Entre pedales y premios: la historia de Isaac del Toro en Palacio Nacional

Isaac del Toro fue uno de los primeros deportistas en arribar a Palacio Nacional. En una semana repleta de homenajes le faltaba recibir el Premio Nacional de Deportes 2025, reconocimiento a su hazaña en el Giro de Italia, donde conquisto el subcampeonato.
Caminaba flanqueado por la ciclista mexicana Romina Hinojosa y su agente, seguido muy de cerca por una cámara que le acompaña a todas horas para capturar cada momento de la nueva estrella del deporte mexicano.
En ese momento ––traje negro y camisa blanca–– el porte sereno con el que ha aprendido a convivir con la fama. Isaac pasó casi inadvertido entre la multitud que avanzaba por la Calle de Moneda, en el corazón del Centro histórico, de la Ciudad de México.
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A su alrededor, comerciantes que abrían sus puestos a las 9:00 horas y transeúntes apurados apenas repararon en él cuando bajó de un coche. El subcampeón del Giro de Italia era uno más entre la marea matutina.
Entre el bullicio, aguardó con calma para cruzar hacia Palacio Nacional, donde la Presidenta de la República Mexicana, Claudia Sheinbaum Pardo, le entregaría el galardón que coronaba su extraordinaria temporada —donde terminó con 18 victorias–– en su segundo año como profesional y con el bicampeonato nacional en Ensenada, además del reinado en Italia.
En el estrado permanecía atento, con sobriedad en el rostro. Sonrió cuando frente a él avanzaba Osmar Olvera ––la estrella mexicana que irrumpía en el escenario como rockstar––. Era el encuentro entre el subcampeón del Giro de Italia y el campeón mundial de clavados que venció a los chinos; 22 y 21 años de edad, respectivamente. Dos trayectorias jóvenes, pero que han convivido con la cima desde temprano. Dos carreras que pese a su corta edad ya se sienten tan sólidas.
Después una foto histórica, todas y todos los galardonados reunidos. Tantas hazañas distintas en un instante.
“Es algo muy bonito que se siente muy especial y agradecido de que México conozca este nuevo deporte que está llegando al país”, alcanzó a decir Isaac a la prensa mexicana con la voz aún templada por la ceremonia y que le esperaban a la salida de Palacio Nacional.
Un hombre con su hijo a hombros pedía un autógrafo al ciclista mexicano. De repente seguido ––y entre destellos de cámaras–– algunas personas comenzaron a seguirlo por una foto o una firma. Entre la marea matutina que hasta entonces lo había dejado pasar inadvertido; ahora Isaac era reconocido: los rostros se giraban por la estrella mexicana.
