El método Pumas: la cultura que se entrena antes

En Pumas UNAM, el entrenamiento no empieza cuando rueda la pelota. Empieza mucho antes, en una rutina que se construye desde la conciencia.
“Todo es a base de preparación para nosotros”, explica Efraín Juárez, lider del cuerpo técnico. La frase no es discurso: es método. Cada semana tiene un plan diseñado desde el análisis del rival y las necesidades propias. No hay espacio para la improvisación.
El día arranca temprano. Los jugadores que llegan entre 7:30 y 8 de la mañana, desayunan, se activan, se preparan. “No es venir solamente a entrenar”, relata Efraín. Porque aquí el entrenamiento visible —el de campo— es solo una parte de un proceso mucho más amplio.
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Antes de pisar la cancha hay video. Colectivo e individual. Hay discusión, hay corrección, hay enfoque. “Todos los días es venir a mejorar como equipo e individualmente”, insiste Efraín. El jugador no solo ejecuta: entiende.
La planeación baja al detalle. Cada sesión tiene objetivos específicos, definidos desde días antes. “Venimos y lo discutimos exactamente para ver qué podemos sacar de ese ejercicio de acuerdo a lo que hemos planeado”, añade Juárez. Nada es casual. Todo tiene una razón.
En ese engranaje, la figura de los auxiliares es clave. Luis Párez, ex capitán y multicampeón, no solo aporta táctica: sostiene al grupo y es el primer auxiliar de Juárez. “Cuando no estoy yo, él está a cargo de todo… es el que toma decisiones”, explica Efraín desde el banquillo. También es puente con el vestidor, el que entiende los códigos del jugador. “Un entrenador no puede estar todo el tiempo ahí… él tiene esa comunicación”.
Los jugadores llegan desde las 7:30 de la mañana para desayunar, cambiarse, hacer un precalentamiento, posteriormente ven un video en cuatro de los cinco días de entrenamiento. A partir de ahí empieza el entrenamiento y posteriormente la recuperación con hielo y masaje. Además del trabajo psicológico y comida, para finalmente irse de Cantera alrededor de las tres o cuatro de la tarde.
El modelo se apoya en especialistas. Alex Larrea, encargado de la pelota parada y segundo auxiliar, trabaja uno de los aspectos más determinantes del futbol actual. “Él analiza cómo podemos hacer daño y cómo nos pueden hacer daño”, comparte Efraín. Porque en un partido cerrado, un córner o una falta pueden cambiarlo todo.
Detrás, el análisis es profundo. No superficial. Hay datos, video, patrones. “El reto es contextualizar toda la información y ponerla al servicio del equipo”, explica Martín Cors, uno de los analistas de Efraín. Cada rival se desmenuza días antes. Incluso se trabaja siempre “un partido adelante”, añade Julian, analista colombiano que llegó con Efraín tras el proyecto de Nacional.
Así se construyen decisiones. Como ante Chivas. “Había una estadística clara: la mayoría de sus opciones venían tras recuperación”, comenta Martín. El dato cambió el plan. Pumas ajustó su salida, evitó riesgos y atacó espacios. “No es traicionar la idea, es entender el partido”, sostienen del área de análisis.
La tecnología elimina la interpretación. En el medio tiempo, las imágenes sustituyen la percepción. “La imagen no miente”, confirma Efraín. Lo que antes era intuición, hoy es evidencia.
Pero la cultura no se sostiene solo en lo táctico. También está en lo cotidiano. Llegar temprano. En comer bien. En recuperarse mejor. “La cultura empieza desde la llegada”, subraya el cuerpo técnico. Hay control de cargas, nutrición individual, seguimiento físico con GPS. Todo medido. Todo registrado.
Incluso lo invisible importa. La mente. “Queremos que lleguen lo más limpios posible, de la cabeza”, sostiene Luis Pérez. Por eso hay acompañamiento psicológico. Porque el jugador no solo compite: también vive.
El proceso se extiende a la cantera. Jóvenes que entrenan con el primer equipo para entender la exigencia desde temprano. “Que vean que el nivel es alto… pero que lo pueden hacer”, comenta Efraín.
Al final, el entrenamiento en campo dura poco. Es intenso, sí. Pero es solo la punta del iceberg. El futbolista pasa seis o siete horas en el club. “A veces nos faltan horas para seguir trabajando”, reconoce Pérez.
Y, sin embargo, hay algo más importante que el método: el convencimiento. “Ellos quieren más… llegan más temprano, se van más tarde”, añade Luis. La exigencia ya no se impone. Se comparte.
El cuerpo técnico lo tiene claro. “El entrenador tiene que rodearse de gente mejor que él”, afirma Efraín. Aquí, las ideas se discuten, se confrontan, se ajustan. No se trata de tener razón, sino de encontrarla.
Porque en este Pumas, el partido no empieza el fin de semana. Empieza mucho antes. Y se construye todos los días.
