Cruz Azul busca su décima estrella sin saber todavía dónde va a jugar de local

El Azteca está bajo resguardo de la FIFA. El Cuauhtémoc tiene al Tri jugando contra Ghana el 22 de mayo. El Ciudad de los Deportes está en negociaciones. Cruz Azul busca su décima estrella y todavía no sabe dónde va a recibir a Pumas. Cuarenta y cinco años para repetir esta final y el destino le pone hasta el estadio en duda. La Máquina, fiel a su historia, tendrá que improvisar una vez más.
Cruz Azul, el eterno inquilino, a una final de la gloria
Cruz Azul, el eterno inquilino, a una final de la gloria / MexSport Sports Agency


Hay algo que el futbol mexicano no termina de nombrar con la claridad que merece: Cruz Azul nunca ha tenido un estadio propio. No uno de verdad. No uno donde llegue el fin de semana y sepa que ese pasto es suyo, que esas gradas le pertenecen, que ese cielo es el mismo de siempre. Desde su llegada a la Ciudad de México, siempre pagó para rentar un estadio ajeno: así ocurrió en el Azteca, en el Azul y luego en el Olímpico. Un club de nueve títulos que ganó copas en casas prestadas. Un gigante que lleva décadas viviendo de inquilino.

La historia comenzó en Hidalgo, en la cancha del Estadio 10 de Diciembre, donde una cooperativa de trabajadores forjó uno de los equipos más grandes del futbol nacional. La Máquina salió de Ciudad Cooperativa Cruz Azul en busca de fama nacional, tras dos títulos obtenidos, y se mudó al Estadio Azteca en 1971, donde tuvo una primera etapa de 25 años y consiguió cinco títulos más de liga. El Coloso de Santa Úrsula fue lo más parecido a un hogar que Cruz Azul conoció. Pero ni eso duró.

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En 1996 la Máquina emigró al Estadio Azul, donde se adjudicó el mote de subcampeonisimo entre finales perdidas y corazones rotos. Aunque ahí sumó un título más en el Invierno 1997. Luego regresó al Azteca en 2018 y ahí rompió la racha de más de dos décadas sin título al coronarse en 2021. Parecía que algo se asentaba. Que la Máquina encontraba tierra firme. No duró.

El Mundial 2026 se llevó el Azteca. La remodelación cerró el recinto y Cruz Azul volvió a cargar sus maletas. Encontró refugio en el Estadio Olímpico de CU en 2025, la casa de Pumas, su rival histórico, con 26 partidos sin conocer la derrota. Una convivencia extraña, casi irónica. La Máquina bajo el techo del felino. Ganadora en cancha ajena, como siempre, como toda su vida. Pero los problemas fuera del inmueble y la negativa de la UNAM obligaron a los celestes a una nueva mudanza en 2026.

Esta vez el destino los llevó a Puebla. Primera vez en 55 años que el conjunto de La Noria tuvo su sede fuera de la Ciudad de México. La Angelópolis los recibió sin haberlos pedido. Cruz Azul disputó casi todo el Clausura 2026 en el Cuauhtémoc, lejos de su afición capitalina, lejos de cualquier cosa que pudiera llamarse hogar.

Y ahora, en el momento más importante del torneo, el problema se complica hasta el absurdo. El 22 de mayo, México enfrenta a Ghana en el Estadio Cuauhtémoc como parte de su preparación mundialista. La ida de la Final está programada para el jueves 21 de mayo, con sede aún por definir. Si Cruz Azul quiere jugar en Puebla, tiene que ser ese día, el 21, con el estadio todavía en la antesala del partido del Tri.

El Azteca tampoco existe como alternativa: el recinto ya fue entregado a la FIFA para el Mundial 2026. Esas dos opciones fueron registradas ante la Liga MX. Pero la directiva cementera inició gestiones para regresar al Estadio Ciudad de los Deportes, aunque el camino exige una enorme destreza diplomática con la familia Cosío, propietaria actual del recinto.

El Mundial se come el calendario. El Azteca resguardado. Cuauhtémoc comprometido. El Ciudad de los Deportes en negociaciones. Cruz Azul busca su décima estrella sin saber todavía dónde va a pisar.

La final anterior

Al otro lado de la ciudad, Pumas espera en CU. El mismo estadio donde todo comenzó hace 45 años. El mismo pasto que vio rugir a Hugo Sánchez por última vez antes de que el mejor futbolista mexicano de la historia tomara un avión y se convirtiera en leyenda continental. El 9 de agosto de 1981, ante una entrada espectacular, Pumas consiguió su segundo título con cuatro goles y despidió a lo grande al Niño de Oro, quien partiría a España para jugar con el Atlético de Madrid.

Diez minutos necesitó para igualar la serie. Ferretti hizo el segundo, Manzo el tercero, López Zarza liquidó los sueños cementeros al 75. El marcador global fue 4-2 para Pumas. Cruz Azul llegaba como campeón vigente y se fue con las manos vacías. El propio Hugo lo recordó así años después: "Recuerdo con mucho cariño esa despedida, porque parecía que se había hecho el guión de una película para despedirme de mi país antes de irme a España". Tres días después de coronarse campeón, Hugo voló a Europa. Ciudad Universitaria entendió esa noche que las despedidas también pueden ser eternas.

Ahora el mismo estadio vuelve a ser escenario de la misma disputa. Pumas llega a su primera final en cinco años y medio; Cruz Azul regresa a la serie decisiva después de dos temporadas de ausencia. La historia los volvió a encontrar en CU, donde Pumas siempre supo quién era y Cruz Azul nunca del todo pudo serlo.

Técnicos mexicanos

Hay más capas todavía. Efraín Juárez conduce a Pumas; Joel Huiqui a Cruz Azul. Dos técnicos mexicanos en la serie más importante del torneo, algo que no ocurría desde el Clausura 2013, cuando Miguel Herrera dirigía al América y Guillermo Vázquez comandaba precisamente a Cruz Azul en aquella noche bajo la lluvia del Azteca que el futbol mexicano no ha terminado de olvidar. La Máquina llegó con ventaja de 1-0, amplió a 2-0 global en los primeros minutos de la vuelta y lo perdió todo en los penales. El cabezazo de Moisés Muñoz. Las lágrimas de Alejandro Castro. El puño en alto de Herrera bajo el aguacero. La noche que acuñó para siempre el verbo cruzazulear.

Huiqui llega a esta final con el peso de ese antecedente en la espalda. Efraín llega con el estadio detrás de él como argumento. Dos técnicos formados en esta tierra, dos maneras distintas de entender el fútbol y una final que les pertenece.

Esta serie no enfrenta sólo a dos equipos grandes. Enfrenta dos maneras de resistir.

Pumas, aferrado a su cantera, a su identidad, a su estadio, a su historia. Un club que supo quién era porque tuvo el valor de cambiar: el método Efraín Juárez, construido partido a partido en los últimos meses, fue la respuesta.

Cruz Azul persigue otra vez esa décima estrella en la búsqueda de un hogar definitivo. Un equipo que aprendió a ganar en cualquier parte porque nunca tuvo un lugar fijo donde hacerlo.

La historia los volvió a encontrar. Como siempre, en el momento más difícil. Y esta vez la pregunta no es sólo quién levanta el trofeo. La pregunta es dónde lo hace Cruz Azul en la Final de ida . En qué estadio. Bajo qué cielo. En qué casa prestada.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.