Mi boleta para el Salón de la Fama de la MLB 2026 y por qué cambié mi enfoque al votar

Tom Verducci nos dice: “Voté por tres candidatos recurrentes a los que antes había dejado fuera”.
Andruw Jones está en su noveno y penúltimo año de elegibilidad para la votación.
Andruw Jones está en su noveno y penúltimo año de elegibilidad para la votación. / Rick Stewart/Getty Images

Al igual que el propio juego, la votación para el Salón de la Fama del Beisbol evoluciona de manera constante. La evolución más reciente ha abierto más la puerta de entrada. Y no es una crítica. Es el reconocimiento de cómo la expansión, el acceso a información avanzada —y más fácil de compartir— y un béisbol cada vez más internacional han influido en la forma de votar.

He votado durante cuatro décadas. Me formé dentro de un ecosistema de votación en el que los pitchers con 300 victorias necesitaban de tres a cinco boletas para ingresar (Phil Niekro, Don Sutton y Gaylord Perry). Hoy, en cambio, escucho argumentos de que Cole Hamels y Felix Hernández deberían estar en el Hall of Fame, cuando entre ambos apenas suman ocho triunfos más que Sutton.

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Joe Torre nunca recibió más del 22% de los votos de los escritores en 15 intentos. Joe Mauer, con menos hits, cuadrangulares, carreras producidas, bases totales y un OPS+ inferior al de Torre, entra caminando en su primer año de elegibilidad.

Comencé a votar cuando las elecciones en la primera boleta estaban reservadas para unos cuantos elegidos. Jugadores como Rollie Fingers, Gary Carter y Carlton Fisk tuvieron que esperar su turno. Afortunadamente, ese sistema no oficial de dos niveles prácticamente ha desaparecido.

La tasa de jugadores elegidos por la BBWAA ha aumentado de forma drástica durante los años en los que he votado. Ha habido tantos peloteros elegidos por los escritores en las 12 votaciones más recientes (29 entre 2014 y 2025) como en las 21 elecciones previas a The Great Surge (1993–2013). El promedio anual se ha disparado un 75% entre esos periodos, al pasar de 1.38 a 2.42.

Y ese auge solo toma en cuenta a los jugadores elegidos por la BBWAA, que representan apenas el 51% del total de integrantes del Hall of Fame (142 de los 279 que habrá tras revelarse los resultados del martes).

No pienses en este aumento como una reducción de estándares. Piénsalo como una evolución. Solo con la expansión, hoy tenemos a más jugadores para evaluar. Y más peloteros están produciendo temporadas con nivel de Salón de la Fama.

La mediana del OPS+ para un bateador del Hall of Fame es de 127, cifra que coincide exactamente con el promedio de carrera de Rickey Henderson. En la era del Wild Card (1995–2005), 26 jugadores registraron al menos ocho temporadas calificadas con un OPS+ de 127 o más, frente a 22 en los 30 años anteriores.

Cuando comencé a votar, los jugadores necesitaban un pico muy alto y longevidad para ser elegidos. El énfasis actual del juego en las estadísticas de tasa —no solo por parte de los medios, sino también de los directivos de los equipos— ha dado más peso al pico y ha reducido el valor de la duración de la carrera. Andruw Jones, por ejemplo, tuvo un pico impresionante (aunque solo dos temporadas con OPS+ de 127), pero luego se desplomó hasta terminar con menos hits que Dale Murphy.

De nuevo, estoy de acuerdo con esto, porque creo que forma parte de la evolución natural del juego. Y por eso, como verás a continuación, he abierto más la puerta en mi propia boleta, haciendo espacio para tres jugadores que anteriormente había colocado del lado equivocado de esa línea tan delgada.

Toda evolución tiene un costo. En este caso, son las legiones de jugadores que tuvieron malos resultados en las votaciones de hace una generación y que hoy ven cómo peloteros de menor jerarquía ganan tracción, si no es que terminan siendo elegidos. Sí creo que Hamels y Hernández, por ejemplo, son buenos candidatos y merecen un análisis más profundo. Pero entonces, ¿qué hacemos con Tommy Bridges, Urban Shocker, Dizzy Trout y Bret Saberhagen, todos con más victorias y un ERA+ más alto que Hamels y Hernández, y que nunca alcanzaron siquiera el 8% de apoyo? Si piensas que King Felix es un Hall of Famer, ¿qué pasa con David Cone y Tim Hudson, quienes tienen al menos 25 triunfos más, más innings lanzados y un ERA+ superior? ¿Y Luis Tiant, Babe Adams u Orel Hershiser?

Si me dices que Chase Utley es un Hall of Famer, está bien, pero no puedes decirme que tuvo un mejor pico o una mejor carrera que Don Mattingly, quien debutó con un 28% de apoyo y cayó hasta el 9% en su decimoquinto y último año en la boleta.

En síntesis: en la balanza entre pico y longevidad, el pico está recibiendo cada vez más peso, lo que está llevando a que más jugadores sean elegidos. Y eso es algo positivo, porque significa que el proceso sigue evolucionando.

Aquí está mi boleta para el Salón de la Fama 2026:

Carlos Beltrán

No voté por él en su primer año de elegibilidad, lo cual reconozco fue una pequeña penalización por su participación en las trampas de los Astros de 2017, pero una penalización al fin. Un voto por Beltrán no es ni un respaldo ni una justificación de su conducta. Hizo trampa de manera consciente, fue uno de los principales cerebros detrás del esquema de robo de señales, no se detuvo cuando se le pidió y mintió incluso después de que todo salió a la luz. El voto es el reconocimiento de que su conducta fuera de la ley deportiva se sitúa por debajo del uso de PEDs, ya sea antes o después de que existieran pruebas, lo cual implica el uso ilegal de sustancias controladas a nivel federal, riesgos físicos y un tabú tan arraigado en la cultura deportiva que, incluso hoy, una generación después, los jugadores siguen sin admitir su uso. ¿Por qué? Porque saben que mancha sus carreras.

Beltrán, Andre Dawson y Willie Mays son los únicos jugadores no vinculados con PEDs que alcanzaron 2,500 hits, 400 cuadrangulares y 300 bases robadas. Fueron estrellas completas, capaces de vencer a los rivales de muchas maneras distintas. Desafortunadamente, Beltrán también encontró una forma poco ética de hacerlo. Esa vergüenza lo acompañará hasta Cooperstown.

Andruw Jones

No había votado por Jones por varias razones, principalmente porque no se cuidó físicamente, lo que derivó en una caída abrupta y prolongada (de los 30 a los 35 años: .214/.314/.420 con un OPS+ de 92); su OPS+ de carrera, poco llamativo (111), y mi desconfianza hacia las métricas defensivas, que son una parte central de su argumento. Para creer en esos números hay que aceptar que Jones fue entre 31% y 34% mejor defensor que Willie Mays (según range factor y defensive WAR). Vamos…

Saquemos las métricas de la discusión. Existía un consenso claro de que Jones fue el mejor center fielder defensivo de su época, quizá incluso el Ozzie Smith de los jardines centrales, con poder de élite incluido. En un lapso de 10 años (1998–2007), Jones ganó el Gold Glove en cada temporada, mientras promediaba 34.5 cuadrangulares y 103 carreras producidas. Ahí está. Pico puro. Ese es su caso, en pocas palabras.

Muchos otros, al parecer, también han evolucionado en su percepción de Jones. ¡No superó siquiera el 8% de apoyo hasta su tercer año en la boleta! Yo lo tenía por debajo de varios otros center fielders que nunca fueron elegidos. Ahora que las puertas se han abierto más, espero que estos otros —todos con más hits y un OPS+ muy superior al de Jones— sean reconsiderados:

Jimmy Rollins

De acuerdo con el OPS+, Rollins fue un bateador por debajo del promedio (95), en la misma línea que Edgar Renteria (95). No negociaba muchas bases por bolas, lo que en parte explica su OBP de .324, una cifra tibia para un jugador que abrió como primer bat en el 69% de sus juegos como titular a lo largo de su carrera. Pero al enfocarme en lo que Rollins no hacía bien, no valoré del todo lo que sí hacía de manera sobresaliente: avanzar bases con extrabases y robos mientras se exigía al máximo en una posición tan demandante, todo ello con un físico por debajo del prototipo.

No todos tienen que ser consentidos del OBP, pese al valor moderno que se le otorga. Rollins, en esencia, cambió boletos por contacto contundente y robos de base, algo que realizó a un nivel atípico entre los shortstops. Solo Cal Ripken conectó más hits de extrabase jugando como shortstop… y apenas por tres. Solo Derek Jeter y Ripken acumularon más bases totales en la posición. Además, Rollins es el único jugador con 200 cuadrangulares y 400 bases robadas actuando como shortstop.

Solo cinco peloteros disputaron más juegos como shortstop que Rollins, y ninguno era tan pequeño como Rollins, cuya estatura es de 5 pies 7 pulgadas (1.70m).

También cumple con el requisito de la “fama”. Rollins ganó un MVP, conquistó una World Series y es dueño de la racha de hits más larga del último cuarto de siglo.

Chase Utley

Este es un ejemplo claro de cómo ha evolucionado mi valoración del volumen. Entre los segunda base del Hall of Fame, Jackie Robinson es el único elegido por los escritores con menos hits que los 2,386 de Ryne Sandberg… y Utley se quedó 501 hits por debajo de Sandberg. Ningún segunda base que haya debutado en las Grandes Ligas en los últimos 80 años ha ingresado al Hall of Fame con menos de 2,000 hits. Utley terminó con 1,885. Además, recibe poco crédito adicional por apoyo al MVP (nunca finalizó dentro del top seis).

Pero también es cierto lo siguiente: en su pico de seis años (2005–2010), Utley fue un bate de impacto poco común en la segunda base. En ese lapso dejó una línea ofensiva de .298/.388/.523 y fue seleccionado a cinco All-Star Games. Si ampliamos la ventana a 10 años (2005–2014), solo Albert Pujols registró un WAR más alto que Utley.

Ahora bien, no puedes convencerme de que Utley, en su mejor versión, fue un mejor jugador que Mattingly, quien sigue sin poder entrar al Hall debido a las métricas antiguas, cuando se exigía mayor volumen. Mattingly tuvo un mejor pico y una mejor carrera que Utley. En menos juegos, Mattingly acumuló más hits, bases totales, dobles, carreras producidas, Gold Gloves y respaldo en votaciones al MVP, además de una ventaja abrumadora en OPS+ (127–117). Si vamos a bajar la vara de ingreso, como ha venido ocurriendo, entonces también debemos hacer justicia con muchos que aún son evaluados bajo estándares mucho más duros.


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Tom Verducci
TOM VERDUCCI

Tom Verducci is a senior writer for Sports Illustrated who has covered Major League Baseball since 1981. He also serves as an analyst for FOX Sports and the MLB Network; is a New York Times best-selling author; and cohosts The Book of Joe podcast with Joe Maddon. A five-time Emmy Award winner across three categories (studio analyst, reporter, short form writing) and nominated in a fourth (game analyst), he is a three-time National Sportswriter of the Year winner, two-time National Magazine Award finalist, and a Penn State Distinguished Alumnus Award recipient. Verducci is a member of the National Sports Media Hall of Fame, Baseball Writers Association of America (including past New York chapter chairman) and a Baseball Hall of Fame voter since 1993. He also is the only writer to be a game analyst for World Series telecasts. He lives in New Jersey with his wife, with whom he has two children.