Correr, otra vez. Propósito de Fin de año

Entre corredores anónimos y especialistas del running, un viaje terminó siendo el espejo necesario para entender que empezar a correr no es una cuestión de talento, sino de hábito y tiempo. Empezar a correr después de años de pausa no requiere épica ni disciplina extrema. Requiere constancia, equipo adecuado y aceptar que el verdadero avance ocurre cuando el cuerpo y la mente vuelven a escucharse.
Volver a correr no es recuperar el pasado. Es aprender a habitar un cuerpo distinto, con paciencia, sin cronómetro y con la honestidad de quien acepta empezar desde cero.
Volver a correr no es recuperar el pasado. Es aprender a habitar un cuerpo distinto, con paciencia, sin cronómetro y con la honestidad de quien acepta empezar desde cero. / Ishika Samant/Getty Images

Fui atleta de alto rendimiento. Entrené tres horas todos los días. Hubo épocas de doble sesión, mañanas que empezaban antes que el sol y tardes en las que el cuerpo terminaba exhausto, pero vivo. El cansancio tenía sentido. El dolor era parte del lenguaje. Después me retiré.

No fue un día concreto ni una despedida solemne. Fue un proceso silencioso. Dejé el alto rendimiento, pero no el ejercicio. Seguí en el gimnasio todos los días, como quien se aferra a una costumbre para no perder del todo la identidad. Ya no entrenaba para competir, pero entrenaba para sentirme cerca de quien había sido. Con el tiempo, eso también cambió.

El gimnasio se volvió social. Una hora sin exigencia. Una charla más larga que la rutina. Un día sí, otro no. Luego solo cuando había tiempo. Después, cuando había ganas. Hasta que dejó de haber ambas cosas. No hubo una lesión que me sacara. No hubo un motivo claro. Solo dejé de ir.

Vinieron los años, el trabajo, las excusas razonables y ese silencio incómodo del cuerpo que ya no se mueve igual. No fue una lesión lo que me detuvo: fue la vida.

Y ahora, muchos años después, hay una idea que regresa con insistencia: empezar a correr. Volver a correr. La primera pregunta no es heroica ni épica. Es básica, casi incómoda: ¿cómo empiezo?

Porque la memoria todavía recuerda a un deportista de alto rendimiento, pero el espejo devuelve otra cosa. Un cuerpo distinto, más rígido, menos paciente. Los médicos del deporte y entrenadores especializados en readaptación física coinciden en algo que cuesta aceptar: el pasado atlético no garantiza el presente.

“Quien fue deportista suele querer empezar donde se quedó y ahí es donde aparecen las lesiones”, advierten los especialistas.

Empezar a correr no es volver atrás. Es empezar de nuevo. La idea tomó forma lejos de casa, durante un viaje a San Antonio, Texas, una ciudad que por esos días funcionaba como punto de reunión de la industria del running. Marcas, especialistas, diseñadores y corredores coincidían ahí para hablar de tecnología, entrenamiento y futuro. Pero lo que terminó marcándome no estuvo dentro de una sala ni en una presentación. Estuvo afuera.

En las calles, en los parques, en los senderos que rodean la ciudad. Personas corriendo todos los días. No como espectáculo, sino como rutina. Sin prisa, sin épica. Corredores cruzándose al amanecer, trotando después del trabajo, repitiendo el gesto sin drama.

Ahí entendí que correr no siempre nace del talento, sino de la constancia.

Ahí apareció Mayco Geretti, un corredor que se volvió amigo, brasileño. No fue atleta. Empezó a correr empujado por problemas de salud y sobrepeso. Hoy no para. Corre por la mañana, corre cuando puede, corre porque su cuerpo lo necesita. No persigue marcas. Persigue continuidad. Y, sin saberlo, se volvió referencia. Motivación silenciosa.

El mito de la fuerza de voluntad

Pensé que bastaba con disciplina. Con ganas. Con recordarme que antes entrenaba dos veces al día. Pero los especialistas son claros: la motivación sirve para arrancar; la constancia, para continuar. Y la constancia no nace del castigo, sino del hábito.

“Correr no debe doler al principio”, repiten fisioterapeutas y readaptadores físicos. Si duele, algo está mal. La recomendación más común es sencilla y, al mismo tiempo, humillante para el ego: caminar y correr. Intervalos cortos. Cinco minutos caminando, uno trotando. Repetir. Respirar. Parar antes de agotarse.

Aceptar que el progreso ahora se mide en semanas, no en sesiones, cuesta. Pero el cuerpo agradece la paciencia. ¿Cuánto tiempo tomará? La pregunta inevitable: ¿en cuánto tiempo vuelvo a sentirme corredor?

La medicina deportiva habla de entre ocho y doce semanas para que el cuerpo se adapte a una rutina básica sin molestias, siempre que se entrene tres o cuatro veces por semana. No es magia ni transformación inmediata. Es adaptación fisiológica. “El corazón se adapta rápido; las piernas no”, explican. Por eso muchos abandonan: porque el ánimo corre más rápido que el cuerpo.

Los tenis no son un detalle menor

Antes, cualquier par servía. Ahora no. Los especialistas coinciden: el calzado es prevención. No se trata de comprar el más caro, sino el adecuado al cuerpo actual, no al que uno recuerda.

Deepam Prasad, directora senior de running footwear en Nike, lo explica con claridad: quien empieza —o regresa— necesita protección, no velocidad. De ahí la lógica de modelos distintos para momentos distintos del proceso.

Brendan Maclise, director de producto de ACG de Nike, insiste en que la tecnología hoy está pensada para acompañar, no para exigir. “Si un zapato puede soportar largas distancias, también puede hacer más amable el primer paso”, señala.

Mi elección fue Vomero. No por ambición, sino por prudencia. Máxima amortiguación, sensación blanda, impacto controlado. El Vomero no empuja a ir rápido; empuja a seguir. A acumular kilómetros sin castigar el cuerpo.

Entendí también el lugar de Pegasus, más reactivo, más cercano al suelo, pensado para cuando el cuerpo ya tolera mejor el impacto y busca respuesta. Y el sentido de Structure Plus, diseñado para quienes necesitan soporte y estabilidad extra cuando la pisada aún no es consistente.

Los modelos de competencia quedaron fuera de la ecuación. Demasiado pronto. Demasiado exigentes. No es el momento de correr rápido; es el momento de poder correr mañana. 

Otra confusión común: pensar que correr implica competir. No necesariamente. Elliot Heath, responsable de la línea de competencia de Nike, lo explica sin rodeos: los tenis de carrera existen para rendir al máximo, pero no son el punto de partida.

“Antes, los zapatos de competencia eran solo para el 1% élite. Hoy protegen más, pero siguen siendo específicos”, explica. Primero se construye el cuerpo. Luego, si se quiere, se busca el rendimiento. El orden importa.

Comer, beber, escuchar

Volver a correr obliga a reconciliarse con la alimentación. No desde la obsesión, sino desde el cuidado. Nutriólogos deportivos coinciden: comer bien no es comer menos, es comer mejor. Carbohidratos complejos para la energía, proteína suficiente para la recuperación y grasas buenas para sostener el proceso.

Antes de correr, hidratarse. Después, agua y, si el esfuerzo fue mayor, electrolitos. “La sed ya es un signo tardío”, recuerdan. El cuerpo habla antes, pero hay que reaprender a escucharlo.

¿Es solo disciplina? No. Tampoco es solo ganas. Es decisión diaria. Es aceptar días malos. Es salir cuando no apetece y detenerse cuando el cuerpo lo pide. Los psicólogos deportivos lo resumen con precisión: correr no cambia la vida, pero ordena el ruido.

Empiezo a entender que no corro para volver a ser quien fui, sino para conocer a quien soy ahora. Cada zancada es torpe, cada respiración es consciente. No hay cronómetro ni competencia. Hay algo más difícil: honestidad.

Correr no empieza cuando sales a la calle ni cuando eliges unos tenis. Empieza antes. Empieza cuando aceptas que el proceso será lento, imperfecto y profundamente personal. Cuando entiendes que no hay atajos ni versiones pasadas a las que regresar.

Hoy no corro para recuperar al atleta que fui. Corro para sostener al cuerpo que soy. Para escucharlo, para cuidarlo, para no exigirle más de lo que puede dar. Cada salida es un acuerdo nuevo: avanzar sin prisa, detenerme sin culpa.

No sé hasta dónde llegaré ni cuánto tardaré. Ya no importa. Importa el gesto repetido, el hábito que se construye, la decisión silenciosa de volver a moverme.

Hoy no soy el atleta de antes. Soy alguien que volvió a empezar. Y eso, en este momento de la vida, es correr suficiente.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.