La guerra eterna de Max Scherzer contra el dolor, la autoridad y el tiempo

El simple hecho de que Max Scherzer suba al montículo del Dodger Stadium esta noche para el Juego 3 de la Serie Mundial entre los Blue Jays de Toronto y los Dodgers de Los Ángeles, lo erige como la más reciente —y acaso la más elocuente— declaración de un lanzador que ha liberado una guerra sin cuartel contra la quietud, la comodidad y la convenciones del beisbol moderno.
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Con 41 años, “Mad Max” se convertirá en el primer pitcher en la historia en abrir un juego del Clásico de Otoño para cuatro equipos diferentes, una hazaña que además de honrar la longevidad de uno de los mejores lanzadores en la historia de la MLB, validará su teoría de que la intensidad radicalizada es el único camino hacia la excelencia en la postemporada.
Max Scherzer will be the first player to pitch for four teams in the #WorldSeries in his career 🤯
— MLB (@MLB) October 27, 2025
What does Mad Max have in store for us tonight? pic.twitter.com/8rY6vx2iJX
Su legado, se mide menos por sus tres premios Cy Young y sus dos anillos de Serie Mundial y más por su vasta colección de momentos en los que se ha rebelado con una vehemencia casi absurda contra las instituciones de Grandes Ligas y contra su propio cuerpo.
La preparación de Scherzer antes de cada juego ocurre en aislamiento total. Sus compañeros, incluido el estelar Vladimir Guerrero Jr., lo describe como “aterrado” y limita su interacción con un simple “Hola”, pues saben que una vez que el zurdo está en la zona, es mejor mantenerse lejos
La regla implícita del no-acercamiento fue aprendida de la forma más dura por su mánager, Dave Roberts, cuando Scherzer llegó a los Dodgers en la recta final de 2021, como parte del gran movimiento que buscaba fortalecer una rotación de campeonato. Ante una simple palmada de felicitación después de una gran salida, el lanzador respondió con una advertencia: “No me toques”.
Max Scherzer will start Game 3 for the @BlueJays on Monday night.
— MLB (@MLB) October 27, 2025
The first rule of a Max Scherzer start day: Don’t talk to Max Scherzer 🤣 pic.twitter.com/J4b2SV6s8N
Esta misma furia es la que lo ha llevado a desafiar los límites de la resistencia física en actos de pura bravura. Ninguna contingencia es menor, excepto quizá una que lo dejó con el rostro roto. En junio de 2019, durante una práctica de bateo con los Nationals de Washington, se quebró la nariz al intentar ejecutar un toque, cuando la pelota rebotó en el bat e impactó directamente en su cara.
Lo que cualquier profesional habría tomado como un impedimento insuperable, él lo interpretó como una molestia menor. Se presentó al día siguiente en la loma con un visible —y bastante aterrador— ojo morado y la nariz fracturada para lanzar 7.0 entradas en blanco de diez ponches ante los Phillies de Philadelphia.
A broken nose and black eye weren't gonna stop Max Scherzer from taking the hill 😤 pic.twitter.com/Ba9OwxSlat
— Sports Illustrated (@SInow) June 19, 2019
Su negativa a ceder ante el dolor es ya una postura filosófica.
Una demostración aún más extrema de esto ocurrió en la Serie Mundial de 2019 con los Nationals. Antes del Juego 5 ante los Astros de Houston, fue retirado de la apertura a última hora debido a que un nervio pinzado en el cuello y el músculo trapecio derecho se bloquearon con tal intensidad que el dolor le obligaba incluso a dejarse caer de la cama para poder levantarse. La lesión era incapacitante: no podía levantar el brazo derecho y su esposa tuvo que asistirle para realizar tareas tan triviales como vestirse.
Thank you, Max. For everything.
— Washington Nationals (@Nationals) July 30, 2021
• 189 starts
• 1,610 strikeouts
• 76 10-K games
• 6 All-Star selections
• 2 Cy Young Awards
• 1 20-K game
• 1 World Series ring
• A lifetime of memories
(See you in Cooperstown.)@Max_Scherzer // #NATITUDE pic.twitter.com/r1gzkmt0jm
Solo unos días después, a pesar de la agonía y el riesgo, Scherzer se subió al montículo en el juego 7 en Houston para lograr la victoria y guiar a los Washington Nationals a conseguir el primer campeonato de Serie Mundial en la historia de la franquicia.
La confrontación con la autoridad alcanzó su punto más álgido cuando esa misma furia que lo define se dirigió hacia su propio manager en el momento cúspide de la postemporada.
Durante el Juego 4 de la Serie de Campeonato de la Liga Americana de 2025, el dirigente de los Blue Jays, John Schneider, caminó hacia la loma con la tácita intención de removerlo del juego, a pesar de que Scherzer mantenía una ventaja cómoda y solo necesitaba un out para certificar la victoria.
Lo que siguió fue una disputa apasionada donde Scherzer, un veterano de dieciocho temporadas se negó con vehemencia física y verbal a entregar la pelota.
“I wanted the ball and I basically told him that in a little bit different language” 😊
— FOX Sports: MLB (@MLBONFOX) October 17, 2025
Max Scherzer talks about his conversation with John Schneider in the 5th inning 😆 pic.twitter.com/4lk7jtOoDd
Esta no es una anomalía en su carrera. Es, de hecho, una constante. El manager Dusty Baker relató que, en una ocasión, planeaba removerlo de una apertura, pero antes de decidir miró a los ojos de Scherzer —dos orbes de distinto color, uno azul y uno marrón—, y le preguntó si tenía suficiente, a lo que el lanzador respondió que quería salir del innings. También en su etapa con los Washington Nationals, el manager Matt Williams se dirigió al montículo para sacarlo y Scherzer se negó, gritándole.
Max Scherzer broke his nose after taking a ball off the face during a bunting drill. pic.twitter.com/M9o4hYBj0J
— ESPN (@espn) June 19, 2019
El manager de Toronto, lejos de castigar la insubordinación más reciente, se rindió ante la voluntad inquebrantable de su as. Schneider confesó después que la experiencia fue "impresionante" y que llegó a pensar que Scherzer lo "iba a matar”.
Pero acaso la clave para entender su intensidad indómita se encuentre en la tragedia. En junio de 2012, mientras lanzaba para los Tigers de Detroit, su hermano menor, Alex, perdió la batalla contra la depresión. Tras ausentarse solo dos días para estar con su familia, Scherzer tomó la decisión extraordinaria de regresar al montículo para su apertura programada. El lanzador explicó que este regreso inmediato fue un mecanismo de supervivencia emocional.
Hoy, en el Juego 3 ante los Dodgers de Los Ángeles, es justamente esta misma mezcla de furia, resistencia física y una devoción indisociable por la competencia la que el manager John Schneider necesita. Y con suerte, Scherzer demostrará una vez más que no le interesa ceñirse a la disciplina institucional, solo a su propio y salvaje dogma de competencia.
