Diez años de rugido y fiesta: el Gran Premio de México celebra una década de su regreso

Se cumple una década de que la Fórmula 1 volvió a México y hoy, el Gran Premio de la Ciudad de México, se engalana con una gran carrera.
El Gran Premio de la Ciudad de México se viste de gala en su décimo aniversario de su regreso al Autódromo Hermanos Rodríguez.
El Gran Premio de la Ciudad de México se viste de gala en su décimo aniversario de su regreso al Autódromo Hermanos Rodríguez. / Clive Rose/Getty Images

Hace diez años, la Fórmula 1 regresó a la Ciudad de México y el rugido del Hermanos Rodríguez volvió a escucharse en todo el mundo. Desde aquel 2015 en que el circuito reabrió sus puertas tras más de dos décadas de ausencia, el Gran Premio mexicano se consolidó como una de las paradas más esperadas del campeonato.

Desde que Ricardo y Pedro Rodríguez hicieron vibrar al país con su talento, el automovilismo mexicano encontró en el Autódromo que hoy lleva su nombre un templo de velocidad. Décadas después, ese mismo trazado vio pasar a leyendas como Ayrton Senna, Alain Prost y Nigel Mansell, quienes inmortalizaron al Gran Premio de México como uno de los escenarios más icónicos en la historia de la Fórmula 1. Y en esta nueva era, el rugido tiene un nombre propio: Sergio “Checo” Pérez, símbolo de la tercera etapa que mantiene viva la pasión mexicana en la máxima categoría.

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Hace diez años, la Fórmula 1 regresó a la Ciudad de México y el rugido del Hermanos Rodríguez volvió a escucharse en todo el mundo. Desde aquel 2015 en que el circuito reabrió sus puertas tras más de dos décadas de ausencia, el Gran Premio mexicano se consolidó como una de las paradas más esperadas del campeonato.

Por su asfalto han pasado leyendas como Ayrton Senna, Alain Prost y Nigel Mansell, nombres que convirtieron a México en un escenario icónico para la historia del automovilismo. En una década, el país pasó de soñar con volver al calendario a convertirse en una de las joyas más admiradas del circuito mundial, con un ambiente que ningún otro gran premio ha podido igualar.

Pero la historia del Gran Premio de México es mucho más profunda. Su primera etapa comenzó en 1962, cuando el país organizó por primera vez una carrera no puntuable de Fórmula 1 en el entonces circuito de la Magdalena Mixhuca. El trazado era rápido, técnico y peligroso, pero la emoción era inmensa. La tragedia marcó el inicio: el joven Ricardo Rodríguez, de apenas 20 años, perdió la vida en aquella edición inaugural, un golpe que sacudió al automovilismo nacional. Aun así, México se incorporó oficialmente al campeonato en 1963, y ese mismo año Jim Clark se llevó la victoria con Lotus.

El público mexicano respondió con una pasión que impresionó a la FIA. En 1964, el circuito fue testigo de una definición histórica: John Surtees se coronó campeón del mundo con Ferrari, mientras que Clark perdió el título en la última vuelta. En 1965, Clark volvió a ganar, y en 1967, el canadiense Jackie Stewart protagonizó una batalla legendaria con Denny Hulme y Jack Brabham. Sin embargo, el entusiasmo popular pronto se desbordó. Las gradas carecían de control, las invasiones de pista se volvieron comunes y los estándares de seguridad eran insuficientes para la época. En 1970, tras el triunfo de Jacky Ickx, la Fórmula 1 abandonó México. La primera era del Gran Premio había terminado.

El segundo capítulo comenzó en 1986, bajo un contexto distinto. México vivía un proceso de modernización y el automovilismo regresó como símbolo de orgullo nacional. El circuito, rebautizado como Autódromo Hermanos Rodríguez, presentaba un trazado más corto y seguro, aunque mantenía la icónica curva Peraltada. La Fórmula 1 de los años ochenta traía una nueva generación de leyendas: Ayrton Senna, Alain Prost, Nigel Mansell, Nelson Piquet y Gerhard Berger hicieron vibrar a la capital.

Durante esos años, el Gran Premio de México se convirtió en un clásico. La edición de 1987 vio la victoria de Mansell con Williams, y la de 1990 quedó en la memoria por el rebase imposible del británico sobre Berger en la última curva. El evento se volvió un orgullo continental, pero los problemas económicos, la contaminación del aire y el deterioro del asfalto provocaron su salida del calendario en 1992. El sueño volvió a pausarse.

Pasaron más de dos décadas antes de que el rugido regresara. En 2015, México volvió a recibir a la Fórmula 1 con un circuito renovado y una afición que nunca perdió la esperanza. La nueva generación de pilotos nacionales tomó el relevo: Sergio Pérez, Esteban Gutiérrez y Alfonso Celis Jr. defendieron los colores de México frente a su gente, reavivando el espíritu de los hermanos Rodríguez.

Esa nueva etapa marcó el comienzo de una era moderna que transformó al Gran Premio en un referente mundial. El evento ha sido reconocido en múltiples ocasiones por la FIA como el “Mejor Gran Premio del Año”, gracias a su organización, su ambiente y el fervor de su público. Cada edición se vive como una fiesta nacional donde la velocidad se mezcla con la cultura mexicana, el color y la pasión de un país entero.

Tres etapas, tres generaciones y un mismo espíritu. El pasado marcó su historia, el presente sostiene su grandeza y el futuro promete más rugidos en el corazón del Hermanos Rodríguez. México no solo volvió al calendario de la Fórmula 1; volvió al alma del deporte. Diez años después, el rugido sigue vivo, y cada vuelta en el circuito recuerda que aquí, la velocidad también late con el corazón.


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Álvaro Piñeirua
ÁLVARO PIÑEIRUA

Redactor en Sports Illustrated México.