El retiro de El Hijo del Santo, un último vuelo para el hombre de plata

El Hijo del Santo encarna la lucidez del héroe que se retira antes de que el desgaste contradiga el mito que lo volvió eterno ante los ojos del público.
Después de más de cuatro décadas sobre la lona, El Hijo del Santo anunció su retiro de la lucha libre.
Después de más de cuatro décadas sobre la lona, El Hijo del Santo anunció su retiro de la lucha libre. / Getty Images

Hay un momento inexorable en la vida de los cuerpos que han encarnado el asombro público en el que la fuerza que parecía inagotable comienza a revelar el costo acumulado de cada proeza y la musculatura se convierte en un archivo cruel de dolores soterrados. 

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Es, entonces, cuando la dignidad se impone como el último baluarte frente a la obstinación y el tiempo, como una forma superior de lucidez que obliga a despojarse de las falacias que pretenden volver eternos a los Gladiadores. A aceptar que incluso ellos están forjados en la fragilidad y que toda aspiración de inmortalidad es una ficción insaciable que, en su afán de perpetuarse, consume lentamente al hombre que la encarna.

“A veces uno se siente intocable, pero todo tiene un principio y un fin”, dice El Hijo del Santo mientras me ve fijamente a los ojos a través de su perpetua máscara plateada. El icónico luchador anunció su retiro y se subirá al ring por última vez el próximo 13 de diciembre en el Palacio de los Deportes. Es la conclusión voluntaria de una epopeya que se sostuvo durante más de cuatro décadas. 

Su insurgencia contra la ficción de su propia permanencia comenzó cuando vio lo que el tiempo hizo con quienes alguna vez también parecieron indestructibles. ““Me causó mucho dolor ver a muchos compañeros míos, como a Rey Misterio, que acabó en una silla de ruedas, ver a Máscara Sagrada con su andadera. Ver a muchos compañeros míos lesionados por la pasión de seguirle. Por la pasión y por no cuidarnos. Entonces dije: Si yo estoy bien, ¿para qué me expongo más? Pero no fue fácil tomar la decisión”, confiesa. 

Hubo un aviso, claro, porque el cuerpo, que siempre es el primer narrador de lo inevitable, le advirtió en 2013 que la inmortalidad era solo un atributo del personaje, nunca del hombre. Una desviación en las vértebras y la sentencia pesimista de varios médicos lo confrontaron con la posibilidad de un final precipitado. “Los doctores, la mayoría fueron muy pesimistas, me dijeron que me tenía que retirar, que me iba a quedar paralítico. Horrible”, recuerda. 

El luchador mexicano El Hijo del Santo compite contra Blue Demon Jr. en el Roundhouse de Camden en Londres, Inglaterra
El luchador mexicano El Hijo del Santo compite contra Blue Demon Jr. en el Roundhouse de Camden en Londres, Inglaterra / Getty Images

Y sin embargo, bastó un médico distinto en Houston —recomendado por su amiga, la actriz y productora Rebeca Jones— para regresarlo al ring con una ruta alternativa: alejarse un año, ser obediente con la fragilidad y reaprender la vida sin la adrenalina del combate. No fue sencillo, pero volvió en 2015 y dejó que el público confirmara que la plata seguía íntegra. 

“Estuve quieto dos años, y en 2015 afortunadamente regresé a luchar en León, Guanajuato. Y me sentí muy bien, tuve un hormigueo en mi parte izquierda del cuerpo… todavía lo tengo.

No es algo grave, pero cuando tomo conciencia siento el hormigueo. Y pues creo que esto fue un aviso. Yo pienso y creo mucho en Dios, y sé que la vida y tu cuerpo también te dan avisos”, revela. 

Durante el proceso, cruel e inevitable, de alejarse del ring, la presencia intangible de su padre se volvió una figura constante. “Todos los días estoy en contacto con él y más cuando me pongo la máscara. Yo siento que él me está dando una palmada, como diciendo, “estás haciendo lo correcto. Vete a tiempo”. Hay muchas cosas por hacer fuera del ring. Y creo que de alguna manera también él me dio ese ejemplo. Él se retiró dignamente en su momento indicado, se fue como un gran ídolo. Y claro que lo tengo siempre muy presente a él”, confiesa. 

Durante 43 años, El Hijo del Santo mantuvo vivo el legado de su padre, El Santo. El héroe plateado de México.
Durante 43 años, El Hijo del Santo mantuvo vivo el legado de su padre, El Santo. El héroe plateado de México. / Getty Images

Sports Illustrated: Ahora que habla de su padre, de su retiro… es inevitable pensar en la mística que rodeó su muerte. ¿Cuál  es su relación con la muerte?. 

El Hijo del Santo: Con la muerte creo que tengo una buena relación porque yo he entendido que la muerte es algo natural. Es algo que a todos nos va a pasar algún día.  Y yo lo único que le pido a Dios es que me dé más años de vida pero en plenitud. Yo no quiero terminar sufriendo en un hospital. Si me voy a morir pues me gustaría que fuera rápido como lo fue en el caso de mi papá que fue un infarto al miocardio… Pero me gustaría vivir más años para disfrutar más al señor Guzmán. ¿Me entiendes? Quiero viajar, quiero hacer otras cosas. 

Pero no le temo a la muerte porque creo que es algo natural y he estado cercano a la muerte desde hace muchos años. Cuando pierdes a tus padres creo que es el dolor más intenso que puede uno sentir y después de que ellos mueren pues tu corazón… No hay más dolor.

El Santo, el héroe mayor de la mitología mexicana, también eligió retirarse en el momento justo, pero cometió un acto imprudente que gesto que su hijo jamás repetirá: le quitó la máscara al hombre que había debajo, como una forma de buscar un reconocimiento tardío que terminó lamentando.

El Hijo del Santo ejecuta uno de sus movimientos característicos contra Blue Demon Jr.
El Hijo del Santo ejecuta uno de sus movimientos característicos contra Blue Demon Jr. / Getty Images

Sports Illustrated: ¿Usted ha sentido esa necesidad de ser reconocido debajo de la máscara?

El Hijo del Santo: Fíjate que él me dio también con eso una lección.  Porque él cuando le quiso hacer justicia al hombre que estaba debajo, de alguna manera siento que después se arrepintió. Pero ya era tarde. Después de ese momento, que fue antes de que él muriera, entendí más que mi ego no podía ganarme. Yo como señor Guzmán puedo estar en cualquier lugar y no necesito que sepan quién soy. A mí me llena que sepan que soy el señor Guzmán y soy una persona más en un gimnasio. Y el personaje no me opaca, ¿me entiendes?. 

Otra lección que me dio es que a él lo sepultamos con máscara. Y él sigue con la máscara.

Y me consta porque lo vi así. Eso a mí no me gustaría porque yo tengo una identidad como ser humano y quiero que mi máscara esté en mi tumba pero en mi corazón. Aquí en el pecho. Me sigue dando lecciones este señor tan hermoso que fue mi padre.

Cuando la máscara del héroe plateado descanse en la vitrina de la memoria colectiva de la lucha libre mexicana y el hombre vuelva a caminar con el rostro descubierto y sin el peso del mito como fardo perpetuo sobre los hombros, su historia ya habrá quedado escrita en la lealtad a su cuerpo.


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Alejandra González Centeno
ALEJANDRA GONZÁLEZ CENTENO

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.