500 millas de Indianápolis: La carrera que inventó el retrovisor y donde el campeón bebe leche

La Indy 500 no es solo una carrera. Es una institución con más de un siglo de historia, tradiciones que nadie se atreve a romper y datos que van mucho más allá del deporte. Estas son cuatro de las historias más curiosas que esconde el óvalo más famoso del mundo.
Todo comenzó en 1909, cuando el Indianapolis Motor Speedway se construyó con 3.2 millones de ladrillos, cada uno con un peso de 4.3 kilos. Con los años, la pista se cubrió por completo de asfalto para mejorar la velocidad y la seguridad. Pero los organizadores tomaron una decisión que dice mucho sobre el respeto que esta carrera tiene por su historia: dejaron una franja de 91 centímetros de ladrillo original justo en la línea de meta. Esa franja se llama el Yard of Bricks y el ganador la besa después de cada carrera como tributo al lugar donde todo empezó. La tradición del beso la inició en 1996 el piloto de NASCAR Dale Jarrett, quien tras su victoria en el Brickyard 400 se arrodilló y besó los ladrillos junto a su jefe de equipo. Desde entonces, ningún ganador de la Indy 500 ha dejado de hacerlo.
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¿Por qué el ganador bebe leche?
La otra tradición más famosa de la carrera tiene un origen igual de inesperado. En 1936, Louis Meyer ganó las 500 millas de Indianápolis por tercera vez y pidió un vaso de suero de leche en Victory Lane porque su madre le enseñó que era la mejor bebida para recuperarse después de un gran esfuerzo. Un directivo de la industria láctea vio la foto y desde entonces patrocinó la costumbre, que se convirtió en regla no escrita: el ganador bebe leche, no champán. La tradición solo se rompió una vez, en 1993, cuando Emerson Fittipaldi celebró su segunda victoria con jugo de naranja porque tenía una plantación en Brasil y quería hacer publicidad. El público lo abucheó en el mismo Victory Lane y desde ese día nadie volvió a intentarlo. Cada año, antes de la carrera, los 33 pilotos deben elegir qué tipo de leche quieren beber si ganan: entera, semidescremada o descremada.
El Indianapolis Motor Speedway también guarda un récord que va mucho más allá del automovilismo. Es el recinto deportivo con mayor capacidad del mundo, con espacio para 350,000 espectadores en sus gradas. Para dimensionarlo: el Estadio Banorte de Monterrey, el más moderno de México, tiene capacidad para 53,000 personas. Caben casi siete Banortes dentro del óvalo de Indianápolis.
Pero el dato más sorprendente de todos viene de la primera edición de la carrera, en 1911. En aquella época, todos los autos de carreras llevaban dos personas a bordo: el piloto y un mecánico que miraba hacia atrás para avisarle de lo que pasaba alrededor. Ray Harroun y su equipo diseñaron el Marmon Wasp con una carrocería tan estrecha y aerodinámica que no había espacio para un segundo ocupante. La solución fue instalar un pequeño espejo de 7.6 por 20.3 centímetros justo frente al piloto. Era el primer espejo retrovisor de la historia del automovilismo. Los demás pilotos protestaron antes de la carrera porque consideraban que era peligroso y una ventaja injusta no llevar mecánico. Harroun no les hizo caso, salió desde la posición 28 de 40 y cruzó la meta en primer lugar. Ganó la carrera e inventó sin querer uno de los elementos de seguridad más importantes de la historia del automóvil. El Marmon Wasp todavía se exhibe en el museo del circuito de Indianápolis, donde es la pieza más valiosa de la colección.
La Indy 500 2026 se corre el 25 de mayo. Pato O'Ward tiene una deuda pendiente con esos ladrillos.
