Matilda, el rescate más importante de Andrés Muñoz

Se dice que nadie es verdaderamente dueño de un gato. “Se trata de una asociación libre que el gato puede romper cuando menos se lo espere y desaparecer para no volver jamás”, escribió alguna vez Guillermo Cabrera Infante sobre su gato, Offenbach. Y aunque es una afirmación que no termina de ser del todo cierta, la verdad es que no son criaturas complacientes.
Te puede interesar: Andrés Muñoz y el día en que delató sus pitcheos ante los Yankees: "No les voy a echar la culpa a ellos"
Aun así, cuando deciden quedarse —como si hubieran reconocido en uno a la persona exacta para trastocar la rutina y redibujar la vida— no hay gesto más irrevocable.
Para Andrés Muñoz, relevista de los Marineros de Seattle, esa elección se volvió una especie de salvavidas. Matilda Muñoz, su gata, lo sostiene en el punto exacto donde la presión del beisbol amenaza con quebrar la cabeza y el ánimo.
La vida de un lanzador de MLB —y especialmente la de un cerrador—, es un péndulo violento: un día eres celebrado como héroe y al día siguiente te conviertes en villano. Un lanzamiento errático puede manchar semanas de aciertos. En medio de ese torbellino, Matilda está siempre igual, indiferente a la estadística, impermeable al marcador.
“Desde el año que la adoptamos me ha ayudado, inconscientemente.Muchas veces me pongo a pensar: yo llego de una salida en la que me fue bien, emocionado porque saqué el juego, llego al apartamento y el gatito, ¿cómo me recibe?”, plantea. “Pasa lo contrario, tuve una mala salida, salgo agüitado, enojado, llego al apartamento y ¿cómo te recibe el gatito? Igualito. Te mantiene siendo el mismo”, explica Andrés.
Y hay, en esa neutralidad feroz, un alivio.
Matilda es una pequeña esfinge de nieve, de ojos ámbar y pelaje níveo. En su hocico chato se adivina la herencia persa. “Muchos no creen que es rescatada por el tipo de gato que es. Pero si ustedes llegan a ver las primeras fotos que yo subí con la gatita… Y la verdad es que se siente muy bonito verla como está ahorita”, dice Muñoz desde Baltimore, donde se encuentra para enfrentarse a los Orioles.
A Matilda la encontraron abandonada en el patio de una casa en Monclova, alimentada de mala gana por su dueño, que le aventaba la comida desde lejos. “Cuando la encontramos estaba en muy mal estado. Tenía muchos nudos”, lamenta Andrés.
Matilda tenía el pelaje convertido en un amasijo de nudos imposibles, el cuerpo debilitado, la confianza hecha trizas. “No sabemos ni cuántos años tiene. Nos dieron un estimado, pero no es certeza. Supimos que fueron aproximadamente como dos años los que estuvo así, en mal estado. Entonces ya empezó toda su rehabilitación. Fueron dos meses que estuvo en veterinarios y eso. Obviamente fue bien difícil porque no se dejaba ni tocar, no dejaba ni que te la acercaras. Y ya poco a poco fue sintiendo que estaba a salvo”, cuenta el relevista de los Marineros de Seattle.
Desde entonces, Matilda —que tiene su propia cuenta de Instagram y es una estrella más de los Mariners— se volvió compañera inseparable de Muñoz y su esposa. Viaja con la familia y el equipo, aparece en las charlas con los fanáticos, es objeto de pancartas en las gradas de Seattle y hasta recibe juguetes como si fuera parte del roster. Andrés, por su parte, la lleva consigo de la manera más simbólica: mandó bordar su foto en el guante que utilizó durante el All-Star Game.
Lo que nació como un rescate terminó convirtiéndose en un símbolo compartido: la gata que resistió al descuido se volvió también emblema de un lanzador que ha aprendido a resistir la brutalidad del beisbol. “A mí en lo personal, siendo jugador, siendo pitcher, así es como me ayuda”, enfatiza Andrés.
Originario de Los Mochis, Sinaloa, Muñoz se crió entre animales recogidos de la calle. Su madre tenía el hábito de salvar lo que otros desechaban: perros, gatos enfermos, criaturas que nadie quería. “A mi mamá siempre le gustó mucho rescatar animalitos, siempre que miraba uno en la calle lo recogía, le daba comida, lo trataba de rehabilitar para darlo en adopción. Y no, se quedaban ahí en la casa. Así empezamos a tener ese amor por los animalitos. Siempre lo hemos tenido”, explica el pitcher.
Ese legado familiar de compasión encontró en Seattle un cauce perfecto. Inspirado por la historia de Matilda, Muñoz decidió transformar su sensibilidad personal en una causa pública. Hoy, cada salvamento que consigue con los Mariners se traduce en un gesto concreto: 200 dólares destinados a los gatos más vulnerables del Seattle Area Feline Rescue. El mexicano ya lleva 32 en la temporada.
A principios de esta temporada, Muñoz también ayudó a recaudar casi 20 mil dólares para la organización donando dos paquetes de entradas para juegos de los Mariners, que incluían un encuentro con él durante la práctica de bateo.
Matilda ha sido para Andrés un refugio silencioso que de vez en cuando lo rescata. En los malos días, en las malas salidas, es ella quien lo regresa a tierra firme cuando el beisbol se vuelve insoportable. Andrés le dio una segunda vida, y Matilda, a su manera, se la devuelve cada noche cuando llega a su apartamento lo recibe como siempre, sin importar la frivolidad del marcador.
