocó, a veces sin pedirlo, el representar a México con esa responsabilidad de ir por el mundo siendo un embajador de México".
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¿Cómo fue su despedida?
Su última aparición llegó el 24 de junio de 2026, cuando Javier Aguirre lo mandó a la cancha por Raúl Rangel en el partido ante Chequia, de la tercera jornada de la fase de grupos del Mundial.
Ochoa entró al minuto 77, recibió de Edson Álvarez el gafete de capitán y escuchó la ovación del Estadio Azteca, el mismo donde debutó con el América más de dos décadas antes.
"Lo viví como si fuera mi primer partido. Una emoción indescriptible, inigualable", recordó.
México ganó 3-0 y Ochoa celebró en la cancha el último gol, de Álvaro Fidalgo en el tiempo agregado. Dijo que ni el mejor guionista de Hollywood habría imaginado un cierre así, aunque aclaró que su participación no fue solo un gesto de despedida.
"No fue casualidad. Yo estaba listo para ser titular y para jugar. Estaba listo para lo que me requería la selección", afirmó.
Se preparó para jugar los 90 minutos, aunque al final le tocaron los últimos 13. Con ese partido sumó 12 encuentros en cuatro Mundiales, de las seis convocatorias que tuvo entre 2006 y 2026.
Aquel niño que quería ser delantero se despidió del futbol bajo los tres postes, con el gafete de capitán en el brazo.

Reportero en Sports Illustrated México. Apasionado por contar historias del mundo deportivo.
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