Un América-Los Ángeles FC en medio del debate en torno a la multipropiedad

Cuando se dice que el futbol mexicano se busca mirar cada vez más en el espejo aburguesado de la MLS, se suele obviar una circunstancia: hoy, en términos de modelo de negocio, el espejo de la MLS es el espejo del mundo.
Demonizados por unos como “fondos buitre” y sacralizados por otros como la única promesa de sustentabilidad en el futbol, los denominados holdings están marcando la tendencia global. Mientras en México pareciera que el debate en torno a la multipropiedad se mantiene inmóvil, los clubes en el mundo se dirimen entre consagrarse a los fondos de inversión extranjeros como mecanismo de supervivencia o mantenerse como activos eminentemente locales que abonan en términos de identidad y arraigo, pero que corren el riesgo de volverse insostenibles financieramente.
Este fin de semana, el partido entre América-Los Ángeles FC, por el último boleto disponible al Mundial de Clubes 2025 tras la sanción de FIFA a León, supone una gran oportunidad para aproximarse al fenómeno en toda su complejidad.
Enunciar a todo los propietarios de Los Ángeles FC puede resultar un dolor de cabeza, pero basta remarcar que dentro del grupo de inversores se encuentran leyendas del deporte estadounidense como Magic Johnson, Mia Hamm y Nomar Garciaparra; el actor y comediante Will Ferrell; el cofundador de la empresa de videojuegos Riot Games, Brandon Beck; y dos figuras clave en la ecuación: Larry Berg y Bennett Rosenthal, ejecutivos del holding de inversión privada, Apollo Group, la supuesta carta revolucionaria que le costó el puesto a Juan Carlos Rodríguez como alto comisionado de la Federación Mexicana de Futbol.
Hace apenas unos meses, el grupo de propietarios de Los Ángeles FC anunció la adquisición del 90 por ciento del Grasshopper Club Zürich de Suiza, al poco tiempo de haber hecho lo propio con el FC Wacker Innsbruck de Austria.
Resulta paradójico que León, parte de Grupo Pachuca —una suerte de holding en el contexto mexicano—, haya sido sancionado por un organismo (FIFA) que no ha sabido cómo gestionar la irrupción de los modelos multiclubes que hoy rigen ligas como la Premier League de Inglaterra, la liga española y la Serie A italiana.
Que sirvan como ejemplo el Milan de Santiago Gimenez y el Genoa de Johan Vásquez, dos equipos que pertenecen a una esfera multiclub. El primero, bajo RedBird, propiedad del empresario italoamericano Gerry Cardinale, con acciones en el Tolouse de Francia. El segundo, en manos del empresario rumano Dan Sucu, también dueño del Rapid Bucarest, quien adquirió el año pasado el 77 por ciento de las acciones del equipo a través de 777 Partners, otro fondo estadounidense.
Uno de los casos que provocó mayor controversia en Europa, y que se conecta directamente con la coyuntura del León, fue el del Manchester City y el Girona, parte del fondo emiratí City Group. Cuando ambos se ganaron su derecho a disputar la Champions League 2024-25, la UEFA, consciente del problema que se avecinaba, endureció sus medidas en términos de independencia entre clubes que pertenecen a un mismo holding. El organismo rector del futbol europeo estableció como “influencia decisiva” dos hechos concretos: que un mismo accionista ostentara más del 30 por ciento de dos clubes y que se hayan vendido o cedido tres jugadores o más, directa o indirectamente, entre dos clubes de un mismo grupo. Si no se cumplía con esto, había una posible vía de escape establecida en el nuevo reglamento: transferir o ceder las acciones de un club a un tercero independiente, que podía ser un fideicomiso.
Según la evidencia que surgió de la batalla legal que emprendió León ante el TAS, el equipo buscó, precisamente, demostrar su independencia económica de Grupo Pachuca a través de un fideicomiso. Aunque a diferencia del Manchester City, el atajo legal del conjunto mexicano fue rechazado por FIFA.
El propio Jesús Martínez Murguía, presidente de León, mostró su desencanto respeto a la resolución de FIFA, argumentando que habían “hecho lo mismo que hicieron Girona y Manchester City ante UEFA en su momento para jugar la Champions League”: constituir un fideicomiso (Trust), el cual, según su perspectiva, garantizaba la independencia del club.
Más allá de la disparidad de criterios que mostraron la UEFA y FIFA a la hora de atajar los casos, lo hecho tanto por el Manchester City y el Girona como por el León y el Pachuca fue, para efectos prácticos, una simulación de venta.
Por supuesto que también resulta curioso que América, otrora rey en solitario de la multipropiedad en México, se haya beneficiado directamente de la sanción a León por incurrir en una práctica que no se ha perseguido ni regulado en México con la seriedad que debería.
Quién diría que la multipropiedad, parte indisociable del folclore mexicano, terminaría por convertirse en el debate más trascendental del futbol moderno.
