Tres pecados capitales para la eliminación de México

Después del silbatazo final, el silencio de los 80 mil aficionados que llenaron el Estadio Azteca sonaba casi tan fuerte como el dolor de todo un país. México terminó su Mundial en casa con una derrota ante Inglaterra, el millonario gigante que llegó a la Ciudad de México con muchos argumentos futbolísticos, pero, también, con el temor de enfrentar a un equipo verde inspirado y con el ruidoso respaldo de su afición.
A pesar de que las apuestas se emparejaron en las horas previas al juego, los 90 minutos mostraron la superioridad de los ingleses, que se llevaron la victoria por 3-2.
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A continuación, tres pecados que cometió la selección mexicana.
LA RUPTURA DE LA MURALLA DEFENSIVA
En los primeros cuatro juegos, México cumplió con un Mundial perfecto a la defensiva. Mantuvo su portería sin gol contra Sudáfrica, Corea del Sur, Chequia y Ecuador. Además de los primeros momentos contra Inglaterra.
Al minuto 36, Bukayo Saka corrió por la banda derecha, atrajo a los defensores mexicanos, llegó a la línea final y centró para que un remate de cabeza de Jude Bellingham rompiera la imbatibilidad mexicana.
Poco más de un minuto más tarde, México tardó en retomar la concentración y Bellingham volvió a rematar en el área chica. La muralla se había roto.
MÉXICO NO APROVECHÓ LA ALTITUD NI LA LOCALÍA
Según reconoció el director técnico de Inglaterra, Thomas Tuchel, su equipo salió los primeros minutos con poco despliegue físico para mitigar el impacto de la altitud de la Ciudad de México. Su postura defensiva inicial propició que México tuviera oportunidades de anotar desde un inicio. Sin embargo, los verdes no pudieron anotar antes que los ingleses.
A pesar de que el Estadio Azteca presumía su máxima capacidad y el apoyo incondicional con las porras y los cantos de las gargantas locales, muy pronto el juego comenzó a complicarse. México buscó el arco rival, llegó 18 veces a gol, pero solo pudo anotar dos. En sentido contrario, los ingleses mostraron pegada: con cinco llegadas anotaron tres goles, suficientes para avanzar a Cuartos de Final.
AGUIRRE SE QUEDÓ SIN VARIANTES TÁCTICAS
Tras la expulsión de Jarell Quansah por una fuerte entrada contra Jesús Gallardo (minuto 54), México encontró un momento anímico importante, además de la ventaja táctica que significa tener en el campo un hombre de más.
Sin embargo, la primera repuesta fue un nuevo gol de Inglaterra, que ponía el marcador 3-1. Con el tiempo en su contra, México tenía que ajustar pronto. El penalti de Raúl Jiménez acercó el marcador 3-2 y fue entonces que los cambios de Javier Aguirre comenzaron a amontonar hombres en la delantera.
Con Raúl Jiménez en el campo, Aguirre llamó a Santi Giménez. Además, sacó a Julián Quiñones y metió a Guillermo Martínez.
En los 20 minutos finales del juego, México llevó a cabo la misma fórmula: centrar desde las bandas para buscar un gol de cabeza, una de las especialidades históricas de los ingleses.
