Alex Larrea: El hombre que aprendió futbol en tres continentes antes de llegar a Pumas

San Sebastián, Tokio, Medellín, Ciudad de México. El currículum de Alex Larrea no sigue una línea recta, sino la de alguien que fue a buscar el futbol donde estaba, aunque estuviera lejos. Del Antiguoko —el semillero vasco que produce a Xabi Alonso y a Arteta con una regularidad que desafía la estadística— hasta las academias de David Villa en Japón. De los títulos con Atlético Nacional en Colombia hasta el banquillo de Pumas UNAM.
Larrea es parte fundamental del cuerpo técnico de Efraín Juárez con los Pumas de la Universidad.
Larrea es parte fundamental del cuerpo técnico de Efraín Juárez con los Pumas de la Universidad. / MexSport Sports Agency


Hay una obsesión que recorre cada palabra de Alex Larrea cuando habla de futbol. No es táctica, no es físico, no es ni siquiera el resultado. Es el perfil. El giro del cuerpo antes de recibir el balón. Esos dos segundos que en el futbol europeo ya te cuestan el partido y que en México, dice con la paciencia de quien sabe que el tiempo da la razón, todavía se pueden ganar. 

"En el futbol europeo si eso no lo tienes establecido, esos dos segundos ya te han comido. Aquí quizás hay un poco más de tiempo, pero si ya coges esa dinámica de hacerlo con instinto, al final te va a ir mejor", señala Alex en entrevista con Sports Illustrated.

Larrea nació en San Sebastián en 1992. Creció en la misma ciudad que Xabi Alonso, que Mikel Arteta, que Andoni Iraola y Mario Zubimendi —todos formados en el Antiguoko, el semillero vasco que no tiene rivales en el mundo cuando se trata de producir futbolistas inteligentes—. No llegó a jugar en primera división, pero absorbió algo más valioso que los goles: aprendió a ver el juego desde adentro, con la precisión del que creció en una cultura futbolística donde el detalle no es un extra, sino la base.

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Estudió Administración y Dirección de Empresas. Hizo un MBA en Dirección Deportiva. Obtuvo el UEFA Pro. No era un camino común para alguien de su generación, pero Larrea nunca siguió los caminos comunes.

San Sebastián, Tokio, Medellín

Su primer trabajo formal como técnico llegó de la mano de sus raíces: entre 2018 y 2019, entrenó a la Sub-18 del Antiguoko, el club que durante décadas ha sido el laboratorio más fértil del País Vasco. Allí, entre adolescentes que perseguían los mismos sueños que Alonso y Arteta, Larrea empezó a construir su propio lenguaje técnico: exigente, meticuloso, apoyado en el video y en la explicación del porqué de cada movimiento. 

Pero el mundo era más grande que San Sebastián. Entre 2020 y 2024 asumió la dirección deportiva del proyecto de David Villa en Japón, la DV7 Soccer Academy, donde el máximo goleador histórico de la selección española había montado una academia para desarrollar talento joven en Asia. Cuatro años en Tokio, en una cultura radicalmente distinta a la vasca, donde el futbol se vivía con una disciplina colectiva que pocas veces se ve en Occidente. Larrea lo absorbió todo. La organización japonesa, la metodología europea, el idioma del fútbol sin fronteras.

"Al final conocer diferentes culturas, diferentes estilos de futbol, diferentes países, pues para mí eso me ha ido enriqueciendo más", dice. "Intentar coger lo mejor de cada país, ¿no?".

Lo que encontró al volver a Europa fue una llamada. Efraín Juárez lo invitó a Medellín.

Larrea es parte del cuerpo técnico de Efraín Juárez con los Pumas de la Universidad.
Larrea es parte del cuerpo técnico de Efraín Juárez con los Pumas de la Universidad. / Edmundo Méndez

Colombia: el doblete que lo trajo al otro lado del Atlántico

En 2024, como parte del cuerpo técnico de Juárez en el Atlético Nacional, Larrea celebró dos títulos: el Clausura y la Copa Colombia, convirtiendo a los verdolagas en el equipo dominante del futbol colombiano.

Fue su primera experiencia en el balompié sudamericano y también la confirmación de que el modelo que Juárez había construido —metodología europea, intensidad diaria, cultura de video— podría funcionar en cualquier latitud. Larrea era una pieza central de ese engranaje: el hombre que diseñaba los ejercicios, que pensaba el balón parado, que corregía en el pasto los mismos detalles que había aprendido en las calles de San Sebastián. 

Cuando Juárez llegó a Pumas, Larrea llegó con él. No hubo duda. "Lucho Pérez, con quien trabajamos en Colombia. Álex Larrea, también con él trabajamos en Colombia", dijo Efraín Juárez en su presentación. "Somos, más allá de todo, amigos".

Pumas: el detalle como filosofía

En el Pedregal, Larrea tiene dos responsabilidades que definen su perfil mejor que cualquier título: la organización del entrenamiento y el balón parado. La primera suena burocrática, pero es todo lo contrario. Él es quien decide la estructura de cada sesión, quién sube jugadores de cantera, quien decide qué jugador necesita trabajo extra, cómo fluye el ritmo del día.

"Me encargo un poco de la organización de lo que es el entrenamiento, del puro entrenamiento. Entonces que estén todos los ejercicios, que esté todo correcto, el número de jugadores, qué jugadores van a subir de la cantera", explica.

La cantera es un tema que le apasiona. Larrea ve en las fuerzas básicas de Pumas un activo que no siempre se ha sabido explotar. "La cantera en Pumas es muy importante, siempre ha sido y siempre lo será", dice. "Estamos intentando fomentar eso con un Sub-21, con gente muy joven, subiéndole para que vea cómo se entrena el equipo con este nivel de intensidad, para que ya vean desde los 15, 16 años que el nivel es alto, pero que lo pueden hacer".

Y luego está el detalle. El odioso detalle que Larrea no deja pasar. Una ronda de pases no es calentar: es una clase sobre dónde colocar el cuerpo, cómo perfilar el pie, cómo leer la marca antes de recibir. "Una ronda de pases es muy importante porque es la BBC del futbol, ¿no? ¿Por qué el pase tiene que ser por un lado y no por otro? ¿Por qué tienes que perfilar? Si tengo una marca detrás, igual tengo que perfilar para otro lado para que no puedan interceptarme. Esas cosas tienen detalle y en el campo se dan mucho".

No se cansa de repetirlo porque ha comprobado que funciona. "Si ya le recalcas ese pequeño concepto tres o cuatro veces, ya lo hacen. Y al día siguiente lo hacen mejor. Y en la semana lo vuelves a recalcar, ya está. No hace falta mucho más".

El balón parado es su otra especialidad. Larrea ha sido la voz del cuerpo técnico en más de una conferencia de prensa cuando Juárez no ha podido estar, y en todas ellas ha mostrado la misma compostura: firme, analítico, sin concesiones al dramatismo. "Creo en la buena fe. En España somos mucho de dialogar con los colegiados", dijo la noche en que Cruz Azul lo puso a prueba con una expulsión difícil de digerir. "Conozco al míster y las faltas de respeto no están en su vocabulario". 

Un año después de llegar a México, Larrea mira el proceso con la satisfacción discreta de quien sabe que las cosas van por buen camino aunque el camino sea largo. "Llegamos aquí hace ya un año y el nivel de los jugadores, de la cantera, ha sido espectacular. No te lo puedo decir de otra manera. Ha sido muy, muy grande". Lo que lo impresiona no es el talento —eso ya lo esperaba—, sino la velocidad con que los jugadores incorporan los conceptos. "Al final te acercas con un detallito, un perfil. Y ya se les ha quedado. Y al día siguiente lo hacen mejor".

Es lo mismo que aprendió en el Antiguoko, en el País Vasco, cuando tenía veinte años y creía que el futbol era sobre todo un juego. Hoy, desde el Estadio Olímpico Universitario, sabe que es también una pregunta que se repite todos los días: ¿por qué el pase va por ahí y no por aquí? La respuesta, dice Alex Larrea, lo cambia todo.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.