Checo Pérez, 300 Grandes Premios y una espina clavada con Red Bull

Valencia, 2011. Sergio Pérez apenas comienza su aventura en la Fórmula 1 cuando ve pasar a Rubens Barrichello acompañado de sus hijos. El mexicano tiene 21 años y todavía está lejos de imaginar todo lo que vivirá en el automovilismo. Sin embargo, aquella escena se queda grabada en su memoria: un piloto que ha pasado tantos años en la máxima categoría que ahora puede compartirla con su familia.
Quince años después, Checo está en ese mismo lugar. Sus hijos lo acompañan en una profesión que le ha exigido sacrificios, resistencia y una lucha constante por conservar su asiento. Alcanzar los 300 Grandes Premios representa mucho más que una cifra para el mexicano: es la confirmación de una carrera que comenzó con un sueño y que ahora tiene una nueva oportunidad con Cadillac.
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“Era algo soñado. Ahora que estoy en la misma situación, para mí es lo mejor, lo más increíble que me ha pasado. Poder tener a mis hijos mientras estoy en la Fórmula 1 y que me vean correr, que vean lo que ha sido mi trabajo durante tantos años, es la ilusión más grande”, cuenta Pérez en entrevista con Sports Illustrated.
Su historia en la categoría comenzó con un debut que todavía recuerda como uno de los momentos más especiales de su trayectoria. Después de años de esfuerzos y sacrificios, el mexicano terminó séptimo en su primera carrera con Sauber, aunque posteriormente fue descalificado por cuestiones técnicas. Por fin estaba al lado de los pilotos que había admirado desde niño.
“Mi debut fue soñado. Después de tantos años de esfuerzos y sacrificios, poder llegar a la Fórmula 1 y tener una carrera como la que tuve en mi primera participación, quedar séptimo con Sauber, fue un debut soñado”, recuerda.
Pero llegar nunca fue suficiente. En un deporte que expulsa a pilotos talentosos antes de que puedan construir una carrera prolongada, Pérez aprendió que la velocidad es apenas una parte del trabajo. Conseguir patrocinadores, liderar un equipo y construir un entorno competitivo también forman parte de la supervivencia en la Fórmula 1.
“Llegar es prácticamente imposible, pero mantenerse lo es aún más”, afirma. “He visto cantidad de talento, pilotos rapidísimos que no han podido mantenerse. […] Pocos en este deporte llegan a los 300 Grandes Premios”.
Esa capacidad de permanencia es una de las lecciones que atribuye a su padre, quien desde sus primeros años le enseñó que conducir el monoplaza no era necesariamente lo más complicado. La diferencia estaba en todo lo que sucedía alrededor de él, desde el respaldo económico hasta la relación con quienes debían ayudarlo a competir.
Sin embargo, después de construir una trayectoria que incluyó pasos por Sauber, McLaren, Force India, Racing Point y Red Bull, Pérez llegó a un punto en el que los resultados dejaron una deuda personal. Su etapa con la escudería austriaca, uno de los equipos más poderosos de la parrilla, terminó con una sensación que no consiguió sacudirse durante el tiempo que pasó fuera de las pistas.
La espina de Red Bull
Pérez no regresó únicamente porque todavía disfruta conducir un Fórmula 1. Volvió porque considera que su paso por Red Bull no reflejó su verdadero nivel como piloto. La experiencia le dejó resultados importantes, pero también la impresión de que las circunstancias le impidieron mostrar todo su potencial.
“En mi etapa en Red Bull siempre tuve esa hormiguita dentro de mí que me decía que nunca pude mostrar mi talento por las circunstancias que viví ahí. Nunca pude demostrar realmente mi velocidad y mi talento. Sabía que tenía mucho más que dar a la Fórmula 1 y que mi nivel era mucho más alto del que pude mostrar en Red Bull”, explica.
La frustración se convirtió en el argumento para regresar. Pérez quería comprobar que todavía podía competir entre los mejores y que su historia en la máxima categoría no debía terminar bajo la sombra de aquella etapa.
“No me podía ir con ese sabor de boca porque, en términos de mi talento, no había sido justa mi etapa ahí”, sostiene. “Con la velocidad que tengo, creo que tenía que haber conseguido mucho más éxito del que tuve en Red Bull”.
Ahora, con Cadillac, encuentra una nueva oportunidad para medirse contra la parrilla y recuperar la confianza en su capacidad. El mexicano considera que su rendimiento actual ofrece una referencia más clara de su nivel y asegura que compartir equipo con un piloto de gran velocidad representa una motivación adicional.
“Creo que la gente que realmente entiende la Fórmula 1 sabe el nivel en el que estoy manejando. Eso es algo muy motivante en mi carrera”, asegura.
El regreso, sin embargo, estuvo lejos de ser una decisión automática. Durante el tiempo que pasó fuera de las pistas, Pérez encontró tranquilidad, se concentró en su familia y descubrió proyectos que le ofrecían una vida distinta a la presión de competir cada fin de semana.
Estuvo cerca de decir adiós
“Muy cerca, la verdad”, admite cuando le preguntan si consideró no volver. “Estaba muy agradecido con el deporte y había llegado a un momento de mucha tranquilidad y paz. Encontré muchos proyectos fuera de las pistas que me motivaban, que me ilusionaban y que me despertaban con ganas de hacer cosas”.
La posibilidad de retirarse dejó de ser una amenaza para convertirse en una alternativa real. Pérez sabe que su carrera terminará algún día y que necesitará encontrar nuevos objetivos cuando abandone el automovilismo. Los negocios, los proyectos personales y, sobre todo, sus hijos forman parte de ese futuro.
“He hecho esto toda mi vida. Para mí, lo más fácil sería quedarme porque lo disfruto y es mi pasión; podría seguir otros 15 años sin problema. Pero primero están mis hijos, que ya tienen edades en las que quiero pasar mucho más tiempo con ellos. También quiero hacer otras cosas fuera del deporte”.
Por ahora, el mexicano ha elegido regresar. Los 300 Grandes Premios son una celebración de lo recorrido, pero también una oportunidad para resolver una cuenta pendiente. A los 36 años, Pérez no necesita demostrar que pertenece a la Fórmula 1: su trayectoria ya lo respalda. Lo que busca es comprobar que todavía puede competir al nivel que considera propio.
En Valencia, hace 15 años, observó a Barrichello y soñó con llegar a ese momento. Hoy puede compartir las pistas con sus hijos. Y mientras construye esa memoria familiar, también persigue una respuesta deportiva: demostrar que su historia en Red Bull no fue el límite de su talento.

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.
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