España repite la fórmula 16 años después: buen futbol, alegría y título mundial

Hoy la fotografía es muy similar: un equipo español levanta la Copa del Mundo frente a un estadio que canta y ondea banderas rojas y amarillas. La imagen es solo el final de una película con un guion muy similar al de la primera vez. El gol de Ferran Torres en el segundo tiempo extra es solo la confirmación de que los astros estaban alineados de una manera muy similar a su título de 2010.
España hizo del título una repetición.
Antes de comenzar el evento se marcaban demasiadas coincidencias con el 2010: el Mundial comenzaba un 11 de junio; en el primer partido estarían México y Sudáfrica; los españoles quedaron en el grupo H y, para agregar un poco más a la cábala, también cantó Shakira.
Te puede interesar: Madonna, BTS y Shakira brillan en el primer show del medio tiempo del Mundial 2026
Todo parecía una divertida anécdota, pero las similitudes se sumaban: al igual que sucedió en el Mundial de Sudáfrica, España tenía ocho seleccionados del Barcelona; no ganó su primer partido y enfrentó como tercer rival de grupo a un equipo dirigido por Marcelo Bielsa.
Más allá de las supersticiones, todas las señales del destino debían refrendarse con los pies.
Y así comenzaba la final en Nueva York. España interpreta uno de los estilos más puros del juego y basa su éxito en el vaivén del balón.
Es un equipo de alta costura. El llamado tiki-taka es un bordado de muchos puntos. La evolución de su juego casi siempre comienza desde sus defensas (incluso desde el portero Unai Simón) y, a partir de ahí, evoluciona por las diferentes regiones del campo.
Cuando rueda el balón, hipnotiza; casi como si convenciera de que debe llegar a la portería rival.
Así, España empezó a encerrar a su rival en su propio campo.
Del otro lado, Argentina se ajustó a su estilo mucho más pragmático, más directo y que siempre se mezcla con el contacto físico. Aunque por momentos intentó retener el balón, no tuvo la misma pureza española. Ensució el juego, pateó y empujó en los primeros minutos para distraer a la juventud española.
Las piernas jóvenes y habilidosas de Lamine Yamal eran la principal amenaza para la portería argentina. Por ahí se abría el carril y pronto dos atajadas de Emiliano “Dibu” Martínez intervinieron para que no se abriera el marcador. La banda derecha era una amenaza para los argentinos.
El estadio extrañaba la magia de Messi. Sin embargo, el astro necesitaba el balón y España no permitía que se lo acercaran a los pies. Al igual que hizo con Francia en la semifinal, cuando volvió fantasmal la presencia de Mbappé y Dembélé, España se apoderó de la pelota y no se la prestó a sus rivales.
España convenció también cuando no tenía la pelota. Su línea defensiva achicó con éxito la posición de fuera de lugar casi hasta medio campo. Cuando la pelota pasó, apareció Unai Simón, quien hoy se convirtió en el portero menos goleado en la historia de los Mundiales. Unai vigiló desde fuera del área como un líbero y deshizo los pocos riesgos antes de que llegaran a su portería.
Así contuvieron a un equipo argentino que nunca pudo llegar a la portería rival. Cuando se acercaba el final del tiempo regular, las estadísticas consignaban que España había tirado 20 veces a gol y Argentina, ninguna.
Los últimos minutos fueron de infarto. Los argentinos por fin se volcaron al ataque y tuvieron una primera oportunidad que desvió Unai Simón. El regreso igualmente fue de vértigo y derivó en una jugada en medio campo que provocó una segunda amarilla para Enzo Fernández, quien fue expulsado del juego.
Para cuando terminaron los 90 minutos, Argentina sangraba con una herida difícil de compensar con un hombre menos. Parecía que los albicelestes estaban perdidos; solo les quedaba su principal virtud de este torneo: el espíritu de supervivencia.
Las oportunidades se acumulaban, pero el dominio español extrañaba la presencia de un centro delantero nominal. Aun así, asediaba la portería argentina. Merino dio al minuto 102 un cabezazo frontal que sacó con autoridad el “Dibu” Martínez.
Mientras Lionel Messi ahogaba sus ansias sin el balón, España hacía que su éxito pareciera inevitable.
Y es donde nuevamente la cábala cobra sentido. En el ambiente se recuerda que el gol de Andrés Iniesta, aquel que le dio el título en 2010, también cayó en el segundo tiempo extra. España arrancó ese periodo con el ánimo de confirmar que el destino marcaba todo de su lado.
Y es así como llega un centro por la banda derecha. Nico Williams, casi pegado a la línea de fondo, regresa de cabeza para que Ferran Torres llegue firme, de zurda, y remate con potencia casi en el corazón del área.
Todo cobra sentido: los guiños iniciales, las primeras coincidencias, la evolución del tiki-taka... Pero no son solo los astros. España nuevamente es campeona del mundo porque ha definido un estilo futbolístico que hoy refrendó en Nueva York.
