Padres, hijos y la memoria afectiva del beisbol

Desde Yogi Berra nombrando a su hijo en honor a un rival ponchado en un Juego Perfecto, hasta Freddie Freeman corriendo hacia su padre tras un Grand Slam, estos episodios revelan cómo la narrativa del juego se entrelaza, muchas veces sin demasiado alarde, con la vida doméstica.
1990: Ken Griffey Jr., joven promesa de los Mariners, comparte el campo con su padre, Ken Griffey Sr.
1990: Ken Griffey Jr., joven promesa de los Mariners, comparte el campo con su padre, Ken Griffey Sr. / Ken Levine /Allsport

La historia del beisbol está hecha de proezas atléticas y lazos familiares que se entretejen entre innings y generaciones. En estos vínculos íntimos, a menudo invisibles, se esconde el corazón sentimental del juego.

Este recorrido repasa cinco episodios donde la paternidad y la pelota confluyen de modo inolvidable: Desde Yogi Berra nombrando a su hijo en honor a un rival ponchado en un Juego Perfecto, hasta Freddie Freeman corriendo hacia su padre tras un Grand Slam, estos episodios revelan cómo la narrativa del juego se entrelaza, muchas veces sin demasiado alarde, con la vida doméstica.

El linaje Berra y el juego perfecto de Don Larsen

La hoja de servicio de Yogi Berra conmociona a cualquiera: artillero de apoyo durante el desembarco de Normandía, receptor de leyenda, filósofo del beisbol, manager-jugador, estandarte de la clase obrera italoamericana. 

De todas esas facetas, la que menos interés despierta para fines divulgativos es la familiar. Además de Tim, un especialista en regresos de patada con los Baltimore Colts de la NFL, Yogi tuvo otro hijo: Dale, un infielder que pasó una década en Grandes Ligas sin grandes alardes de posteridad salvo por dos cosas: la sanción que recibió en 1985 por consumir cocaína y el origen de su nombre de pila. 

Dale Berra vio la luz en diciembre de 1956, meses después del juego perfecto que tiró Don Larsen en la Serie Mundial que disputaron los Yankees y los Dodgers. El último bateador de los Dodgers que compareció en el plato frente a la serpentina de Larsen fue el emergente Dale Mitchell

Es posible que Berra haya saltado a los brazos de Larsen, en una de las imágenes más memorables del beisbol, sabiendo que el hijo que venía en camino ya había sido bautizado.

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La dinastía Griffey 

Mucho antes que LeBron y Bronny James compartieran duela con los Lakers, Ken Griffey Sr. y Ken Griffey Jr. se convirtieron en el primer tándem padre e hijo en jugar en el mismo equipo: los Mariners de 1990.

Con Griffey Jr. en medio de su segundo año profesional con Seattle, Griffey Sr., un veterano de 17 temporadas, se quedó sin equipo tras ser liberado por los Cincinnati Reds. Cinco días después, los Mariners le extendieron una invitación para integrarlo al roster junto a su hijo, la nueva cara de la franquicia. 

El 14 de septiembre de 1990, los Griffey conquistaron una de las hazañas que más impacto han tenido en la construcción de la historia sentimental del beisbol de Grandes Ligas: conectar cuadrangulares espalda con espalda en un juego frente a los Angels. 

Aquí es pertinente un matiz: el swing más hermoso siempre le perteneció al hijo. 

Los Valenzuela en Mexicali

Inmerso en el primero de sus retiros, Fernando Valenzuela, que venía de trabajar como comentarista oficial de los Dodgers de Los Ángeles, consiguió volver para jugar pelota invernal con las Águilas de Mexicali en la Liga Mexicana del Pacífico. 

Para la temporada 2006-07, el Toro de Etchohuaquila no sólo ostentó el privilegio de comulgar en el mismo clubhouse con su hijo, Fernando Jr., sino también de galopar el mismo diamante. El padre como abridor zurdo y el hijo como primera base de poder. 

“La felicidad que me dio compartir diamante con mi papá, ayudarlo a ganar y devolverle un poquito de lo que él me dio, ha sido la mejor experiencia de mi vida”, contó el hoy presidente de los Tigres de Quintana Roo y otrora prospecto de Grandes Ligas con los Padres de San Diego.

Dusty Baker y el niño en home plate

Ocurrió en octubre de 2002, en el clímax emocional de una Serie Mundial que enfrentaba a los San Francisco Giants contra los Anaheim Angels. Un niño diminuto, embutido en el uniforme del equipo de la bahía, corrió hacia el plato para recoger el bate que Kenny Lofton había dejado caer tras conectar un triple impulsor.

Ese niño era Darren Baker, hijo del entonces mánager Dusty Baker, y tenía apenas tres años de edad. Cumplía con el tierno rol de bat boy, una costumbre afectuosa que permitía a los hijos de los peloteros acompañarlos en la cotidianidad del diamante. 

En plena euforia de una carrera anotada por J.T. Snow, Darren, inconsciente del vértigo del momento, se apresuró al plato para recoger el bate mientras el juego seguía su curso. Snow, tras anotar, debió improvisar una maniobra de salvataje: en plena zancada, lo alzó por la chamarra para apartarlo de la trayectoria del siguiente corredor, David Bell, que llegaba a toda velocidad. Fue un acto reflejo que evitó una tragedia inminente. 

Más de dos décadas después, en 2024, Darren hizo su debut en las Grandes Ligas con su padre viéndolo desde las gradas, como si su futuro en el beisbol ya estuviera escrito. Y todo por querer recoger un bate antes de tiempo.

Freedie Freeman: La catarsis de correr a los brazos de papá

En el vasto tejido de emociones que compone una Serie Mundial, hay momentos que trascienden el marcador. Se quedan impresos en la memoria afectiva del juego. Uno de esos momentos ocurrió en el juego 1 de la Serie Mundial de 2024 entre Yankees y Dodgers, cuando Freddie Freeman conectó un Walk-off Grand Slam y, sin detenerse a saborear el júbilo, corrió hacia su padre en las gradas

La vida de Freeman no se comprende sin el dolor prematuro. A los 10 años perdió a su madre, víctima de un cáncer fulminante. Fue entonces cuando su padre, Fred Freeman, se convirtió no solo en su sostén emocional, sino también en su entrenador y confidente. 

Un par de años más tarde, ese mismo amor se trocaría en reciprocidad cuando Freddie intervino para salvarle la vida a su padre. Después de detectar síntomas preocupantes y frente a la reticencia de Fred, insistió en llevarlo al hospital.  Fue una intuición filial que resultó providencial. "El médico entró en la habitación, y yo estaba con mi papá. Y me dijo: "Señor Freeman, qué suerte tuvo de venir al hospital esta noche. Si no hubiera venido y se hubiera quedado dormido, probablemente habría muerto mientras dormía", le contó el primera base de los Dodgers a ESPN.

El padre de Freddie se prometió a sí mismo mejorar su salud, mantenerse activo, y estar presente el mayor tiempo posible. Así fue como, día tras día, bajo el sol californiano, empezó a lanzarle pelotas en prácticas de bateo hasta el agotamiento. "Ese es básicamente su momento... Ese es el momento de Fred Freeman”, dijo Freddie en entrevista después de batear su Grand Slam. Aquella rutina, nacida de una promesa íntima, forjó el swing elegante de su hijo y cimentó una relación que ningún estadio, por grande que sea, ha podido contener.


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Alejandra González Centeno
ALEJANDRA GONZÁLEZ CENTENO

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.

Ricardo López Si
RICARDO LÓPEZ SI

Editor en Sports Illustrated México. Periodista y escritor.