Germán Madrazo, el eterno esquiador de fondo

Germán Madrazo amaneció en Pyeongchang con un peso extraño sobre el cuerpo. El termómetro marcaba fiebre, la garganta estaba cerrada y cada músculo estaba en protesta con un dolor seco y que persistía. El esquiador de fondo mexicano intentaba reconocer en ese cuerpo abatido al atleta que había entrenado durante años para sus primeros Juegos Olímpicos de Invierno. El día que debía ser la culminación de su preparación se transformó, sin aviso previo, en una de las pruebas más duras de su vida.
El primer mexicano en esquí de fondo relata en entrevista a Sports Illustrated México cómo la mañana de su carrera olímpica en 2018 lo obligó a buscar una fuerza emocional que no sabía que tenía. Esta fortaleza, más allá de la física, fue clave para alcanzar la meta y le dejó la lección de que cada día es una nueva oportunidad para luchar por los sueños, sin importar las adversidades pasadas.
Te podría interesar: Regina Martínez: de salvar vidas, a competir en los Olímpicos de Invierno
"Es el deporte más difícil que existe en el mundo y uno de los originales".
- Germán Madrazo
Madrazo relata que el único momento en el que pudo "disfrutar el momento" y "darse cuenta de la importancia de lo que estaba viviendo" fue durante unos 30 segundos al cruzar la meta con una bandera, ya que esta acción le impidió hacer un sprint final con los bastones, reduciendo así el ritmo cardíaco y el esfuerzo.
A pesar de esta planificación, en la realidad de una carrera olímpica no se conserva "absolutamente nada" de energía. Los atletas se esfuerzan al máximo en cada tramo, terminando "totalmente acalambrado, totalmente cansado, sin oxígeno".
La principal motivación de Germán para completar la carrera de esquí de fondo en los Juegos Olímpicos de Invierno 2018, a pesar de encontrarse gravemente enfermo, fue buscar una "ancla emocional" para terminar la competencia. Esta ancla fue "el amor". Recordó un momento clave en una carrera clasificatoria anterior, donde su hermano, Jonathan Fernández García, le gritó: "Esquía, como si tu hijo te estuviera viendo”.
Esa frase le infundió una fuerza sobrehumana que le permitió calificar. Durante la carrera olímpica, aplicó la misma idea, pensando en cómo esquiaría si sus hijos lo estuvieran viendo. Así dedicó cada una de las tres vueltas de la carrera a uno de sus tres hijos, sintiendo que ese amor lo guiaba y le permitía llegar a la meta.
A diferencia de lo que se ve en televisión, las carreras de esquí de fondo son significativamente más largas, durando entre 38 minutos hasta una hora. Es por eso que este deporte tiene una exigencia físicamente y técnicamente, similar a correr 15 kilómetros en una montaña con subidas y bajadas, requiriendo diferentes técnicas para ascender y un buen equilibrio para descender rápidamente.
No hay tiempo para apreciar el paisaje debido a la "hiperconcentración" y el "esfuerzo absoluto”. Lo describe como un estado de "visión de túnel" donde incluso puntos de referencia planeados durante el entrenamiento se pierden. Este esfuerzo extremo y la concentración total son características que definen su experiencia en la competencia olímpica.
