Dalia Ramos, la ingeniera mexicana que conquista la Fórmula 1

A veces, romper barreras no suena como un estruendo. A veces suena como una voz firme diciendo: “Eso está mal, y tengo que decirlo”. Así fue como Dalia Ramos, ingeniera mexicana y líder del equipo Alpine F1 Team, se presentó frente a uno de los hombres más temidos y legendarios del paddock, Flavio Briatore, para contradecir una decisión que, en su opinión, podía costar caro. Era su primer encuentro con él. Y sí: salió con dolor de estómago… pero también con la certeza de haber sido escuchada.
Esa historia, tensa pero reveladora, no solo muestra coraje: resume el ADN profesional de Dalia. Una mujer que ha sabido abrirse paso en uno de los entornos más exigentes, conservadores y masculinos del automovilismo de élite. Lo ha hecho desde la técnica, sí, pero sobre todo desde el liderazgo, la empatía y la determinación.
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Con un auto de juguete empezó el viaje
Todo empezó lejos de los paddocks. Cuando tenía cinco años, su papá —fanático del automovilismo— le regaló un coche de colección que tenía escrito 'Fórmula 1'. “Todavía lo conservo”, dice, sonriendo. Aquella pieza de metal fue, sin saberlo, su brújula.
Desde niña tenía una mente inquieta: le encantaban las matemáticas, la física, y resolver problemas complejos como si fueran acertijos. Estudió Ingeniería Mecatrónica en el Tec de Monterrey, más tarde cursó una maestría en Reino Unido, gracias a una beca del Conacyt. Las becas no solo abrieron puertas: fueron su única opción. “Mis papás no podían pagar ni la prepa. Pero desde niñas, mi hermana y yo sabíamos que íbamos a estudiar con beca. Y así fue”.
Antes de llegar a la Fórmula 1, trabajó en la industria aeroespacial para Rolls-Royce, en una posición crítica: validar y coordinar reparaciones en turbinas de aviones comerciales. Un entorno donde el margen de error es cero. “La parte técnica es muy parecida a la F1. Lo que cambia es la velocidad. En aeroespacial, un rediseño toma 18 meses. En F1, lo haces en 18 horas”.
Tras la pandemia, buscaba un cambio profesional. Encontró una vacante en LinkedIn y, aunque no cumplía con uno de los requisitos, aplicó. “Creo que la ignorancia me ayudó. No sabía qué tan elitista era esto. Y eso me dio valor para lanzarme”.
Fue contratada para liderar el área de "Building Before" en el departamento de Ensamble y Pruebas de Alpine F1 Team. Su misión: asegurarse de que cada componente del monoplaza esté listo, validado y funcional para que el coche compita. Suspensiones, cajas de cambio, sistemas de combustible o hidráulicos: todo pasa por su equipo, compuesto por casi 50 personas, antes de tocar la pista.
Un mundo cerrado
Ingresó directamente a un nivel de senior management, en un entorno cerrado, mayoritariamente masculino y británico. “Ni siquiera había extranjeros, mucho menos mujeres… y mucho menos alguien que no llevara 20 años en Fórmula 1”.
Al inicio, sintió que no todos confiaban en ella. Incluso se llegó a cuestionar. “A ti te respetan por ser un hombre británico. A mí no. Y tú no puedes entender lo que yo estoy viviendo”, le dijo un día a su mentor. Ese momento fue un punto de quiebre. “Pensé: sí, es cierto. Pero ¿eso me va a detener? No. No se los voy a permitir”.
Liderar desde otro lugar
Uno de sus mayores logros —dice— no es técnico, sino humano: transformar la forma en que se lidera dentro del equipo.
En 2021, llegó justo antes del desarrollo del auto 2022, un año de cambio radical en el reglamento técnico. El encargado de homologación renunció justo antes del invierno, el periodo más crítico. Dalia, recién llegada, tuvo que arremangarse, entender todo el proceso desde cero y liderar el desarrollo.
“Fue durísimo, pero salió bien. Aprendí muchísimo. Y además tuve que identificar quién iba a ser mi mano derecha. Si eliges mal a un líder, destruyes un equipo”. Pero lo más difícil fue romper con el estilo de liderazgo tradicional. “Aquí el técnico no podía hablar con el diseñador. Solo lo hacía su jefe. Y yo dije: ‘No. El técnico es el experto. Él va a planear, va a discutir con diseño, va a tomar decisiones. Y yo lo voy a respaldar’”.
La resistencia fue enorme. Algunos llevaban décadas haciendo solo una parte del proceso y no querían cambiar. “Me decían: ‘Es imposible, no puedo aprender hidráulica’. Les dije: ‘Claro que puedes. Si armas una caja de cambios, puedes aprender hidráulica. Yo creo en ti, pero tú también tienes que creer’”.
Y funcionó. Hoy, muchos de esos técnicos han crecido, se han formado y lideran nuevos procesos. “Ellos mismos se sorprenden de lo que han logrado. Y eso, para mí, es lo más valioso: no que me demuestren a mí algo, sino que se demuestren a sí mismos que pueden más”.
Frente a Flavio Briatore
Una de las anécdotas que mejor define su temple ocurrió al poco tiempo de que Flavio Briatore, el histórico jefe del equipo Renault F1, regresara a la escudería como figura de autoridad. Había una decisión que Dalia consideraba equivocada y nadie se atrevía a decirlo. “Mis colegas pensaban igual que yo, pero nadie quería hablar. Y yo no podía quedarme callada”.
Pidió una cita con su jefe para comentarlo, sin saber que Briatore también estaría en la sala. Al verla dudar, él le dijo: “Tú no viniste a decir eso. ¿Qué viniste a decirnos?”. Así que lo dijo: “No estoy de acuerdo con esta decisión. Creo que están cometiendo un error”.
Lo que siguió fue una conversación directa, incómoda y desafiante. Él la cuestionó, ella respondió. “Fue muy estresante. Llegué a mi casa con dolor de estómago. Pero también pensé: Wow, ¿a poco acabo de hacer esto?”.
Entre carreras y cunas
Hoy, Dalia está de baja por maternidad. Tiene una bebé de dos meses y una visión más clara que nunca de lo que quiere: crecer profesionalmente sin perder de vista a su familia. “No sé si quiero ser Team Principal. No sé si estoy dispuesta a pasar todos los fines de semana en otro país. Pero tampoco digo nunca”.
Lo que sí tiene claro es que su vocación es trabajar por la gente. “Quiero seguir creciendo para poder generar cambios reales. No solo para ganar campeonatos, sino para transformar las condiciones laborales de quienes están en este mundo. También abrir más puertas a otras mujeres”.
¿Su meta? Ser algún día CEO de una escudería de Fórmula 1.
Desde Inglaterra, Dalia no olvida su raíz. “Quería hacer algo grande por mi país”. Es prueba viviente de que la excelencia técnica, la visión de futuro y la fuerza emocional pueden convivir… incluso en un entorno donde nadie parecía esperarlas.
