Edgar Chairez: el niño que perdió la vista de un ojo y que luchó por llegar a la UFC

Mexicali lo parió. Un balonazo a los once años le arrebató la visión de un ojo y pudo haber terminado todo ahí. En cambio, Edgar Chairez convirtió esa herida en combustible. Hoy, con récord de 12-6-1 en el mundo profesional y cinco peleas dentro de la UFC, "Puro Chicali" sube al octágono de la Arena Ciudad de México como uno de los nombres que más ilusión despierta en la división mosca mexicana.
Todo empezó frente al televisor. "Miraba Dragon Ball Z, miraba sábado de boxeo, miraba sábado de lucha. Todo eso desde chiquito me envolvió". El golpe final lo dio un vecino entrenador de kung fu que, según Chairez, entrenaba igual que Goku. Esa imagen bastó. Lo que empezó como curiosidad de barrio derivó en una obsesión, y la obsesión en una carrera. "He dedicado mi vida a sacrificarme, en no hacer otras cosas más que entrenar. Eso es lo que más me ayudó".
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Si pudiera hablarle al Chairez de aquellos años, el mensaje sería directo. "Deja más. Había dos o tres cosas de las que yo decía 'no ocupo sacrificar', pero ahora me hubiese gustado desde mucho antes haber hecho esos sacrificios para evolucionar más". Una reflexión que dice mucho de quién la hace: alguien que ya lo dio casi todo y aun así siente que pudo haber dado más.
La llamada de la UFC llegó después de años de tocar puertas. El Contender Series, las negativas, la espera. Cuando finalmente sonó el teléfono, Chairez no sintió euforia sino alivio. "Fue un desahogo de mi vida. Primero era un sueño, pero ya después era una meta porque sabía que iba a estar ahí".
La madurez que llegó con el tiempo
Su paso por la UFC no fue perfecto. Perdió ante Tatsuro Taira en su debut, vivió la frustración de un no contest polémico ante Daniel Lacerda y cayó ante Joshua Van en una pelea donde tuvo al rival en problemas pero no pudo cerrarla. Chairez no le huye a esos recuerdos, los usa.
"Parte de la madurez deportiva. Me dejé llevar mucho por la emoción en momentos donde los tenía tocados, cedí posiciones donde me retenían y ya no pude continuar con la finalización". Esa inmadurez, dice, quedó atrás. La prueba más clara llegó el 29 de marzo de 2025, cuando sometió a CJ Vergara en el primer asalto ante el público de la Arena Ciudad de México y rompió en llanto al recordar a su abuelo. La arena entera empezó a corear su nombre.
Sobre el aspecto mental no tiene dudas: es lo primero. "Lo mental te lleva a lo físico. Si no estás bien en la mente, no vas a tener un rendimiento apto, ni siquiera vas a poder entrenar." Esa convicción la forjó en el año que estuvo fuera del octágono. "Pude aprender muchas cosas, cómo manejar mis emociones, mi mentalidad. Los tiempos de Dios son perfectos. Me dio un año para evolucionar lo que van a ver el sábado".
Y sobre pelear en casa, en cartelera estelar, tiene una respuesta que arranca sonrisas. "Antes me gustaba estar en las primeras peleas porque salía muy rápido, iba a comer y me regresaba a ver a mis compañeros pelear. Ahora estoy hasta el último, cuando terminas todo el proceso después de una pelea ya no tienes tiempo, ya se acabó el evento." Una pausa. "Pero no hay ninguna presión. Es algo bonito".
El sábado, en el UFC Fight Night del 28 de febrero, Chairez se mide ante el brasileño Felipe "Felipinho" Bunes, un especialista en jiu-jitsu con cinturón negro, récord de 14-8 y nueve victorias por sumisión a lo largo de su carrera. Un rival peligroso en el suelo, pero Chairez llega con un argumento que considera decisivo: la altura. "Mi rival llegó hoy a Ciudad de México. Yo sí respeté la altura, tengo mucho tiempo aquí y estoy muy preparado. Lo voy a cansar, lo voy a golpear mucho y lo voy a noquear".
La meta va más allá de la victoria del sábado. Con derrotas ante Taira, el rankeado número tres de la división, y ante Joshua Van, el actual campeón mosca de la UFC quien próximamente defenderá el cinturón ante el propio Taira, Chairez considera que ya demostró de qué nivel es. "Ya peleé con el campeón y con el rankeado número tres. A los dos estuve a punto de finalizarlos". Este año, dice, lo quiere usar para competir, hacer tres o cuatro peleas y entrar al top de la división.
Con el primer sueldo que cobró en la UFC se compró un Honda. Sin lujos, sin aspavientos. Puro Chicali. Y cuando se le pide que se defina en tres palabras, no lo piensa dos veces: "El más chingón, americanista y el mejor." La misma seguridad que lleva al octágono la lleva a cada conversación.
Para los jóvenes que sueñan con seguir su camino, el mensaje es tan simple como el origen de todo esto. "Hagan lo que quieran. Si quieren ser el mejor peleador, simplemente hagan sacrificios y dediquen su tiempo a esto. Es difícil, pero lo pueden lograr".
El sábado 28 de febrero, en la Arena Ciudad de México, Edgar Chairez tendrá otra oportunidad de probarlo. Con un ojo, con todo.
