Shai Gilgeous-Alexander: un traspaso para recordar

Lawrence Frank hizo lo que cualquiera hubiese hecho en su lugar para intentar revertir la crisis perenne de un equipo de baloncesto en las antípodas del glamour y la popularidad: acumular estrellas.
No es que el entonces director de operaciones de Los Ángeles Clippers haya subestimado el potencial del base canadiense Shai Gilgeous-Alexander después de una prometedora temporada de novato en la 2018-19. En realidad, Frank creía fervientemente —como cualquiera que haya visto baloncesto la última década— que juntar a Kawhi Leonard y Paul George planteaba un camino con mayores certezas competitivas.
Tampoco se puede obviar el hecho de que Leonard, que venía de ganar un título con los Toronto Raptors en su única temporada con el equipo, impuso las condiciones típicas de una pieza de mercado apetecible: una segunda espada.
Pero no cualquier espada: específicamente Paul George, con el que tenía una afinidad más allá de la duela.
Las cartas estaban sobre la mesa: si los Clippers querían ganar la puja por Kahwi Leonard, que también era pretendido por los omnipotentes Lakers, el camino debía incluir forzosamente a George.
Esto obligó a Frank a negociar en una clara posición de inferioridad respecto a Sam Presti, el gerente general del Oklahoma City Thunder, quien estaba consciente de que los Clippers estaban dispuestos a hipotecar su futuro con tal de complacer a Leonard.
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La propuesta de canje incluyó lo siguiente: Shai Gilgeous-Alexander, Danilo Gallinari y siete selecciones de draft a cambio de Paul George, que venía de firmar la mejor temporada de su vida.
Antes de que se oficializara, Doc Rivers, entonces entrenador de los Clippers, intercedió ante Kawhi Leonard para intentar revertir las condiciones del intercambio. “Se lo planteé a Kawhi: ‘¿Estás seguro?’”, recordó. “Creo que Shai será un jugador increíble. Puede que tarde un año o dos, pero creo que estás subestimando la gran calidad que tendrá Shai”.
Rivers tenía razón. Shai se convirtió en algo grande: un MVP de temporada regular y de finales NBA.
Algo, conviene aclarar, lo suficientemente grande como para que estemos aquí, a seis años de distancia, exculpando a Lawrence Frank para que no termine sufriendo el cruel destino que no logró eludir, por ejemplo, Nico Harrison al traspasar a Luka Doncic de Dallas a Los Ángeles.
Los análisis en retrospectiva suelen ser tramposos. Por ello no tiene sentido mancillar la reputación de Lawrence Frank como tomador de decisiones, o la del propio Doc Rivers, que quizá pudo insistir un poco más.
¿Qué lección se puede extraer de todo esto? Ninguna. Nadie que haya seguido la la liga con asiduidad puede demonizar los atajos competitivos.
Por mucha envidia que despierte el proyecto del Thunder y su perspectiva a largo plazo, parte del encanto de la NBA tiene que ver con su alergía a las recetas ganadoras.
