REVISTA | Jorge Campos, siempre sin filtros

Ídolo espontáneo, figura global y eterno símbolo del futbol mexicano, Jorge Campos habla como jugaba: sin filtros. El exarquero recuerda sus inicios, sus sueños no cumplidos y su deseo de ver a México triunfar en la Copa del Mundo.
Jorge Campos, ídolo del futbol mexicano y mundial.
Jorge Campos, ídolo del futbol mexicano y mundial. / Ángel Guevara | Sports Illustrated México

Jorge Campos entra a un salón de un hotel al sur de la Ciudad de México como si no hubiera pasado el tiempo. Lo hace con la misma naturalidad con la que atajaba, salía del área —cuando eso aún se consideraba un atrevimiento hace tres décadas— o incluso marcar goles en sus años dorados. Sin pretensiones, sin poses, con la ligereza de quien dio todo en la cancha... aunque confiesa que hay un sueño que nunca se cumplió.

“Sí, ser campeón del mundo para México. Todos sueñan con eso y es muy difícil, es un equipo y se tienen que combinar muchos factores. Espero que México sea campeón del mundo algún día y creo que eso se puede lograr con el tiempo. No me puedo quejar, así es la vida, no todo se te va a cumplir. Es difícil tenerlo todo. Se te presentan oportunidades, se me cumplieron muchos sueños y con eso estoy muy contento”, afirmó Campos.

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Campos, a sus casi 58 años, habla como jugaba: sin filtros. Dice que nunca imaginó llegar tan lejos, pero que desde niño tenía el deseo profundo de jugar futbol profesional. Lo demás —los Mundiales, las portadas, los comerciales, incluso el personaje animado en los Supercampeones que se inspiró en su figura o el fenómeno global en el que se convirtió— llegó después, casi como una consecuencia inevitable de haberse atrevido a ser él mismo.

“Cuando eres niño sigues soñando, pero no sabes si lo vas a lograr. La vida te pone momentos y oportunidades. En mi caso, fui tomándolas con alegría, con ganas, y siempre tratando de disfrutar el momento. Así me enseñó mi papá: hay que disfrutar”.

En chanclas como acostumbra, con una camiseta roja a rayas de Nike —la misma marca que ayudó a reinventar con sus colores fosforescentes— y unos lentes oscuros, que no logran esconder su eterna sonrisa. Jorge Campos comparte una anécdota poco conocida. La famosa palomita, identidad de la marca que se ve en todos los colores, antes era solo blanca o negra. Campos fue el primero en pintarla de verde, rosa, naranja, lo que fuera.

“Siempre me gustaron los colores. Pintaba los zapatos y la palomita, pero en esa época no les gustaba. Hoy, si no es blanca o negra, está mal… pero en ese entonces me llamaban la atención por eso. No me dejaban jugar así y me la despintaban. Yo usaba todos los colores. En Pumas me daban mucha libertad en ese aspecto: ser yo. Y eso me encantaba, porque en la cancha podía ser yo mismo”.

Ser ídolo sin buscarlo

Él no tiene redes sociales personales. Nunca las ha tenido. No le gustan. Dice que prefiere que todo sea natural. Aunque, recientemente abrió las cuentas del torneo que lleva su nombre y que se celebrará del 12 al 15 de septiembre en Guadalajara, Jalisco. “Nunca he buscado ser famoso. Me gusta que todo fluya. Gracias al futbol me conoce el mundo, sí, pero yo solo quería jugar”.

Recuerda con asombro cuando fue a jugar a Japón y lo recibieron como una superestrella. “Me llevaban fotos de los Supercampeones, me decían que era como un personaje de caricatura. Y yo ni me daba cuenta del impacto. Hasta que lo ves, hasta que te pasa, entiendes que lo que hiciste fue especial”.

Iker Casillas, el legendario portero español, ha reconocido públicamente la admiración que siempre sintió por Jorge Campos. En más de una ocasión ha contado que, de niño, lo veía jugar con asombro y que incluso llegó a usar mangas cortas como homenaje al exarquero mexicano y sus coloridos uniformes han sido exhibidos en los museos más prestigiosos del mundo: el Museo de las Artes Decorativas de París y el Museo Olímpico de Suiza.

Al recordarlo, Campos deja ver algo más íntimo: “Es especial, porque yo nunca me consideré una estrella. Gracias al futbol me conoce el mundo. Sentía que se fijaban mucho en México, y para mí fue un gran honor y orgullo defender la camiseta de mi país. Eso me llenaba”.

Pocas veces Jorge Campos habla desde lo íntimo. Su sentido del humor suele robarse la atención. Pero hay momentos en los que baja la voz, hace una pausa y deja ver algo más personal. “No me gusta hablar de tristeza”, dice con honestidad. Recuerda que su mamá siempre le decía que de niño lloraba todo el tiempo. Lo cuenta como si ese niño siguiera ahí, debajo del jersey colorido. “Llorar no es para que el mundo te vea… Yo he llorado de alegría y de tristeza”, confiesa mientras su voz se tambalea, pero mantiene la entereza. Sus lentes oscuros impiden ver la profundidad de sus ojos, aunque algo en su tono dice más de lo que muestra.

Han pasado ya 23 años desde que asistió a su último Mundial. Fue en Corea-Japón 2002, curiosamente bajo el mando de Javier Aguirre, quien dirigía su primer proceso mundialista con la Selección Mexicana. Campos contemplaba el retiro y la Copa del Mundo sin saberlo era parte de una despedida silenciosa. “No vas a jugar”, le dijo Aguirre sin rodeos y entendió el valor de estar en el Tricolor, incluso cuando no se es protagonista. “Yo ni iba a ir”, admite, “pero es importante colaborar”.

Aunque no fue titular eligió ir y acompañar desde donde le tocara. “Ya estaba por retirarme, no tenía ni que estar ahí, pero son cosas que pasan”, reflexiona con serenidad. Porque en su visión del futbol —y de la vida— no todo se trata de estar bajo los reflectores. “Siempre me ha gustado apoyar, colaborar con los jugadores, estar cerca del grupo”, dice. Y en esa frase deja ver que fue un compañero capaz de entender que a veces el liderazgo no se ejerce con atajadas, sino con presencia.

Mundial siempre en casa

Jorge Campos fue convocado a tres Mundiales: Estados Unidos 1994, Francia 1998 y Corea-Japón 2002. En todos, México llegó hasta los octavos de final. Hoy, a más de dos décadas de su última participación, habla del Mundial de 2026 con la misma ilusión de quien aún se siente parte del equipo. México será local, incluso en territorio ajeno.

“Sabemos que estamos en casa y tenemos que aprovechar ser locales”, dice convencido el que alguna vez se ilusionó con ser técnico de la Selección Mexicana. “Tanto en México como en Estados Unidos vamos a ser locales. Donde juguemos estará todo México. El 90 por ciento serán mexicanos… y en el 94 me tocó así.” Lo dice con el orgullo que solo pueden tener quienes ya vivieron lo que viene. Para él, esta oportunidad no es una más, es un momento que podría marcar historia.

“Esta oportunidad es única”, afirma con certeza. “Lo importante es pasar a la otra ronda… hay que avanzar. Tenemos más conciencia de eso. Vamos a Estados Unidos, pero es nuestra casa también.” Y entonces suelta una frase que, aunque parezca sueño, la dice como si fuera predicción: “Siento que México puede llegar a las finales”.


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Yarek Gayosso
YAREK GAYOSSO

Periodista en Sports Illustrated México, con 13 años de experiencia cubriendo eventos de gran magnitud como los Juegos Olímpicos de París 2024.