El Abierto Mexicano de Tenis: 33 años de resiliencia entre huracanes, mudanzas y leyendas

El Abierto Mexicano de Tenis ha resistido a cambios de cancha, mudanzas de ciudad, superó abandonos como el de Maria Sharapova o Rafael Nadal, atravesó una pandemia y soportó los embates de dos huracanes en los últimos años y sin renunciar a su cita con la historia durante 33 años.
De 1993 a 1999 el torneo se disputó en la Ciudad de México, en el Club Alemán, lugar donde el austriaco Thomas Muster se coronó como el primer campeón, a la postre tetracampeón. Una hegemonía inolvidable.
La edición de 1999 no se realizó. Al siguiente, regresó con brío renovado para integrarse a la categoría International Series Gold del ATP Tour. Aquella aparición también marcó una despedida. Por última vez el torneo se jugaba en las canchas del Club Alemán, que fueron testigo de un vaivén de raquetas, el silencio expectante del tenis y el eco seco de la pelota en la línea.
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La sudafricana Amanda Coetzer y el brasileño Gustavo Kuerten inauguraban con sus títulos una nueva era que comenzaba en Acapulco, en el 2001. A lado del mítico Hotel Princess, cuya fachada era reconocida por ser escenario películas y programas de la televisión mexicana.
En unas gradas temporales año con año se montaba el estadio principal. Los fuertes vientos llegaban a tambalear los asientos de las gradas en las noches de partidos estelares.
El lobby del Princess era el paso principal de los tenistas que a solo a unos pasos llegaban directo al complejo Mextenis. Eran interceptados por las infancias para firmas y fotografías. La playa era un atractivo y el sonido de las olas acompañaba el compás de las raquetas.
Los nombres de los españoles David Ferrer y Carlos Moyá apenas aparecían en los carteles. Lejos estaban todavía de convertirse en las leyendas del tenis. Ferrer sería con el tiempo uno de los tres tetracampeones de la historia del torneo ––los otros: Muster y Rafael Nadal––. Y Moyá sería el entrenador que acompañaría a Nadal en la última etapa de su carrera.
Uno de los pocos jugadores que regresarían al torneo como entrenador. Una similitud que comparte actualmente con el argentino David Nalbandian, coach del búlgaro Grigor Dimitrov, en la presente edición del torneo.
Una tercera etapa del torneo llegó con el cambio de cancha de arcilla a dura en el 2014. El objetivo era atraer a un mayor número de jugadores. Acapulco sería entonces un atractivo de la zona diamante de Guerrero para la gira de cancha dura y la cercanía de los Masters 1000 de Indian Wells y Miami, en Estados Unidos.
Una especie de anzuelo. De poder a poder competir con Dubai, donde el dinero es infinito. La geografía le favorecía al torneo mexicano.
A 14 mil 663 kilómetros jugaba un joven suizo llamado Roger Federer. La apuesta consistía en fichar al mayor número de jugadores Top 10 posible, algo equivalente a su perla suiza.
Por su arcilla desfilaron nombres como Rafael Nadal, Venus Williams, Sara Errani, Juan Ignacio Chela, Nicolás Almagro, David Ferrer, Andy Murray o Juan Martín del Potro. El ex número uno del mundo, el serbio Novak Djokovic jugó en la pista dura del torneo en 2017. Una invitación que aceptaba un jueves previo al arranque del torneo. De última hora la noticia daba la vuelta al mundo. Djokovic en México.
Por primera vez en la historia participaban seis jugadores del Top 10, un cuadro de ensueño para el torneo.
La noticia del retiro de la rusa Maria Sharapova por una infección estomacal ––la denominada “La Venganza de Moctezuma”–– impactaba en la imagen del torneo en el 2015. La superestrella llegaba como número dos del mundo y como la principal favorita al título. No disputó las Semifinales y su abandono acaparaba las portadas de las secciones deportivas del país.
Rafael Nadal llegó con dudas al Abierto Mexicano de Tenis 2018 por una lesión en la rodilla derecha que arrastraba desde el Abierto de Australia. La organización del torneo convocó a una urgente rueda de prensa por la tarde sin especificar el motivo. En el aire se respiraba tensión.
La sala de prensa repleta de periodistas de México y del extranjero. El español apareció en la sala de prensa. Los flashes como ráfagas. Nadal todavía no pronunciaba una palabra alguna, la expresión en su rostro era el preludio de la noticia: Rafael Nadal era baja de última hora y no debutaría en el torneo. La afición que hacía largas filas para entrar al complejo se enteraba en ese momento.
Con el tiempo, el Grand Stand del Complejo Mextenis dejó de ser suficiente en capacidad para albergar a la afición que asistía. Un gran número de personas aficionadas al tenis hacían filas sin la promesa de poder entrar. Esto obligó al torneo a construir un nuevo hogar para el torneo de Acapulco con la aspiración de convertirse con el tiempo en un Master 1000.
Muestra fue que en uno de los partidos de la mexicana Renata Zarazúa ––en la última edición de la rama femenil en 2020–– parte de la afición no la vio jugar, solo el sonido de la victoria se respiraba en el aire, llegaba a unas históricas Semifinales. Decenas de personas hicieron fila y se quedaron fuera, el aforo sobrepasaba. Era el último torneo que se jugaba junto al Hotel Princess.
El primer caso de Covid en México se registró el 27 de febrero de ese año, cuando se disputaban los Cuartos de final del torneo. En el ambiente había preocupación. La noticia circuló en el complejo, la gente se informaba por sus teléfonos. No era fácil predecir lo que vendría.
El 2021, la edición del silencio. La famosa burbuja que aislaba a los tenistas. Los jugadores eran sometidos a pruebas covid, las mascarillas eran la nueva norma. El aforo fue reducido casi a la mitad y la prensa cubrió a distancia el torneo que fue reprogramado a marzo, en lugar de febrero.
Las imágenes del nuevo complejo del Abierto Mexicano inundado. El estadio principal irreconocible. Las palmeras caídas unas sobre otras. El huracán Otis arrasó con las instalaciones. Un año y medio antes se había inaugurado, en 2022. La organización comenzó una reconstrucción en tiempo récord, el director Álvaro Falla anunció que la edición del 2024 se jugaría con un 70 por ciento de recuperación.
La reconstrucción del complejo se realizó en 120 días. El proceso de levantarlo comenzó desde la estatua en la entrada principal, sin una ala, sin rejas, las velarías se habían caído. Una de las canchas sufrió daños mayores al quedarse sin la mitad de la electricidad y no había gradas después de que un árbol cayera encima.
Miembros del staff perdieron sus casas, el dinero que recibieron por su trabajo en ese año sería destinado a comprar tinacos, reparar paredes o comprar material de construcción. Una de las decisiones más importantes fue que el torneo se quedara en Acapulco y la ATP apoyó la decisión.
Esta tarde Esmeralda, trabajadora del AMT 2026, espera que las puertas abran para recibir a la afición de la edición número 33. Su trabajo consiste en recargar las aplicaciones y revisar los saldos de las pulseras electrónicas de la gente que llega al complejo. Dice que es la fuerza de la ciudadanía de Guerrero la que ha logrado levantar al torneo a lo largo de su historia.
Roberto se encarga de supervisar los alimentos en uno de los locales al rededor del estadio, revisa las comandas y gira indicaciones al personal de cocina. Su día en el Abierto transcurre en cuidar los alimentos.
Eso es lo que hace Acapulco. La gente que opera al rededor del torneo. Desde que quien toma las decisiones de mayor riesgo a la cabeza del torneo hasta quienes en esta semana realizan su trabajo como si se tratara de una misión.
