Del cuero a salvar vidas: la evolución del casco en la NFL

El consenso es homogéneo. El casco en la NFL evolucionó de ser un elemento casi decorativo —en los orígenes del futbol americano profesional— a convertirse en una pieza fundamental para la protección del jugador. Hoy, la tecnología y décadas de investigación lo han transformado en un dispositivo de vanguardia, clave para entender cómo el deporte más estadounidense ha enfrentado el riesgo físico con el paso del tiempo.
Año con año, la liga impulsa nuevos mecanismos tecnológicos para mejorar la seguridad de los jugadores de sus 32 equipos. A través de su programa Football Research, la NFL invierte millones de dólares en investigación científica y desarrollo tecnológico, con especial énfasis en la protección neurológica frente a los impactos propios del juego.
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Hoy los cascos muestran una evolución similar a la del material y chasis de un automóvil, tanto en diseño como en niveles de absorción de impacto. A diferencia de antaño, los jugadores utilizan cascos especializados de acuerdo a su posición en el campo. Esto es: un quarterback no usa el mismo que un corredor o un liniero. Cada especialista tiene una protección en la cabeza acorde a la investigación del tipo de contacto que enfrenta.
Otro programa angular para la NFL y la protección brindada por los cascos es el Helmet Challenge. A través de esta iniciativa la liga ofrece incentivos económicos a manera de premio al desarrollo de modelos más seguros para este deporte esencialmente de contacto. Los desarrolladores con cascos con mayor nivel de protección reciben una recompensa.
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Los cascos de esta generación incluso pueden ser diseñados a través de tecnología en 3D para volverlos personalizados a cada jugador. Además, algunos de ellos cuentan con sensores para recabar datos como la fuerza de los impactos, la dirección y la reiteración de los golpes. Todo en busca de mitigar el riesgo de conmociones cerebrales y secuelas futuras.
La evolución a lo largo de los años
El gorro de cuero (1900 –1930)
En las primeras décadas del futbol americano profesional, la protección de la cabeza era mínima. Los jugadores utilizaban gorros de cuero blando, cuyo objetivo principal era evitar cortaduras, no absorber impactos. Con el paso de los años aparecieron versiones ligeramente más robustas, con orejeras y cinta para la barbilla, aunque seguían ofreciendo una protección muy limitada frente a la violencia del juego.
Aparece el plástico (1930–1940)
A mediados de los años treinta comenzaron a circular cascos fabricados con fibra, que funcionaron como transición entre el cuero tradicional y los materiales sintéticos.
El gran avance llegó en 1939 con el casco de suspensión plástica diseñado por John T. Riddell. Tras probar su eficacia fuera del deporte, el diseño se trasladó al campo y marcó el inicio de una nueva era. En 1943, la NFL hizo obligatorio el uso del casco.
A cubrir la cara (1950–1960)
La atención se desplazó hacia el rostro. Durante los años cincuenta comenzaron a incorporarse máscaras faciales para proteger la mandíbula y la parte inferior de la cara, una zona especialmente vulnerable, al mismo tiempo que la NFL ajustaba el reglamento para evitar su uso indebido.
Surgieron sanciones específicas por sujetar la máscara de un rival. Se reglamentaron las dimensiones y requisitos técnicos que sentaron las bases del casco moderno.
La ciencia toma el control (1970)
En 1973, se publicó el primer estándar de rendimiento para cascos de futbol americano. Se introdujeron pruebas de impacto y criterios objetivos para aprobar o rechazar modelos. Esto transformó el diseño del casco.
Las rejillas multibarra comenzaron a sustituir a las máscaras simples y aparecieron modelos pensados para distintos perfiles de contacto.
El casco se convierte en norma (1990–2000)
Durante los años noventa y los primeros dos mil, los fabricantes se concentraron en perfeccionar la estructura externa del casco y sus sistemas internos de amortiguación. Se ajustaron geometrías, acolchados y protectores de barbilla para mejorar estabilidad y absorción de impactos.
Para la NFL, el uso correcto del casco pasó a ser un requisito obligatorio para competir.
Medición de impacto (2010–2025)
En la etapa más reciente, la NFL y la asociación de jugadores implementaron un programa anual de evaluación en laboratorio que clasifica los cascos según su capacidad para mitigar impactos de acuerdo a cada posición.
La incorporación de herramientas como el Guardian Cap —una especie de funda sobre el casco— en prácticas y partidos responde a esa lógica de reducción de impactos y prevención de lesiones.
Un sistema, no solo un casco (2025)
Hoy, el casco forma parte de un ecosistema integral de seguridad que combina estándares técnicos, regulación estricta, análisis de datos y cumplimiento en el campo.
Su elección ya no se basa en preferencia, sino en desempeño medido y adecuación por posición. El casco ya representa la forma en que la NFL enfrenta el riesgo inherente a su deporte: con tecnología, reglas y un enfoque preventivo en constante evolución.
