Conoce el renovado CAR: La casa de última tecnología donde México fabrica su ventaja para el Mundial 2026

Antes de debutar en el Estadio Azteca ante Sudáfrica o de jugar en el Akron ante Corea del Sur, la Selección Mexicana aprovecha su ventaja de local al entrenar en el Centro de Alto Rendimiento de la Federación Mexicana de Futbol, su renovada casa que se ha adaptado con tecnología de última generación para que el Tri pueda trazar su camino dentro del Mundial 2026.
Sports Illustrated México recorrió en exclusiva el renovado Centro de Alto Rendimiento, la casa donde la Selección Mexicana no esperó al 11 de junio para sentirse local. El Tri de Javier Aguirre entrena sobre canchas que simulan los escenarios del Azteca y el Akron, para que el equipo llegue a punto a la Copa del Mundo. Una reproduce las condiciones del Banorte y otra mira hacia Guadalajara.
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No son campos hechos al azar: son parte de una remodelación diseñada para que el equipo anfitrión llegue al Mundial con la mayor ventaja posible.
Esa es la ventaja competitiva que la Federación Mexicana de Futbol intentó fabricar puertas adentro. No se mide en goles y tampoco garantiza que México vaya a jugar mejor, pero sí acompaña al futbolista en el entrenamiento invisible: el pasto que pisa, el horario en el que trabaja, la comida que consume, los datos que genera, el gimnasio que programa su carga y la habitación donde descansa.
El proyecto nació por la Copa del Mundo 2026. Desde que México fue confirmado como coanfitrión junto a Estados Unidos y Canadá, la FMF aprobó una renovación profunda del CAR.
La renovación del complejo, inaugurado en 2003, concluyó en marzo de 2026 y se presentó en una ceremonia con la presencia de Gianni Infantino, presidente de FIFA, como parte del arranque simbólico de la concentración mundialista de México.
El trabajo tomó más de dos años y cambió la estructura de la casa de las selecciones nacionales: hoteles, comedor, gimnasio, áreas médicas, hidroterapia, nutrición, oficinas, análisis de video, canchas y espacios para cuerpos técnicos. La idea no era pintar paredes ni modernizar la imagen, sino la concentración mundialista de 2026.
El centro de todo está en las canchas. El CAR tiene ahora cinco campos, dos de ellos híbridos, bajo especificaciones FIFA. Una superficie tiene pasto tipo Bermuda, similar al que tendrá el Akron de Guadalajara. Otra fue preparada para reproducir las condiciones del Estadio Ciudad de México. México no solo quería entrenar en buenas instalaciones, quería hacerlo en algo parecido a su propio Mundial.
La cancha cuatro es la pieza principal. En el recorrido fue descrita como la “joya de la corona”. Fue realizada con recursos del programa FIFA Forward y recibió el reconocimiento al Campo de Futbol Más Destacado en los Forward Awards, Edición Américas, por cumplir con estándares internacionales de cara a la Copa del Mundo.
El detalle que faltaba era la iluminación. Como habrá partidos nocturnos, el CAR incorporó luces similares de las del Azteca para que el equipo pueda entrenar de noche, en horarios similares a los que tendrá durante la competencia. La cancha dos, en cambio, está enfocada en Guadalajara. Su función es acercarse a las condiciones del Akron, el otro estadio donde México jugará en fase de grupos.
No se trata solo de cortar bien el pasto: FIFA mide altura, densidad, bote y rodada del balón. En el CAR, el riego se hace al detalle, con mediciones de humedad por zonas. Donde los árboles generan sombra, se colocan lámparas especiales que simulan luz solar para favorecer el crecimiento del césped.
Las canchas se podan todos los días, se airean, se fertilizan y hasta se analiza la composición química del terreno para decidir qué necesita cada zona.
El costo también explica el nivel de exigencia. Mantener una cancha híbrida puede costar unos 450 mil pesos mensuales; una natural, alrededor de 250 mil. No es una cifra menor para un campo de entrenamiento, pero la apuesta de la Federación fue clara: reducir al mínimo la sorpresa del terreno antes de que llegue la presión del Mundial.
Ahí empieza la localía menos evidente. México tendrá más días de concentración, dormirá en un entorno conocido, trabajará sobre superficies diseñadas para simular sus sedes y podrá ajustar horarios de entrenamiento según los partidos. La afición será la ventaja más visible, el CAR intenta construir la otra: la que ocurre antes, lejos de la tribuna.
El proyecto rondó los 390 millones de pesos y amplió de forma considerable el complejo, que pasó de 8 mil 500 metros cuadrados de construcción a cerca de 20 mil. El CAR dejó de ser solo un centro de entrenamiento para convertirse en un búnker de concentración.
El edificio medular resume ese cambio. Ahí se monitorea y diseña el recorrido diario del futbolista: vestidor, gimnasio, nutrición, fisioterapia, cancha, hidroterapia, comida y descanso. Todo está cerca y responde a una rutina.
El nuevo gimnasio tecnológico
La tecnología aparece también en el gimnasio. Los aparatos ya no dependen solo de barras y discos tradicionales, funcionan con sistemas neumáticos conectados a una red.
A partir de evaluaciones físicas, se programan cargas específicas para cada futbolista o para grupos de trabajo. Si un jugador necesita una resistencia exacta, la máquina la ajusta sin depender de placas convencionales. También mide la velocidad con la que ejecuta el movimiento, un dato clave para controlar fuerza, potencia y prevención.
Las rutinas se proyectan en pantallas. El grupo que trabaja pierna, potencia, recuperación o fuerza específica sabe qué circuito debe seguir. No todos hacen lo mismo porque no todos llegan igual.
La preparación ya no se organiza solo por posición o por edad, sino por necesidades detectadas en el cuerpo de cada jugador.
También hay una parte médica preventiva. El CAR incorporó equipo de evaluación corporal de última generación para medir composición muscular, densidad ósea y otros indicadores físicos.
No se trata únicamente de saber cómo llega un jugador a una concentración, sino de construir una base histórica sobre su cuerpo y detectar zonas que deben fortalecerse antes de que aparezca una lesión.
Análisis de datos
El otro frente está en los datos. Los jugadores trabajan con dispositivos GPS en chalecos que registran distancia, velocidad, sprints, aceleraciones, desaceleraciones, cambios de dirección y cargas de sesión.
Esa información se sube a una nube, se analiza y se convierte en reportes. La FMF también mantiene comunicación con los clubes, porque ellos son los dueños de los futbolistas y necesitan saber qué hizo cada jugador, cómo se hidrató, qué comió y bajo qué carga trabajó.
La tecnología no se queda solo en el cuerpo, también está en el video y en el análisis. El edificio cuenta con áreas de ciencia de datos, auditorio, pantallas inteligentes y espacios donde los cuerpos técnicos pueden revisar jugadas, marcar movimientos, preparar sesiones y trabajar estrategias.
Los llamados “win rooms” funcionan como cuartos de guerra modernos para las selecciones. Ahí se planea parte de lo que después debe verse en la cancha.
El hotel es otra forma de entender la remodelación. El CAR dejó atrás una lógica más limitada de concentración y construyó un hospedaje pensado para que la selección pueda vivir varias semanas dentro del complejo.
El nuevo hotel de la selección mayor tiene dos plantas, habitaciones dobles, suites y espacios de descanso. Durante el Mundial, cada jugador tendrá una habitación individual.
En una concentración normal, esas mismas habitaciones se ocupan en pareja, pero la Copa del Mundo, la prioridad será la comodidad y la recuperación.
Ahora, el descanso dejó de ser una parte secundaria. Después de una carga fuerte o de un partido, la recuperación empieza por dormir bien. Por eso el diseño del hotel priorizó silencio, luz cálida, aislamiento, balcones y contacto con la naturaleza. En medio de la Ciudad de México, el CAR intenta funcionar como un campamento apartado del ruido.
La suite de Rafa Márquez
Las suites quedaron para el cuerpo técnico. La principal será ocupada por Javier Aguirre en el Mundial, con espacio para trabajar, reunirse y preparar decisiones sin salir de la zona de concentración.
Pero durante el recorrido apareció también una habitación con historia propia: una suite junior diseñada por Rafa Márquez, quien relevará a Javier Aguirre después del Mundial 2026.
A diferencia de la suite principal, la habitación pensada para Márquez se diseñó como un espacio más pequeño, sobrio y funcional. Tiene cama king size, escritorio, frigobar, cafetera, tetera y vista al bosque.
No era una habitación para aparentar lujo, sino para tener tranquilidad, trabajar y descansar dentro de la concentración. El detalle importa porque muestra que el hotel no se pensó solo desde un plano arquitectónico, sino desde la rutina de quienes iban a vivir ahí.
En la misma zona está el llamado “búnker”, una habitación adaptada para que los jugadores reciban masaje o fisioterapia sin salir del hotel. Es un espacio discreto, pero resume la lógica de toda la renovación: quitar traslados, ahorrar energía y mantener al futbolista dentro de un circuito de trabajo, recuperación y descanso.
Los horarios del Tri
La selección mayor vive con horarios definidos. El desayuno es libre entre las 8 y las 9 de la mañana. Después, los jugadores regresan al hotel, se cambian, pasan al gimnasio y luego van a cancha.
Al terminar el entrenamiento, entran a hidroterapia, comen, descansan, toman un snack por la tarde y, si Aguirre lo decide, vuelven a una segunda sesión.
La cena comienza alrededor de las 8 de la noche. En una concentración así, descansar no es tiempo libre: también es parte del trabajo.
La hidroterapia fue otro salto. Antes había tinas pequeñas, útiles, pero limitadas. Ahora hay una zona completa con fosa fría a cuatro grados, alberca a temperatura ambiente, jacuzzi, sauna y vapor. El jugador termina en cancha y pasa al agua, como parte de su rutina de recuperación.
El comedor, otro gran cambio
La comida también dejó de ser una decisión general. Los futbolistas no consumen siempre lo mismo. Todo depende del peso, de la carga del día y del tipo de entrenamiento. Proteína, carbohidrato, creatina o suplementos se ajustan jugador por jugador.
El comedor también creció con lógica mundialista. Pasó a tener capacidad para atender hasta 210 comensales y puede recibir hasta tres selecciones al mismo tiempo, además del staff que trabaja en el CAR.
Pero su función no es solo alimentar a más personas: En una concentración de alto rendimiento, el comedor funciona como una extensión del área médica y de nutrición.
Los nutriólogos marcan el menú, los gramajes y las necesidades específicas. Aunque coman juntos, no todos comen igual. Uno puede necesitar más pasta; otro, más proteína o reducir ciertos alimentos. El chef ejecuta lo que nutrición define.
El segundo hotel, normalmente destinado a selecciones menores, también fue renovado y durante el Mundial tendrá una función especial: hospedará a parte de la comitiva de FIFA que operará el CAR desde el 5 de junio.
La Federación seguirá encargada de la operación diaria, pero el control administrativo, el ingreso de medios y la lógica de operación estarán bajo supervisión de FIFA.
La renovación no se limitó al alto rendimiento. El complejo también incorporó cambios ambientales: Se respetó gran parte del anillo verde que rodea al CAR, se ampliaron sistemas de captación de agua pluvial, se utiliza agua tratada para riego, hay iluminación LED y se proyectan celdas solares.
Las canchas, el hotel y el aislamiento natural funcionan dentro de la misma idea: crear un entorno controlado sin romper por completo con el bosque que rodea al complejo.
Durante el Mundial, el CAR no será únicamente la casa de la selección, sino la casa del equipo anfitrión dentro de la estructura oficial de la Copa del Mundo.
México dormirá, entrenará, comerá, recuperará y analizará ahí buena parte de los partidos que definirán un torneo en el que esperan hacer una actuación histórica.
La pregunta es si todo eso podrá trasladarse a la cancha. El CAR no corrige una mala decisión en el área, no resuelve la presión de jugar en casa ni garantiza que México encuentre respuestas futbolísticas cuando el partido entre a su punto más tenso, pero sí muestra una intención distinta: preparar el Mundial con menos improvisación, más control y una estructura pensada para competir desde el detalle.
