ARCHIVO SI | Tonya Harding y Nancy Kerrigan: Anatomía de un complot

Cada sábado, Sports Illustrated México reedita íntegramente una gran historia del archivo de la revista. La selección de hoy es ANATOMY OF A PLOT, de E.M. SWIFT, publicada originalmente el 14 de febrero de 1994.
Todo comenzó con un cuarto lugar en China, Japón, un resultado que, salvo en la mente de Tonya Harding, no pudo haber sido menos extraordinario. Compitiendo en algo llamado el NHK Trophy, Harding cayó en su salto combinado durante el programa técnico, un error desastroso que derivó en que fuera superada por tres de las mejores patinadoras del mundo: Surya Bonaly, de Francia; Yuka Sato, de Japón; y Lu Chen, de China.
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Harding pensó que había patinado bien, ciertamente lo suficiente como para terminar por encima del cuarto puesto. Cuando regresó a casa, en Portland, a mediados de diciembre, su exmarido —con quien volvía a vivir— Jeff Gillooly, le ofreció un oído comprensivo. Como Tonya no era la consentida ni la chica de portada de la U.S. Figure Skating Association, como no era Nancy Kerrigan, nunca recibiría un trato justo de los jueces ni de la prensa. Él lo sabía, y ella también. Y los cuartos lugares de la aguerrida Harding no iban a darles el boleto a la fama y la fortuna que ambos deseaban con desesperación.
Gillooly le explicó todo esto a su amigo de toda la vida, Shawn Eckardt, alrededor del 16 de diciembre. Gillooly no recuerda dónde estaban en ese momento, pero sin duda hacían una pareja peculiar. Gillooly, delgado, bien arreglado, de labios apretados, pesaba 143 libras. Eckardt, rollizo, desaliñado, bocón, pesaba 311. Habían estado en los mismos grupos de primero, séptimo y octavo grado, y también en el mismo primer año en David Douglas High. Ambos tenían ahora 26 años y, en esencia, estaban desempleados. Eckardt había abandonado la preparatoria y estaba inscrito en un curso de asistente legal en Pioneer Pacific College —cuando no dirigía la pomposamente llamada World Bodyguard Services desde el segundo piso de la casa de sus padres en Portland—. Eckardt no tenía clientes y pocas perspectivas, pero su imaginación era de clase mundial. Su currículum habría dejado en ridículo al de James Bond. Lástima que poco de él parezca haber sido cierto.
¿Gillooly? Estaba sin trabajo desde que renunció a su empleo en un almacén de la Oregon Liquor Control Commission en marzo de 1992. Harding era su sustento, y pasaba el tiempo actuando como su administrador de dinero y, a veces, como asistente. Según se informó, había sido un esposo abusivo, aunque hay poca evidencia contundente al respecto —ni huesos rotos ni ojos morados— y la propia Harding ha sido inconsistente en el tema. Aunque en el pasado obtuvo órdenes de restricción en su contra, en sus entrevistas más recientes con el FBI dijo que no había sido abusada por Gillooly. Se casaron en 1990, se divorciaron en agosto pasado, pero desde octubre habían vuelto a vivir juntos en una casa rentada en Beavercreek. “Pensé que les rentaba a un par de chicos enamorados”, dijo recientemente su arrendador, Melvin Babb. “Uno que quizá patinaría en los Juegos Olímpicos”.
En la versión que Gillooly dio al FBI —un relato que en gran medida coincide con las declaraciones a las autoridades de Eckardt y de otros dos conspiradores confesos en el caso, Derrick Smith y Shane Stant, pero que es disputado por Harding— señaló que la idea original de incapacitar a Kerrigan fue de Eckardt. Eckardt dijo a los investigadores que fue Gillooly quien planteó primero la noción. Sea cual sea la verdad, Eckardt se sintió intrigado de inmediato. Un ataque así, calculó, provocaría pánico en el mundo del patinaje artístico. Multitudes de patinadoras adineradas, fantaseaba, azuzadas por su viejo amigo Gillooly, acudirían en masa a su World Bodyguard Services en busca de protección. “¿Cómo se va a sentir manejar ese Corvette ZR1 nuevecito?”, dice Eckardt que Gillooly le preguntó.
Según la declaración de Gillooly ante el FBI, cuando le contó a Harding sobre su conversación con Eckardt, a ella le gustó la idea de lesionar a Kerrigan. Pero dudaba de que Eckardt, un fanfarrón notorio, fuera el hombre adecuado para organizarlo. ¿Cómo iba a conocer a alguien capaz de hacer algo así? Gillooly dice que le respondió que era parte del negocio de Eckardt conocer a ese tipo de personas y que éste volvería a contactarlo. Si no les gustaba lo que propusiera, podrían cancelar el proyecto en ese momento.
Alrededor del 22 de diciembre, Smith llamó a Eckardt desde Phoenix. Smith tenía 29 años, medía 1.85 metros y pesaba 258 libras; estaba desempleado recientemente. Él y su esposa, Suzanne, se habían mudado de Portland a Arizona en octubre con otras dos parejas. Una de ellas era Stant y su novia, Leslie Thomas.
Smith odiaba el clima de Oregon. Alimentaba el sueño de dejar su empleo en Portland con Developmental Systems, Inc., donde supervisaba el trabajo de adultos con discapacidad intelectual, y fundar una escuela paramilitar de supervivencia en el desierto de Arizona. Smith había conocido a Eckardt unos 10 años antes, cuando ambos tomaban un curso en Mount Hood Community College; ahora lo llamaba porque pensaba que podría interesarle mudarse para ayudar a poner en marcha la escuela. Luego, a manera de conversación casual, preguntó si había algo más en marcha.
Eckardt dice que le comentó a Smith que tenía un cliente que necesitaba que alguien fuera “neutralizado”. El acto podría implicar una confrontación física y, con suerte, algún trabajo de guardaespaldas después. Pero definitivamente no implicaría un asesinato. ¿Conocía a alguien? Smith, que no tenía antecedentes penales, dijo que tenía a alguien en mente y que pronto volvería a contactarlo.
Stant, de 22 años, era fisicoculturista, un musculoso de 225 libras. Experto en artes marciales y entusiasta de la comida saludable, también estaba interesado en ayudar a Smith a montar su escuela de supervivencia. Parte hawaiano, parte indígena estadounidense, Stant era de esos tipos que rara vez terminan lo que empiezan. Como Eckardt, había abandonado la preparatoria. Se alistó en la Oregon National Guard en 1989, pero fue dado de baja cuando no se presentó en tres ocasiones a un examen físico secundario. Trabajó como ayudante de mesero durante ocho días en Coeur d’Alene, Idaho, pero lo despidieron por no presentarse a trabajar. En otra ocasión fue arrestado y pasó 15 días en la cárcel por robo de autos. En 1992 probó suerte con los Oregon Thunderbolts, un equipo semiprofesional de futbol americano, pero se fue sin explicación después de un mes. También había participado en su buena cuota de peleas de bar.
Desde que se mudó a Phoenix, Stant no había podido encontrar trabajo. Se ejercitaba con regularidad en un gimnasio y luego merodeaba por las calles de su vecindario, recogiendo perros callejeros que llevaba a casa para alimentarlos. Cuando Smith le habló del trabajo que ofrecía Eckardt, Stant pidió más detalles. Poco después, Eckardt llamó directamente a Stant. El encargo, dijo, era “hacer que ocurriera un accidente” a una patinadora. Según Stant, Eckardt sugirió cortarle el tendón de Aquiles. Stant respondió que no le cortaría a nadie, y Eckardt modificó la descripción del trabajo. La patinadora, dijo, tendría que resultar lo suficientemente lesionada como para no poder acudir al próximo campeonato nacional en Detroit. El pago sería de 2,500 dólares. Eckardt endulzó la oferta mencionando un contrato de guardaespaldas por 36,000 dólares a la semana para un equipo de cinco hombres que brindaría seguridad a Harding antes de los Juegos Olímpicos de Lillehammer. Era pura patraña, por supuesto. Pero Stant aceptó y visitó una tienda llamada Spy Headquarters, donde compró una macana táctica ASP retráctil negra de 21 pulgadas, pagando 58.56 dólares, impuestos incluidos.
Poco después, Eckardt visitó a Gillooly y a Harding en su casa. Gillooly dice que Eckardt calculó el costo de un ataque contra Kerrigan en 4,500 dólares, incluyendo boletos de avión, pasajes de autobús y la compra de un auto usado para conducir en Boston, además de comida y hospedaje. Gillooly dijo que era demasiado caro. Eckardt preguntó cuánto podían pagar Gillooly y Harding. La respuesta de Gillooly: 2,000 dólares. Era muy poco, respondió Eckardt.
Unos días después, Eckardt y Gillooly volvieron a reunirse; Eckardt dijo que ya tenía a los hombres listos para el trabajo contra Kerrigan y que estaban preparados para actuar. Pero no lograban ponerse de acuerdo en el precio y, según Gillooly, él le pidió a Eckardt que cancelara todo. Eckardt dijo que ya era demasiado tarde, que su reputación estaba en juego. En Navidad, Smith llamó para avisar que iba rumbo a Portland y que llegaría en unas 18 horas: Eckardt y Gillooly podrían resolver entonces sus diferencias.
Smith y Stant llegarían a primera hora de la tarde del lunes 27 de diciembre, y Eckardt le dijo a Gillooly que sería buena idea tener información personal sobre Kerrigan: una fotografía, su dirección, la ubicación de la pista donde entrenaba. Según la declaración de Gillooly al FBI, transmitió esa solicitud a Harding, sugiriéndole que llamara a una periodista conocida de ambos, Vera Marano, quien vivía en West Chester, Pennsylvania. Harding, dice Gillooly, aceptó hacerlo, explicando que le diría a Marano que ella y Gillooly tenían una apuesta sobre dónde vivía Kerrigan y que podía ayudarles a resolverla. Harding también mencionó un póster de Kerrigan, Kristi Yamaguchi y ella misma, diciendo que podía alegar que necesitaba la firma de Kerrigan.
Entrevistada por el FBI, Marano relató lo siguiente: el 26 de diciembre Harding la llamó diciendo que necesitaba resolver una apuesta. Le preguntó si podía averiguar dónde entrenaba Kerrigan y si poseía alguna propiedad en Cape Cod. Marano dijo que intentaría conseguir la información y que le devolvería la llamada. Lo hizo contactando a una amiga en Massachusetts, Dorothy Baker, miembro de la U.S. Figure Skating Association. Baker le dijo que Kerrigan entrenaba en Tony Kent Arena, en Cape Cod. No quiso proporcionar información sobre el domicilio de Kerrigan. Marano volvió a llamar a Harding y dejó los datos en la contestadora.
Gillooly declaró al FBI que cuando él y Harding escucharon el mensaje, les pareció que Marano decía que Kerrigan entrenaba en “Toby Can” Arena. No lograban entenderlo. Gillooly afirma que Harding volvió a llamar a Marano el 27 de diciembre y que la escuchó pedirle que “lo deletreara”. Harding anotó “Tony Kent Arena”. Después de colgar, Harding le dijo que Marano no había podido averiguar dónde vivía Kerrigan. Entonces comenzaron a buscar una foto de Kerrigan, y Gillooly encontró un folleto con una imagen de Yamaguchi, Harding y Kerrigan.
El viaje en auto de Smith y Stant desde Phoenix hasta Portland, sin detenerse, tomó 22 horas en el Porsche 944 negro de Smith. Al llegar, se registraron en el Del Rancho Motel, frente a un 7-Eleven, pagaron en efectivo y se inscribieron bajo el nombre de Stant. La noche del lunes 27 de diciembre, Eckardt llamó a Gillooly para decirle que el hombre que ejecutaría el ataque ya había llegado. El tiempo apremiaba y querían reunirse a la mañana siguiente a las 10. Gillooly le dijo que Harding entrenaba a esa hora, pero que intentaría llegar lo más cerca posible de las 10.
La sesión de práctica de Harding terminó a las 10:30 a.m. Gillooly cargó gasolina en su camioneta Ford azul y, con Harding como pasajera, condujo hasta la casa verde militar de dos pisos donde Shawn vivía con sus padres, Ron y Agnes. Según Gillooly, Harding sabía de qué trataba la reunión y no estaba nada entusiasmada con que él tuviera contacto directo con un posible sicario. En la entrada estaban estacionados el Mercury verde de cuatro puertas modelo 1976 de Eckardt y el Porsche de Smith, que destacaba como calabaza en sembradío de rábanos. Gillooly le dijo a Harding que la llamaría cuando terminara la reunión, y ella se marchó en la camioneta.
Eran las 11 a.m. cuando Gillooly llegó. Mientras esperaban, Smith había pedido a Eckardt que grabara la conversación. La cinta, dijo, podría servir como presión si algo salía mal y Gillooly se negaba a pagar. Eckardt colocó una grabadora portátil sobre el escritorio y la cubrió con una toalla de papel. Cuando Gillooly llegó, la madre de Eckardt le abrió la puerta. El padre también estaba en casa. Agnes le dijo a Gillooly: “Están en la oficina”.
La oficina de Eckardt estaba medio tramo de escaleras arriba, un pequeño dormitorio adaptado con una ventana hacia la calle. Tenía una computadora y estantes ordenados por temas. Entre los libros figuraban The Poor Man’s James Bond y The Anarchist Cookbook. También contaba con un impresionante surtido de catálogos de equipo SWAT y mercenario.
Gillooly llamó a la puerta y un hombre que luego supo era Stant le abrió. Stant vestía un abrigo negro holgado estilo australiano, sombrero y guantes negros sin dedos. Eckardt presentó a Gillooly a Derrick, usando sólo su nombre de pila. A Stant lo presentó simplemente como “su amigo”.
“Es un placer”, dijo Stant. Luego guardó silencio.
Derrick le dijo a Gillooly que era el tipo de hombre que resolvía problemas ajenos. Eckardt preguntó si había traído la información sobre Kerrigan, y Gillooly puso el material sobre el escritorio. Eckardt miró la foto de Kerrigan y comentó: “Es guapa”.
Gillooly explicó que si Harding lograba llegar a los Juegos Olímpicos y ganar, tendría contratos publicitarios y una camionada de dinero. Gracias a eso, podría ofrecer 1,000 dólares por semana para brindar seguridad a Harding. Pero para clasificar a los Juegos debía tener un buen desempeño en el campeonato nacional. Kerrigan era el principal obstáculo.
Discutieron varias maneras de incapacitar a Kerrigan. Smith y Stant dijeron al FBI que Eckardt volvió a sugerir cortar el tendón de Aquiles, pero todos los demás se opusieron. Entonces Eckardt propuso comprar un auto viejo en Boston y sacar a Kerrigan de la carretera. “Un par de costillas rotas deberían bastar”, calculó. También se descartó esa opción. Gillooly explicó entonces que la pierna derecha de Kerrigan era la de aterrizaje —dijo que lo había verificado el día anterior con Harding— y que esa era la que debía inutilizarse. Derrick comentó que tenía a alguien en mente, experto en artes marciales, que podía romperle la pierna derecha con “una patada corta al hueso largo”.
En sus entrevistas con el FBI, Gillooly y Stant citaron a Eckardt preguntando: “¿No sería más fácil simplemente matarla?”. Gillooly y Smith respondieron que no iban a meterse en eso e ignoraron a Eckardt mientras fantaseaba sobre dónde podría colocar a un francotirador con un rifle. Quedó decidido, entonces: alguien rompería la pierna derecha de Kerrigan. También se determinó que dejarían una nota en la escena del ataque, para que pareciera que un psicótico estaba acosando a todas las principales patinadoras. Mejor aún para el negocio de guardaespaldas.
Cuando la conversación giró hacia el dinero, se mencionó una cifra de 6,000 dólares para gastos, con 2,000 por adelantado. Eckardt aseguró a Gillooly que si sus hombres no lograban incapacitar a Kerrigan antes del campeonato nacional, le devolverían los 2,000 dólares. Ofrecían garantía de devolución. Smith bromeó diciendo que siempre podrían reunir ese dinero vendiendo la computadora y el Rolex de Eckardt.
Gillooly dijo entonces que no había podido encontrar la dirección de Kerrigan, pero que entrenaba en Tony Kent Arena. Añadió que averiguaría los horarios en que Kerrigan estaría sobre el hielo y que se comunicaría más tarde ese mismo día con Eckardt. Cuando se preparaban para irse, Derrick quiso la palabra de Gillooly de que, si todo salía bien, le “abriría puertas” para obtener contratos de seguridad con otras patinadoras y hacer contactos importantes.
“Como George Steinbrenner”, dijo Eckardt, refiriéndose al propietario de los New York Yankees, quien también era funcionario olímpico de Estados Unidos y patrocinador reciente de Harding.
Gillooly aseguró a Derrick que haría todo lo posible por ayudar. Stant le estrechó la mano al salir y habló por segunda vez en la reunión de media hora.
“Fue un placer”, dijo Stant.
“Esos tipos son geniales”, dijo Eckardt después de despedir a Smith y Stant. Preguntó qué opinaba Gillooly. Gillooly respondió que le parecía bien, pero que tenía que consultarlo con Harding y que le avisaría más tarde. No demasiado tarde, dijo Eckardt, y preguntó cuánto dinero podría reunir. Gillooly le dijo que serían 2,000 dólares, nada más.
Harding estaba esperando en la casa de la madre de Gillooly. Él la llamó y le pidió que pasara por él. Unos 15 minutos después, Harding llegó en la camioneta.
“Vamos a ganar mucho dinero, vamos a ganar mucho dinero”, dijo Eckardt, envolviendo a Gillooly en un abrazo blando de despedida.
Gillooly dio al FBI este relato de lo que ocurrió después: Él conducía y Harding le preguntó cómo había ido la reunión.
“No estuvo mal”, respondió. Luego le dijo que los otros hombres le habían ofrecido garantía de devolución del dinero. Harding se rió, y Gillooly le dijo que hablaba en serio. Por 2,000 dólares, explicó, no era un mal trato, mejor que jugar a la lotería. Después describió a las personas de la reunión y comentó que se sentía más cómodo con Derrick que con su viejo amigo Eckardt.
Harding le preguntó qué sentía respecto al plan. Gillooly dijo que bastante bien, pero que dejaría la decisión final en sus manos. Harding dijo que prefería que él decidiera. Gillooly concluyó: “Creo que deberíamos hacerlo”. Harding respondió: “O.K., hagámoslo”.
Gillooly dijo al FBI que recordaba exactamente dónde estaban en ese momento: conduciendo hacia el sur por la Interstate 205, frente a Public Storage, un gran edificio gris con puertas naranja brillante, a solo una milla de la pista de hielo Clackamas Town Center, donde Harding entrenaba.
Gillooly afirma que le dijo a Harding que necesitaban más información para los dos amigos de Eckardt: otra fotografía, si era posible, y los horarios de entrenamiento de Kerrigan. Decidieron que Harding haría las llamadas, por si en Tony Kent Arena le hacían alguna pregunta técnica. Diría que tenía una hija que era gran admiradora de Kerrigan y que querían verla patinar y quizá conseguir un autógrafo.
Según Gillooly, Harding hizo tres llamadas. El primer número era un mensaje grabado con los horarios de patinaje público en Tony Kent, al final del cual daban otro número para más información. Harding marcó el segundo número y preguntó por los horarios de “patch” y “freestyle”. Anotó los horarios y preguntó si Kerrigan patinaba en esos turnos. Según Gillooly, cuando colgó dijo: “La estúpida perra me lo dio”. La empleada de Tony Kent Arena había revelado voluntariamente que el tiempo privado en el hielo de Kerrigan era de mediodía a 3 p.m.
Gillooly le preguntó si había conseguido la dirección de la pista, y Harding respondió que lo había olvidado. Así que llamó por tercera vez y anotó la dirección. Luego buscaron otra foto de Kerrigan y encontraron dos: una en el World Team handbook y otra en Olympian magazine. Gillooly dice que pensaba llevar la revista completa a Eckardt, hasta que Harding señaló que su nombre y dirección aparecían en la etiqueta de envío. Arrancaron la portada y la tiraron a la basura.
Esa misma noche, contó Gillooly al FBI, él y Harding regresaron a la casa de Eckardt con la información sobre Kerrigan, las fotos adicionales y 2,700 dólares en efectivo. Esta vez Harding entró con él. Agnes Eckardt le ofreció café a Harding mientras Gillooly pasaba a la oficina y entregaba el material. Ni Smith ni Stant estaban allí.
Harding entró poco después en la oficina y, según Gillooly, comentó que la foto de página completa de Kerrigan era favorecedora. Luego salió. Gillooly preguntó dónde estaba Derrick. Eckardt respondió que había ido a Seattle, donde estaba enviando a uno de sus operativos en un vuelo a Boston, nada de lo cual era cierto. No pudo resistirse a añadir que otro hombre salía desde Los Ángeles para reunirse con el de Seattle en Boston.
Eckardt también dijo que él y Derrick habían redactado la nota que dejarían en la escena, algo como: “Todas las putas del patinaje morirán. Nadie puede detenerme”. Gillooly le entregó el dinero —2,000 dólares en billetes de 100— y Eckardt dijo que se lo pasaría a Derrick.
Gillooly declaró al FBI que luego entró en la sala y le preguntó a la madre de Eckardt qué opinaba. Supuso que ella conocía el plan. Según Gillooly —cuyas afirmaciones Agnes Eckardt niega— ella respondió algo como: “Creo que funcionará”.
Harding parecía sorprendida, y Gillooly dijo: “Probablemente te sorprenda que Agnes sepa de esto”.
Gillooly contó que Shawn añadió algo como: “Ella sabe todo lo que yo sé, porque tiene que recibir los mensajes de mi gente”.
Agnes, según Gillooly, se rió durante la conversación y luego dijo algo como: “Claro que sé lo que hace Shawn. No se lo diré a nadie. Es mi hijo”.
Cuando Gillooly y Harding regresaron a la camioneta, comentaron lo asombrados que estaban de que Agnes pareciera saberlo todo sobre Shawn. Gillooly cita a Harding —cuya relación con su propia madre siempre fue de acritud y desconfianza mutua— diciendo: “Eso está medio padre”.
Gillooly afirma que entonces le dijo a Harding que Derrick tenía a un hombre saliendo esa noche desde Seattle y a otro desde California al día siguiente. Harding preguntó qué iban a hacer.
“Van a romper un hueso largo”, respondió Gillooly, usando la frase de Smith.
“¿Qué es un hueso largo?”, preguntó Harding.
“Imagino que el fémur”, respondió Gillooly.
Stant voló desde Portland al día siguiente, 29 de diciembre, en un vuelo de American Airlines a las 6:37 a.m. hacia Dallas, donde tomó una conexión a Boston. Smith le había dado dinero para gastos, la fotografía de Kerrigan, una impresión de computadora con información sobre ella y direcciones hacia Tony Kent Arena, en Dennis, Massachusetts. Stant debía regresar el 3 de enero. Pensaban que eso le daría tiempo suficiente para ejecutar el ataque.
Pero casi de inmediato las cosas comenzaron a salir mal. Stant se registró en el Hilton del aeropuerto de Boston usando una tarjeta de crédito. Cuando intentó rentar un auto con esa tarjeta, se lo negaron, ya que estaba emitida a nombre de Leslie Thomas. Stant había tomado por error la tarjeta de su novia al salir de Phoenix.
Llamó a Thomas y le pidió que le enviara su tarjeta a Boston lo antes posible. No llegó sino hasta las 6 p.m. del día siguiente, 30 de diciembre. Stant pasó otra noche en el Hilton y, en la víspera de Año Nuevo, condujo su Chevrolet Cavalier rentado hasta Yarmouth, en Cape Cod, una distancia de 80 millas.
Kerrigan patinó ese día, pero dejó Tony Kent Arena a la 1:30 p.m. Para cuando Stant se registró en Gull Wing Suites, a 6½ millas de la pista, Kerrigan ya se había ido; estaba rumbo a pasar el fin de semana de Año Nuevo con sus padres en Stoneham, a las afueras de Boston. Kerrigan y Stant, viajando en direcciones opuestas, pudieron haberse cruzado en la Ruta 6.
Durante los dos días siguientes, Stant vigiló la pista, moviendo su auto a un lugar distinto del estacionamiento cada media hora.
Mientras tanto, en Portland, Gillooly y Eckardt comenzaron a sospechar que los habían estafado con los 2,000 dólares. Smith había regresado en auto a Phoenix, y Eckardt decía que no tenía idea de dónde podían estar hospedados los dos supuestos operativos de Smith en Boston. Cuando Eckardt le comentó a Gillooly que Derrick había llamado para preguntar cuándo recibiría el resto del dinero para gastos, Gillooly respondió: “¿Qué? ¿Tengo escrito ‘idiota’ en la frente?”. Se negó a enviar un centavo más hasta que hubiera resultados o recibos que demostraran que alguien estaba realmente en Boston.
Gillooly asegura que no le contó a Harding sus sospechas de que los habían timado. Dice que el 30 o el 31 de diciembre, Harding comentó que sería bueno que los matones de Derrick “le hicieran el numerito” a Kerrigan en algún bar en Año Nuevo. ¿Por qué?, preguntó Gillooly. Supuestamente Harding respondió que eso haría quedar mal a Kerrigan, como si frecuentara malas compañías.
Cuando para el 1 de enero no había pasado nada, Gillooly dice que le dijo a Harding que creía que los habían estafado. Ella estuvo de acuerdo y, recordando la garantía de devolución, dijo que debía exigirle a Eckardt que regresara los 2,000 dólares. Esa noche Harding entrenó tarde, de 11:30 p.m. a 1 a.m., y Gillooly le pidió a Eckardt que acudiera. Eckardt apareció y, cuando Gillooly le preguntó qué estaba ocurriendo, ofreció una historia descabellada: los dos operativos de Derrick en Boston habían robado el auto de Kerrigan al intentar leer su matrícula para averiguar su dirección. Gillooly no sabía si creerle, pero le mostró a Eckardt un cheque por 10,000 dólares que Harding había recibido de la USFSA, dinero que George Steinbrenner había aportado para los gastos de entrenamiento de Harding. Gillooly le dijo que quizá la perspectiva de un bono de 10,000 dólares motivaría a los dos hombres en Boston.
En ese momento, según Gillooly y Eckardt, Harding se acercó patinando. Le preguntó a Eckardt, quien se había lastimado la espalda días antes, cómo se sentía. Luego quiso saber por qué nadie podía hacer esto por ella, refiriéndose al ataque contra Kerrigan. Estaba enojada. Eckardt tartamudeó y dijo que no lo sabía. Entonces, según Gillooly, Harding dijo: “Si no lo hacen, llámalos y recupera los 2,000 dólares”.
“¿Por qué no llamas tú?”, preguntó Eckardt.
Harding respondió que era su responsabilidad.
Mientras tanto, Stant deambulaba por Cape Cod como un Inspector Clouseau musculoso. Finalmente entró a Tony Kent Arena el 2 de enero y le dijeron que Kerrigan no había estado allí. El 3 de enero llamó a la pista y dijo que tenía una hija que quería ver patinar a Kerrigan. La mujer que contestó le informó que Kerrigan ya había partido rumbo al campeonato nacional en Detroit. Esa noche, Stant abordó un autobús Greyhound hacia Detroit. El boleto costó 117 dólares.
Veinte horas después, cansado, hambriento y casi sin dinero, Stant llegó a la Motor City. Se registró en el motel Super 8 del Detroit Metropolitan Airport, usando su nombre real, y pagó por adelantado tres noches de hospedaje, desembolsando 101 dólares en efectivo. Rentó una videocasetera y un par de películas para adultos, Hollywood Fantasies y The Girls of Beverly Hills, y se retiró a dormir.
Eckardt, mientras tanto, había hablado con Smith. ¿Qué demonios estaba pasando? Smith le dijo que sus hombres habían vigilado Tony Kent Arena como estaba planeado, pero que Kerrigan no había aparecido. Un empleado de la pista había dicho que Kerrigan estaba en “tiempo de concentración” antes del nacional. Eckardt transmitió ese reporte a Gillooly, quien, según su declaración, se lo comunicó a Harding. Ella no lo creyó y llamó por cuarta vez a Tony Kent Arena el 3 de enero para confirmar si Kerrigan había patinado ese día. Agradeció la información y colgó. Kerrigan sí había patinado temprano esa mañana. Harding, dice Gillooly, se molestó y se convenció de que su inversión de 2,000 dólares estaba perdida.
Al día siguiente, 4 de enero, Harding voló a Detroit para la competencia. Para entonces, Eckardt y Gillooly ya estaban prácticamente resignados a que el golpe nunca se concretaría. Eckardt le dijo a Gillooly que él mismo debió haber hecho el trabajo. Gillooly regresó a casa alrededor de las 10 p.m. y encontró un mensaje de Stant en su contestadora: “Jeff, habla Shane. Nos conocimos en la oficina de Shawn hace como una semana. Estoy en Detroit”.
Gillooly llamó de inmediato a Eckardt, alterado. Dijo que el trabajo contra Kerrigan no podía hacerse en Detroit. Eckardt explicó que Derrick no tenía dinero suficiente para enviar a Stant de regreso y que Stant iba a terminar el encargo, aunque fuera solo para obligar a Gillooly a pagar. Eckardt afirmó que el pobre Shane no había comido durante las 20 horas de viaje en autobús de Boston a Detroit porque estaba sin dinero. En ese punto, según Gillooly, decidió enviar otros 750 dólares a Derrick para que su operativo en Detroit pudiera regresar a casa.
Smith, sin embargo, estaba pensando en el bono de 10,000 dólares y el 5 de enero utilizó esos 750 dólares para volar a Detroit y reunirse con Stant. Stant había rentado un auto en Alamo, y juntos condujeron hasta Joe Louis Arena y compraron boletos para la práctica de ese día en Cobo Arena. Stant tomó nota de una entrada lateral en el lado sur del recinto, por donde los patinadores entraban y salían. Se suponía que el área estaba asegurada, pero Stant pudo bajar hasta el nivel del hielo, atravesar una cortina azul y caminar por el pasillo que llevaba a los vestidores de los patinadores. Reconoció el terreno durante 45 minutos sin que el personal de seguridad lo cuestionara. Al final del corredor había puertas de Plexiglás, una de ellas abierta. Stant sería el agresor; Smith, el conductor de escape, y esa puerta era el punto por donde Stant pensaba huir si el ataque se realizaba en Cobo.
Otra posibilidad era el Westin Hotel, donde se hospedaban los patinadores. Smith llamó a Eckardt y le dijo que querían el número de habitación de Kerrigan, además de su horario de prácticas. Eckardt llamó a Gillooly, y Gillooly a Harding. Según Gillooly, Harding le dijo que solo había un guardia de seguridad en el Westin y ninguno en su piso. Dice que él y Harding decidieron que el mejor lugar para atacar a Kerrigan sería en su habitación. Según Gillooly, habló por teléfono con Eckardt, quien sugirió dejar a Kerrigan atada en su cuarto con cinta adhesiva después del ataque.
Smith y Stant, sin embargo, no estaban convencidos de la idea del hotel. Smith fue al lugar y descubrió que había una caminata de cuatro minutos y medio desde el elevador hasta la calle. Demasiado tiempo. Lo descartaron. Se decidieron por Cobo Arena.
El 6 de enero, Stant y Smith condujeron hasta las inmediaciones de Cobo poco antes de las 11 a.m. Stant vestía gorra de béisbol, chaqueta de cuero negra, jeans negros, guantes negros y botas de senderismo marrones. Colocó la macana táctica ASP en el cinturón del pantalón. Luego, él y Smith robaron una placa de un vehículo similar al suyo y la colocaron sobre la del auto rentado. Stant mostró a Smith la fila de puertas de Plexiglás por donde pensaba escapar por la parte trasera de Cobo, y Smith estacionó el auto en reversa sobre una calle de acceso cercana. Después del ataque debían encontrarse cerca de la oficina postal, a unas cinco cuadras del recinto.
Caminaron hacia la arena. Stant le dijo a Smith que se sentaría cerca de la cortina azul por donde los patinadores salían al hielo y que Smith debía sentarse al lado opuesto del recinto. Cuando Stant localizara a Kerrigan y el asalto fuera inminente, se pondría de pie y volvería a sentarse. Esa sería la señal para que Smith fuera al auto.
Stant tomó asiento unas siete filas arriba del hielo. Quince minutos después observó cómo Kerrigan salía al hielo. Esperó hasta que anunciaron su nombre, luego se puso de pie y volvió a sentarse. Smith salió de la arena. Stant vio patinar a Kerrigan, atento a las cámaras de video para evitar ser fotografiado. Tras su sesión, alrededor de las 2:35 p.m., Kerrigan abandonó el hielo. Stant se levantó de su asiento. Kerrigan era seguida por un camarógrafo de ABC y, cuando el hombre dejó su cámara en el suelo y giró hacia la izquierda, Stant se deslizó rápidamente por la derecha. Dos hombres estaban de pie junto a la cortina azul, pero Stant pasó de largo. No vio personal de seguridad. Kerrigan se detuvo en el pasillo, fuera del vestidor, y habló con Dana Scarton, del Pittsburgh Post-Gazette.
Stant sacó la macana de su cinturón con la mano derecha y, según su declaración, sujetó la nota del “madman” con la izquierda. Con rapidez caminó entre Kerrigan y Scarton. Asestó un golpe rápido y brutal a la pierna derecha de Kerrigan, justo por encima de la rodilla, y luego salió corriendo. Kerrigan gritó. Una y otra vez, gritó. Stant afirma que dejó caer la nota cuando empezó a huir. Las puertas de plexiglás que había visto el día anterior estaban encadenadas; sin detenerse, se lanzó contra la parte inferior de una de ellas, usando la cabeza como ariete, y cayó desparramado sobre la acera. Detrás de él una voz gritó: “¡Que alguien lo detenga!”
Stant se puso de pie y corrió. Un hombre se interpuso en su camino y Stant lo derribó. Corrió hacia la oficina postal, arrojando la macana a la nieve debajo de un auto estacionado. Miró por encima del hombro. La gente observaba, pero nadie lo perseguía.
Al final, estaba corriendo directamente en dirección opuesta a Smith, quien había estacionado a unos 150 yardas de la salida, cerca de algunos autobuses turísticos. Smith vio cómo Stant arrollaba al hombre y, ya en el auto, lo alcanzó antes de que terminara la cuadra. Stant saltó al vehículo y se quitó la chamarra y los guantes, luego se puso un abrigo café. Nadie los seguía.
Menos de una hora después del ataque, dice Gillooly, lo despertó una llamada telefónica de Harding, y se produjo este intercambio:
—“Sucedió”, dijo Harding.
—“¿Qué sucedió?”
—“Nancy. Lo hicieron.”
—“Estás bromeando”, dijo Gillooly.
—“No”, respondió Harding.
Gillooly afirma que le dijo a Harding que lo llamara si sabía algo más. Luego llamó a Eckardt.
—“Sucedió”, dijo Gillooly.
—“¿Qué sucedió?”, preguntó Eckardt.
Gillooly le dio la noticia. Tuvo que asegurarle varias veces que no estaba bromeando.
—“¡Sucedió!”, exultó Eckardt.
Gillooly dice que escuchó la voz de una mujer al fondo decir: “¿Qué?”. Eckardt, según Gillooly, le gritó a su madre que empezara a grabar las noticias. Luego le dijo a Gillooly que más le valía ir rápido con algo de dinero.
Gillooly se duchó y, camino a la casa de Eckardt, retiró 3,000 dólares en efectivo de su cuenta en First Interstate Bank. Cuando llegó a la casa de los Eckardt, dice que Shawn y su madre estaban en la cocina. El padre, Ron, no estaba. Eckardt le dijo a Gillooly que Derrick había llamado y que todo estaba bien. Según Gillooly, Agnes Eckardt dijo: “Será mejor que los saquen de ahí”, refiriéndose a Stant y Smith.
Agnes, cuenta Gillooly, ya había hecho los arreglos de vuelo, reservando para Stant y Smith el regreso a Phoenix a primera hora de la mañana siguiente bajo los nombres Ron Stone y Stan Dixon. El costo de los boletos sería de 1,300 dólares. Camino a enviarle el dinero a Smith, Eckardt, eufórico por el éxito de la misión, le relató a Gillooly su versión de los hechos del día, un relato completamente fabricado y cargado de detalles sensacionalistas. Eckardt contó que cuando Kerrigan salió por la puerta, Stant, abriéndose paso entre una multitud de cien personas, la había golpeado tres veces en la rótula y dos veces en el costado de la pierna. Cuando ella cayó, Stant la golpeó en la cabeza. Mientras la atacaba de esa manera, continuó Eckardt, Stant gritó: “Pasé 29 horas en un autobús por ti, perra”, y arrojó la nota.
Cuando Eckardt y Gillooly regresaron a la casa, dice Gillooly, Agnes estaba grabando las noticias. Shawn anunció que había cambiado la historia del mundo. Se mostró eufórico mientras veía la grabación de Kerrigan, herida, momentos después del ataque, gritando y suplicando: “¿Por qué?”. Seguía pidiéndole a su madre que repitiera la cinta una y otra vez, tres y cuatro veces. Agnes observó la reacción de su hijo con consternación. “Estás enfermo, Shawn”, dijo.
Esa noche, cuenta Gillooly, llamó a Harding. Le dijo que tendría que ir a Detroit y que debían parecer tan asustados como todos los demás. Le indicó que debía decir que tenía miedo y que le había pedido que fuera.
Gillooly llegó a Detroit alrededor de las 4 p.m. del sábado 8 de enero, justo antes de la final femenina de programa libre. Smith y Stant ya estaban a salvo en Phoenix; Kerrigan se había retirado de la competencia, que Harding ganaría; y los retratos compuestos difundidos por la policía apenas se parecían a Stant. Los testigos ni siquiera podían decidir si el agresor era negro o blanco. Según su declaración, Gillooly habló con Harding antes de que ella saliera hacia la arena y le confió que parecía que todo estaba saliendo bien.
Y podría haber salido bien, de no ser por la grabación que Eckardt hizo subrepticiamente el 28 de diciembre. Para Eckardt, esa cinta era una prueba, una prueba real, de que no era un fanfarrón. Algo que había planeado realmente se había hecho realidad. La historia del mundo había cambiado. Y no parecía importarle quién lo supiera.
El viernes 7 de enero, una mujer que no se identificó llamó al subjefe de policía de Detroit, Benny Napoleon, quien había aparecido varias veces en televisión para hablar sobre el ataque a Kerrigan. Le habló de una cinta que había escuchado, en la que cuatro hombres planeaban el crimen. Le proporcionó a Napoleon los nombres. La mujer resultó ser amiga del padre de Eckardt, llamada Patti Cook, quien dice que denunció a los conspiradores porque estaba horrorizada por lo que le habían hecho a Kerrigan.
El domingo, alrededor de las 2:30 p.m., un detective de la policía de Detroit, Dennis Richardson, se acercó a Gillooly. Habían hablado brevemente la noche anterior. Durante la conversación, Richardson se ausentó varias veces para hacer llamadas telefónicas. En un momento regresó con dos hombres a quienes presentó como agentes del FBI. La conversación derivó hacia la seguridad de Harding, y Gillooly les habló de Shawn Eckardt y su World Bodyguard Services. Entonces uno de los agentes preguntó: “¿Quién es Derrick?”
El corazón de Gillooly se le subió a la garganta. Sintió las sienes arder.
—¿Derrick quién?
—Ya sabes. Derrick —dijo el agente del FBI.
Gillooly respondió que si podían darle un apellido, quizá podría ayudarlos. Firmó una declaración y se marchó.
Esa noche, cuenta Gillooly, le habló a Harding sobre la entrevista. Le dijo que habían mencionado a Derrick. Harding, según Gillooly, preguntó si sabían algo, y él le respondió que definitivamente sabían algo. Lo que no sabía era cuánto.
Más tarde esa misma noche, Gillooly llamó a Eckardt y le contó sobre la entrevista con el FBI y sobre cómo había salido a relucir el nombre de Derrick. Le pidió a Eckardt que se pusiera en contacto con Derrick.
Alrededor de las 2:30 a.m., Gillooly volvió a llamar a Eckardt desde el lobby del Westin. Eckardt no había podido comunicarse con Derrick. Gillooly interpretó eso como que Derrick ya estaba bajo custodia. Le dijo a Eckardt que siguiera intentando y subió a la habitación de Harding para dormir.
Según lo relata Gillooly, se despertó a mitad de la noche. Había recordado algo. Había un Derrick que trabajaba en la pista de hielo donde entrenaba Harding. Aquello le dio una idea, y se inclinó para despertar a Harding.
—Cuando el FBI te pregunte quién es Derrick, deberías decir: “¿Se refieren a Derrick de la pista de hielo?” —dijo Gillooly—. Entonces yo diré: “Ahí fue donde escuché ese nombre antes”.
Harding, según Gillooly, aceptó hacerlo.
De acuerdo con Gillooly, Harding añadió entonces con voz titubeante:
—Nunca vamos a salir de esto, ¿verdad?
Gillooly permaneció inmóvil un momento, cerró los ojos y suspiró antes de responder:
—No pinta nada bien.
Fuentes y desmentidos
Esta historia se basa en declaraciones hechas a las autoridades por los cuatro hombres que han admitido su participación en el ataque a Kerrigan —Shawn Eckardt, Jeff Gillooly, Derrick Smith y Shane Stant—, además de reportes de Martin Dardis, Michael Jaffe, Lester Munson, Stefanie Scheer, Shelley Smith y Sonja Steptoe, de Sports Illustrated.
Gillooly y, en menor medida, Eckardt son las fuentes de las partes del relato que implican a Tonya Harding. Uno de los abogados de Harding, Robert Weaver, afirma que ella no responderá a “acusaciones fragmentarias” de que estuvo involucrada en la agresión. En una conferencia de prensa del 27 de enero, Harding negó haber tenido conocimiento previo del ataque del 6 de enero y dijo que solo más tarde se enteró de que personas cercanas a ella estaban involucradas. Durante una entrevista de 10 horas y media con el FBI el 18 de enero, Harding afirmó que no supo de la participación de Gillooly sino hasta el 11 de enero. También negó específicamente ante el FBI la mayoría de las acusaciones hechas por Gillooly y Eckardt.
La semana pasada, la U.S. Figure Skating Association concluyó que existían fundamentos razonables para celebrar una audiencia disciplinaria con el fin de decidir si Harding violó el código de ética de la asociación. El U.S. Olympic Committee señaló que estaba considerando tomar medidas que podrían retirarla del equipo de Estados Unidos que competirá en los Juegos de Lillehammer.
Gillooly es la única fuente de las insinuaciones en el reportaje de que Agnes Eckardt tuvo participación en el complot. Su abogado, Mark Cross, declaró: “En ningún momento Agnes Eckardt estuvo involucrada, ni participó conscientemente en conspiración alguna para causar daño físico a Nancy Kerrigan”. Shawn Eckardt, quien habría estado presente en todos los comentarios que Gillooly atribuye a Agnes Eckardt, declaró la semana pasada a KATU-TV de Portland que su madre no desempeñó ningún papel en el plan.
Seguimiento del ataque
- Stant y Smith conducen a Portland el 27 de diciembre.
- Stant vuela a Boston el 29 de diciembre.
- Stant va a Cape Cod el 31 de diciembre.
- Stant regresa a Boston el 3 de enero para iniciar el viaje en autobús a Detroit.
- Stant se registra en el motel Super 8 en Detroit el 4 de enero.
- Smith vuela a Detroit el 5 de enero.
- Kerrigan es atacada por Stant el 6 de enero.
- Stant y Smith vuelan a Phoenix el 7 de enero.
