Los Diablos frente al reto del tricampeonato

En 2026 los Diablos buscarán un tricampeonato que solo los Sultanes de Monterrey lograron en 1947-49, ahora con Robinson Canó confirmado para seguir un año más en el equipo.
Los Diablos Rojos celebran el bicampeonato tras barrer a los Charros de Jalisco en la Serie del Rey 2025
Los Diablos Rojos celebran el bicampeonato tras barrer a los Charros de Jalisco en la Serie del Rey 2025 / Diablos Rojos del México

El beisbol, como la historia, se escribe en ciclos. Y los Diablos Rojos del México, dueños de un linaje que se extiende por más de ocho décadas, se encuentran en el umbral de un reto que podría llevarlos a una dimensión inédita en la organización: el tricampeonato

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Tras conquistar de manera consecutiva los títulos de 2024 y 2025 en la Liga Mexicana de Beisbol, el club capitalino se ha situado frente al desafío de sostener la hegemonía en 2026. 

“Ganamos el bicampeonato el día de hoy y ahora vamos por el tricampeonato. El jugador más importante fue la afición, que aquí en Guadalajara había seguidores de toda la República Mexicana. Los gritos que dieron hoy, fue la motivación adicional que tuvieron hoy los jugadores”, le dijo Alfredo Harp Helú, dueño de Diablos Rojos del México, a la afición que se hizo presente en el Estadio Panamericano de los Charros, en Jalisco.

No es un reto menor. En el vasto archivo de la LMB en sus 100 años de historia, solo los Sultanes de Monterrey han podido consumar la gesta: lo hicieron en 1947, 1948 y 1949. Durante más de siete décadas nadie ha podido repetir la hazaña. Ahora los Diablos, acaso el único club con la suficiente profundidad en su roster para emular aquel logo, acarician la posibilidad.

"Si hay un equipo capaz de lograr el tricampeonato, es este", dijo José Marmolejos tras ser nombrado Jugador Más Valioso de la Serie del Rey.

El bicampeonato de los Diablos se explica en gran medida por la solidez de su plantilla. Un cuerpo técnico liderado por el experimentado Lorenzo Bundy, una rotación confiable —encabezada por Trevor Bauer en 2024— y un orden al bat que combinó experiencia y juventud le dieron al equipo un dominio indiscutible. Figuras como José Marmolejos —MVP de la Serie del Rey en 2025— Carlos Sepúlveda, Julián Ornelas y Juan Carlos Gamboa sostuvieron la ofensiva, mientras el pitcheo abridor y el bullpen respondieron en los momentos de mayor presión, como cuando estuvieron a punto de ser eliminados por los Guerreros de Oaxaca en 2024 durante la Serie de Campeonato de la Zona Sur. 

La continuidad de esta dinastía se sostiene en certezas más que en dudas. Robinson Canó, lejos de despedirse —como anunció previamente— ha ratificado que seguirá un año más con los Diablos para lograr el Tricampeonato. Su jerarquía, el contacto de su madero y el liderazgo que emana en el vestidor continuarán siendo pilares del proyecto escarlata.

De cara a 2026, la directiva tendrá que encontrar un equilibrio: mantener la base de peloteros campeones y sumar refuerzos capaces de llenar los vacíos, especialmente en el pitcheo abridor. Los Diablos cuentan con recursos y con una tradición que les permite atraer talento, pero el tricampeonato exige más que nombres. 

Para comprender lo que está en juego, conviene mirar hacia Monterrey. En los años inmediatos a la posguerra, mientras el país se transformaba con la industrialización, los Industriales —rebautizados después como Sultanes— erigieron la primera gran dinastía del beisbol veraniego. Con el mánager cubano Lázaro Salazar como estratega y una constelación de figuras como Felipe Montemayor “El Clipper” y el receptor Luis St. Claire.

En 1947, el equipo regiomontano se impuso en un torneo de rol corrido, aventajando por seis juegos a los Diablos. En 1948 repitieron la hazaña, esta vez con los Pericos de Puebla como perseguidor inmediato. Y en 1949, cuando la liga decidió instaurar una final formal, barrieron al Unión Laguna con un contundente 4-0. 

El tricampeonato regio permanece como un hito irrepetido. Ni siquiera los propios Diablos con sus dieciocho coronas acumuladas han podido hilar tres trofeos consecutivos. Esa es la magnitud del desafío.

Así, los Pingos se aproximan a 2026 con una doble tensión: preservar la estructura de un equipo ganador y a la vez reinventarse ante la inminente partida de un referente como Robinson Canó. El bicampeonato ha revalidado su condición de dinastía contemporánea; el tricampeonato, en caso de consumarse, los colocaría en el reducido panteón de lo eterno.

El tricampeonato de Monterrey lleva más de setenta años como una cima solitaria. En 2026, los Diablos tienen la oportunidad de escalarla. Y la pregunta es clara: ¿podrán mantener la fórmula ganadora, reinventarse sin Canó y encontrar en la unión de su vestidor la chispa que los lleve a la gloria?


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Alejandra González Centeno
ALEJANDRA GONZÁLEZ CENTENO

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.