“Los coaches del Super Bowl LX fueron los más inteligentes de mi carrera”

SAN JOSE — Jadeveon Clowney, ex primera selección global del NFL Draft en 2014, lo predijo hace un mes. Dijo que un grupo de 14 equipos en los playoffs de la NFL se reduciría hasta llegar al Super Bowl LX y que ahí estarían Seattle y New England. Y así fue: el Super Bowl LX incluye justo a esos equipos, tal como anticipó el especialista en capturas, que bien podría tener futuro como pronosticador.
Clowney eligió a esos equipos a partir de una opinión bien informada, tras haber jugado tanto para Mike Vrabel como para Mike Macdonald a lo largo de su carrera de 12 temporadas en la NFL con siete franquicias distintas. A ambos los admiró, especialmente por su inteligencia. Macdonald era brillante, y su brillantez está bien documentada. Pero Vrabel también lo era, solo que no de una manera tan evidente ni exteriorizada.
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“Le dije a todo mundo, en todos los lugares donde estuve, que Mike Vrabel fue el coach más inteligente para el que jugué”, dice Clowney. Más adelante, en la misma entrevista con Sports Illustrated, agrega un apunte: “Esos dos tipos, para ser honesto, fueron los más inteligentes de mi carrera”.
Ahí terminan las similitudes entre Vrabel y Macdonald, más allá de su intelecto y de su capacidad para traducir un profundo conocimiento del futbol americano en conceptos aplicables —en fracciones de segundo— frente a decenas de miles de aficionados gritando. Clowney encontró que la manera en que cada uno operaba contrastaba notablemente con la del otro. Macdonald, coordinador defensivo de Baltimore durante la temporada de Clowney ahí (2023), no sostenía muchas conversaciones profundas con sus jugadores ni, según recuerda Clowney, demasiadas conversaciones en general. Hablaba en términos puramente futbolísticos. “Definitivamente más nerd”, dice Clowney, y lo dice como un cumplido.
Vrabel hablaba el mismo idioma, pero no de la misma forma. Houston lo convirtió en su coach de linebackers en 2014, encargándole el desarrollo de Clowney, la primera selección global del draft. El alma de un campeón retirado todavía emanaba de cada poro de Vrabel. Se burlaba incluso de sus propios jugadores. A Clowney le tomó tiempo entender y delimitar el enfoque de Vrabel. El coach no estaba proclamando su superioridad en el campo; quería optimizar los dones naturales de sus jugadores, tal como lo había hecho él mismo cuando jugaba, con muchos menos atributos naturales a su favor.
“Es su estilo de coacheo”, dice Clowney. “Yo era su novato”.
Vrabel le enseñó a Clowney lecciones que siguen sosteniendo la carrera del edge rusher, quien acumula 66.5 capturas en su trayectoria profesional. Clowney creía que sabía de futbol americano. Vrabel le mostró qué tan poco sabía en realidad. Desmenuzó el juego en todos sus componentes, explicando cada uno con un nivel de detalle minucioso.
En Houston, Clowney no sabía mucho sobre esquemas avanzados contra la carrera; en South Carolina aterrorizaba ofensivas principalmente gracias a una capacidad atlética fuera de serie, ventajas físicas y pura voluntad. Vrabel le enseñó cómo funcionaban los ataques terrestres en la NFL, cómo identificar jugadas a partir de las formaciones, cómo se alineaba el corredor, cómo colocaba su cuerpo, la cabeza o los ojos antes del snap. Clowney notó algo más: Vrabel conocía y entendía a los linebackers suplentes de los Texans tan bien como al prospecto generacional que compartía el mismo grupo de posición.
“Ahí es donde Vrabel se separó de otros coaches para los que he jugado”, dice Clowney. “Conoce el juego. Me enseñó muchísimo futbol americano”.
Vrabel también tenía un lado sensible, del tipo que termina por ganarse a los jugadores, incluso cuando se trata de un tipo rudo, un capataz o un genio táctico. Vrabel puede ser las tres cosas y, además, empático; sorprendentemente, notablemente humano. Clowney se rompió el menisco derecho en su debut en la NFL, y el impacto de esa lesión —producto del choque entre las expectativas y la incapacidad de cumplirlas de inmediato— lo llevó a lugares oscuros. Fue entonces cuando su coach de posición, el mismo que lo presionaba y le hablaba fuerte, también se convirtió en su animador de 1.93 metros y alrededor de 118 kilos. “J, tienes que empujar a través de estas cosas”, le decía Vrabel, mientras lo animaba a mantenerse positivo y a enfocarse en lo que sí podía controlar: la rehabilitación de su rodilla lesionada. “Estoy contigo”, le decía. Y Clowney le creía.
Aún puede escuchar esas frases tan propias de Vrabel. ¡O le vas a partir la madre, o él te la va a partir a ti! ¡Es un juego de hombres! JD, yo jugué este deporte con violencia y con mucha pasión!
Clowney jugó para Dallas esta temporada. Dice que respetó a todos sus coaches en cada parada de su carrera. Antes de continuar, hace una aclaración: no intenta desacreditar a ningún otro coach con el que haya trabajado. Pero asegura que ninguno combinó, como Vrabel, el dominio táctico, la supremacía motivacional y la empatía.
“No tiene nada de malo”, dice Clowney. También le encantó jugar para Macdonald. Se define como un “gran fan” de la personalidad de Macdonald. En contraste, sobre Vrabel comenta: “Eso me encanta. Se me pega un poco más porque es más agresivo. A veces necesitas ese amor agresivo a tu alrededor. Y yo lo necesitaba cuando no podía jugar y mi cabeza estaba en un mal lugar, y Vrabel me ayudó a salir de ahí”.
Clowney entiende estos conceptos a un nivel muy distinto al de la mayoría; principalmente, por el tamaño de su muestra. Ha jugado para decenas de coaches defensivos. En algunas etapas, poco después de salir de Houston, se preguntaba por qué ciertos esquemas no funcionaban tan bien como los planes de juego de Vrabel, que con frecuencia salían exactamente como estaban diseñados.
Con el tiempo, respondió su propia pregunta. “Es por la manera en que son entrenados”, dice Clowney. “Como cuando llegué por primera vez a Dallas (2025) —no estoy tratando de señalar a nadie—, pensé: ‘Esto no es suficiente’.
“Puedo decirte ahora mismo que he jugado en esquemas en los que pensé: ‘Esto no es’, pero ni modo. Seguimos con ello. Lo soporté todo el año. Sabía dónde íbamos a terminar”.
Sobre el Super Bowl LX, Clowney afirma: “Este va a ser uno de los juegos defensivos y fundamentales más espectaculares que hayamos visto en un Super Bowl”.
Eligió a los coaches de estos equipos hace un mes. Y si tiene que inclinarse por uno, Clowney dice que elige a los Seahawks. En su opinión, tienen una mejor línea ofensiva y también le da una ligera ventaja a la línea defensiva de Seattle.
Q&A: Kolohe Andino sobre Sam Darnold
La conversación de hoy presenta a Kolohe Andino, surfista profesional y olímpico ya retirado, amigo de Darnold y, al igual que él, originario de San Clemente, California.
Sobre su amistad:
“Es simplemente mi hermano. He estado apoyándolo pase lo que pase”.
Sobre el campeonato de la NFC:
“Fue un mar de lágrimas en todos lados (en casa). Todo el mundo estaba llorando. Él es tan ecuánime; esa es la parte más badass de Sam. Está levantando el trofeo de campeón de la NFC y apenas esboza una sonrisa. Es como realeza del deporte estadounidense ahora. Pero no se comporta así. Yo estaba llorando, pensando: ‘Esto se siente como una historia de Hollywood’”.
Sobre las narrativas:
“A mí me descartaron toda la vida; el tipo que no rinde, bla, bla, bla. Sé lo que se siente. A Sam no le importa. Es el quarterback más ganador de los últimos dos años. Yo lo conozco. Solo quiere ganar”.
En su defensa:
“Antes me agüitaba. Tenía amigos que me decían, directo, que apestaba o algo así. En mi cara. Y yo me ponía todo a la defensiva”.
Sam es…: “Feliz. Encendido”.
Super Bowl XLIX revisitado
Para el Super Bowl LX, pasé varias horas revisando lo que he escrito sobre los Patriots y los Seahawks desde más o menos 2013. Y, al leerlo, me sorprendió cuántos eventos de hace años moldearon a los protagonistas del LX, las narrativas que envuelven a ambos equipos y una cantidad de conexiones mucho mayor de la que casi cualquiera esperaba.
Esto es de la historia de portada que escribí sobre Pete Carroll en la temporada baja posterior al XLIX, cuando los Seahawks estuvieron a nada de entrar en la conversación de dinastía. Era una visión optimista sobre cómo ese grupo sanaría. En su momento sonó un poco demasiado optimista, aunque no como se lee ahora, con 12 años de perspectiva:
Carroll cree que tomó la decisión correcta. Nunca ha titubeado en eso. Donde algunos dicen “la peor decisión posible”, él dice “el peor resultado posible”. Esa es su distinción, y se mantiene firme. Pero eso no detendrá las preguntas. “Sé que quieren saber —todo el mundo quiere saber, la intriga, la profundidad y todo eso”, dice. “Y cuánto dolió.
“Nunca lo sabrán. No puedo hacer que lo entiendan. Pones todo en tu vida en algo y —sale bien, sale mal— vive dentro de ti. Se vuelve parte de ti. No voy a ignorarlo. Voy a enfrentarlo. Y cuando vuelva a surgir, voy a pensarlo y seguir adelante. Y usarlo. ¡Usarlo!”
Al observar su roster, Carroll dice que este equipo es más profundo de lo que era un año antes, más cercano a lo que tenían cuando ganaron el Super Bowl XLVIII. “El reto está ahí otra vez. Aquí vamos”, dice. Sus ojos se entrecierran. “¿Escuchas lo que te estoy diciendo?
“Saldremos de esto mejores que si hubiéramos ganado”.
El regalo de cumpleaños definitivo
El safety de los Seahawks, Nick Emmanwori, cumplirá 21 años —sí, no es un error— este mismo sábado. Dejando de lado que jugó a nivel All-Pro esta temporada, iniciando 14 partidos y participando en 11, mientras se convertía en esa pieza múltiple, versátil y móvil que toda gran defensiva de Mike Macdonald necesita, todo antes de poder pedir legalmente una bebida alcohólica. Le pregunté la semana pasada cómo pensaba celebrar sus 21. “Prepararme para (el Super Bowl)”, respondió. “Ir por ese anillo. Pedir un deseo de cumpleaños. Despertar. ¡Y hacerlo realidad!”
“Nadie de mi edad debería tener una estatua”
Tom Brady, sobre su estatua en New England, que los Patriots mostraron por primera vez a inicios de esta temporada al inducirlo al anillo de honor del equipo: “Vuelvo a pensar en estas cosas una y otra vez”, le dice a Sports Illustrated. “Todavía me siento joven, y sigo creyendo que nadie de mi edad debería tener una estatua. Obviamente, estoy agradecido. No lo esperaba. Lo aprecio enormemente. New England dejó una marca imborrable en mí. Y cuando develaron la estatua, fue algo que te deja con la boca abierta”.
Sobre el trasfondo
Apúntenlo como estrategia. Pero he hablado con personas que juran que la lesión en el oblicuo de Darnold no está ni cerca de sanar. La mayoría usa ese dato para hacerlo ver más heroico. También he hablado con otros que aseguran que está bien y que no se verá afectado esta semana, mucho menos el domingo. Créanles exactamente a… ninguno. Puede sonar exagerado, pero es cierto. La mitad de esta semana se trata de difundir desinformación. Es mucho más común de lo que parece.
Solo en el Super Bowl
De los 20 que he cubierto, nunca había visto uno tan oscuro como este. La mejor parte, honestamente, fue la fila afuera. No daba la vuelta a la manzana. Daba la vuelta a tres manzanas. Casi formaba un cuadrado. Había cientos y cientos de personas en esa fila. Ahora bien, no soy de esos reporteros que encuentran fascinante nuestro trabajo. La mayoría de los jóvenes periodistas que me acompañan terminan quedándose dormidos. Así que nunca he entendido del todo el atractivo de esto.
La mayoría de los jerseys: número 12. Pero divididos entre distintas versiones del jersey de Brady en New England y aquellos aficionados en Seattle que, principalmente, apoyan a otros aficionados.
Cita sin contexto
“¿Alguna vez has visto una entrevista desde 200 pies de distancia?”
Contexto
Lo dijo un aficionado, en esa fila. Y la respuesta, esperamos, fue “no”.
