La ola amarilla de Suecia devuelve el espíritu mundialista a Monterrey

El Mundial regresó a Monterrey y la ciudad volvió a vibrar para recibir la Copa del Mundo. En las inmediaciones del Estadio Monterrey se escucharon distintos idiomas, pero el color que predominó fue el amarillo de las camisetas suecas. Una auténtica ola amarilla cubrió la Sultana del Norte.
Largas filas se hicieron a las afueras del estadio, esperando que las puertas abrieran a las 5 de la tarde, tres horas antes del silbatazo inicial.
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Cientos de aficionados se congregaron en los alrededores del inmueble, pero a medida que se acercaba la hora del juego, una afición sobresalía por encima de todas. Los seguidores suecos, vestidos casi en su totalidad de amarillo, transformaron la calle en una auténtica marea escandinava que avanzaba entre cánticos y banderas ondeando bajo el cielo regiomontano.
Los cantos comenzaron a escucharse a varios metros de distancia. Primero como un murmullo lejano y después como un canto de guerra que se hacía cada vez más fuerte. Los aficionados suecos caminaban rumbo al estadio entonando canciones tradicionales de su selección, acompañados por tambores y aplausos que encontraban eco entre los fans mexicanos que no perdían la oportunidad de tomarse la foto con los ‘Hijos de Odín’.
Algunos aficionados escandinavos se detenían para aprender palabras en español, mientras otros se dejaban querer y tomar fotos gracias a que algunos se mostraban como auténticos vikingos.
Aunque en menor medida, los tunecinos también se hicieron presentes y no por ser menos, no dejaron de poner su parte en la fiesta en la que se convirtió el Estadio Monterrey.
Y una muestra de la globalización también se hizo presente, con Ara Maarouf, un aficionado sueco de ascendencia iraki que vino a visitar a un amigo mexicano y a ver el primer partido de su selección.
Lo curioso de Ara es que en solo 4 meses aprendió a hablar español. Dice que habla poco, pero la realidad es que lo hace muy claro. Este joven sueco dice convencido que ama México, especialmente la comida y que los tacos al pastor son sus favoritos.
Cuando las puertas del estadio terminaron por absorber a la multitud, quedó una imagen difícil de olvidar: una enorme ola amarilla avanzando hacia las tribunas entre cánticos y banderas. El futbol todavía no comenzaba, pero la fiesta mundialista ya estaba en marcha en la ciudad de las montañas.
