El Camaleón, el campo que reta y cautiva al golf femenil

Entre manglares y arena blanca, el campo del Camaleón, lugar donde se lleva a cabo el Riviera Maya Open, en Mayakoba, es el escenario del renacer del golf femenil en México.
El campo El Camaleón, del Riviera Maya Open, es la joya del caribe mexicano.
El campo El Camaleón, del Riviera Maya Open, es la joya del caribe mexicano. / Christian Petersen/Getty Images

Son las 4:18 de la tarde y el sol cae con fuerza entre los manglares. La humedad impregna el Caribe mexicano y en El Camaleón se respira el golf. Los últimos grupos de jugadoras recorriendo los hoyos finales, hay personal de mantenimiento alistando el campo. En el ambiente se percibe respeto: un silencio casi absoluto cada vez que una jugadora se prepara para golpear la bola.

El Camaleón es una joya enclavada entre la selva, canales de agua y arena blanca. Es el escenario del renacer del golf femenil en México. Con el Riviera Maya Open en Mayakoba, la LPGA regresa al país después de ocho años. María Fassi, la única jugadora mexicana que sigue en competencia no exagera al comentar que los hoyos 2 y 3 son de los más complicados entre los primeros nueve.“Depende dónde toque el viento”.

El hoyo 2, un par 4 de 428 yardas, se estira entre manglares y obliga a jugar contra el viento. El fairway engaña: va de izquierda a derecha, pero el green inclina hacia el otro lado. Un búnker enorme custodia la entrada. El 3 no da tregua. Un corto par 4, sí, pero con dos tiros forzados. “Es probablemente el más desafiante de los primeros nueve hoyos”, explica Fassi. Y eso que aún falta el 9, el 12, el 13… y el 14. “Los 18 hoyos pueden ser muy complicados”.

El campo El Camaleón, en Mayakoba.
El campo El Camaleón, en Mayakoba. / Christian Petersen/Getty Images

El 12, sin ir más lejos, es un largo par 4 de 451 yardas, sin búnkers visibles, pero traicionero contra el viento. El green es pequeño, rodeado de pendientes. Si no llegas con un tiro alto y suave, la bola puede rodar sin misericordia.

Luego viene el 13, que es un espectáculo: inicia en la selva y termina en los manglares. Un par 5 largo, de 532 yardas, con zonas de aterrizaje que se van estrechando. Hay un búnker falso al frente del green que engaña. 

Y cuando crees que ya lo entendiste, llega el 14. Un par 4 de 452 yardas, contra el viento, con fairway amplio, pero con un green que solo se deja atacar desde la derecha. Y, claro, otro búnker listo para atrapar a la desprevenida.

Desde las 5 de la mañana –y a veces desde las 3 cuando hay torneo–, unas 30 personas trabajan para mantener vivo el campo. “El cuidado del campo implica un trabajo de 365 días”, explica David López, director de El Camaleón. “Hay que invertir en maquinaria, en productos, en arena, fertilizantes, accesorios… Es un tema bastante complejo. Pero para albergar este tipo de eventos, lo tienes que hacer”. El pasto paspalum se mantiene firme y saludable. “Se necesita el sol para tener un campo así de sano y firme y jugando como se está jugando ahora mismo”.

Durante el torneo, la afición se abre paso entre la selva, algunos a pie, otros en carritos de golf e incluso en bicicleta. Hay quienes se sientan en el pasto como en un día de campo y otros que se resguardan bajo sombrillas del sol abrasador del Caribe. Hay aplausos, hay silencios sagrados antes del golpe, hay miradas que siguen la trayectoria de una bola.


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Yarek Gayosso
YAREK GAYOSSO

Periodista en Sports Illustrated México, con 13 años de experiencia cubriendo eventos de gran magnitud como los Juegos Olímpicos de París 2024.