Pumas baja 150 kilos de grasa y redefine su camino con Juárez

Hay transformaciones que no se ven en el marcador. No caben en un resumen de 90 minutos ni se explican en una tabla de posiciones. Pero existen. Se sienten. Y, a veces, se pueden medir.
En Pumas de la UNAM, Efraín Juárez encontró una forma concreta de explicarlo: 150 kilos. “Desde que llegué hasta el día de hoy, tengo 150 kilogramos menos de grasa en los jugadores. De todo el equipo… Eso es una presión táctica, por ejemplo. ¿Me va a hacer ganar? No, no me va a hacer ganar. Me va a acercar”, dice en entrevista con Sports Illustrated, con la claridad de quien entiende que el futbol empieza mucho antes del silbatazo.
No es una frase suelta. Es una declaración de principios.
Te puede interesar: Efraín Juárez evalúa cantera universitaria para regresar filosofía
Porque lo que Juárez intenta construir en Pumas no se limita a un sistema de juego. Es una reconfiguración más profunda: del cuerpo, de la mente, de la cultura.
Desde su llegada —oficializada a finales de febrero de 2025 y asumida en los primeros días de marzo para el torneo Clausura— el cambio comenzó por dentro. Venía de dirigir al Atlético Nacional, con un recorrido previo como auxiliar en Europa y la MLS, pero, sobre todo, regresaba a casa.
Y eso no es un detalle menor.
Canterano universitario, formado en esa misma identidad que hoy intenta reconstruir, su nombramiento no sólo respondió a lo deportivo, sino a una necesidad más profunda del club: volver a reconocerse.
En poco menos de un año, los cambios son tangibles. El equipo no solo redujo ciento cincuenta kilogramos de grasa corporal en conjunto; también empezó a parecerse a una idea: vértigo, presión alta, transiciones rápidas, disposición a correr riesgos. Y hacia inicios de 2026, incluso los resultados comenzaron a acompañar, con el equipo instalado en los primeros puestos.
No siempre alcanza. No siempre es lineal. Pero ya es reconocible.
La semilla que quizá otro cosechará
Cuando Juárez habla de su proceso, no habla de resultados. Habla de tiempo. Y lo hace con una metáfora que lo define: la de sembrar.
Llegó con el torneo empezado, sin margen real de maniobra. Su primer ciclo completo, diseñado desde la base, apenas comienza a tomar forma. Y aun así, su mirada no está en lo inmediato.
“Puedo irme tranquilo porque hay una base más que sólida. A lo mejor yo no la coseche. No tengo ningún problema con eso. Nunca se sabe para quién trabaja uno”.
En ese horizonte, lo inmediato pierde peso. Lo importante es lo que queda. Juveniles de 15 y 16 años entrenan ya con el primer equipo. No como gesto simbólico, sino como parte de una convicción: el club se construye desde la raíz. La identidad no se compra, se forma.
“Te puedo decir que en los Pumas el 80, 90 por ciento de todos los jugadores que yo agarré en su momento hoy son mucho mejores en todos los aspectos, técnico, táctico, físico y mental. Todos”, sostiene.
Mientras tanto, las críticas han sido constantes. Indisciplina, decisiones, salidas masivas, fichajes debatidos. El entorno no concede pausas. Pero su discurso no cambia: los procesos reales no se miden en semanas.
Y en silencio, su trabajo empieza a cruzar fronteras. Su ambición no es un secreto: dirigir en Europa, en ligas como Bélgica, Francia u Holanda, incluso en la Premier League. No como aprendizaje, sino como destino.
La cultura primero, la táctica después
Si algo define a Juárez, es el orden de sus prioridades. La táctica viene después. Antes está la cultura.
Pero no como concepto abstracto, sino como conducta diaria. A qué hora se llega. Cómo se entrena cuando duele. Quién corre más, quién se barre, quién sostiene el esfuerzo cuando nadie mira.
"Tú puedes cambiar el parado táctico, cambiar a un jugador: a un delantero lo puedes hacer enganche, a un extremo lo puedes hacer lateral, a un central lo puedes hacer contención. Eso es parte de lo táctico. Cambiar la cultura de un club es lo más difícil que puede haber como entrenador", comparte.
Su llegada implicó una ruptura profunda. Más de veinticinco salidas entre jugadores y staff. No por falta de calidad, sino por falta de identidad. Lo primero que exigió no fue un sistema: fue recuperar la garra.
"El staff tiene que estar a la altura de lo que estamos pidiendo. El doctor, la psicóloga, el utilero, el masajista: el que sale al campo tiene que salir con sangre en los ojos y el cuchillo entre los dientes en el entrenamiento, porque eso se contagia. Aquí hay que venir a las siete de la mañana e irse a las siete de la noche. Y si tú no entiendes esto como una pasión, sino como un trabajo. Entonces vete a una oficina, que entres a las nueve y salgas a las seis. Esto es 24/7, esto es un estilo de vida".
Y en ese principio construye todo lo demás. Hoy, es el primero en llegar a la cantera. Antes que todos.
El segundo pilar es la confrontación. No la discusión que busca ganar, sino el diálogo que incomoda y construye. Se da en el vestidor, en el análisis, en la banda. Incluso en sus expulsiones hay coherencia: no negociar la exigencia.
El tercero es el desarrollo individual. Cada jugador enfrenta su realidad. Sin excusas. Si el titular defiende mejor, ahí está el trabajo. Video, repetición, detalle. Crecer hasta competir.
“Si no puedo exigir lo que no hago, entonces soy jefe, no líder”.
Ahí aparecen ejemplos que explican más que cualquier discurso. Como el de Aaron Ramsey, cuyo compromiso diario marcó el estándar del grupo más allá de su rendimiento en cancha.
“A mí me preguntan y me achacan mucho, Aaron Ramsey. ¿Por qué lo traes? Futbolísticamente estábamos esperando que nos diera más. Pero ese tipo de personas, los Aaron Ramsey, los Keylor Navas vienen del alto nivel. No hay nivel más alto: Juventus, Real Madrid, PSG, Arsenal. No hay más alto que eso. Eso es ya la élite de la élite. ¿Qué ayudan esos personajes?
“A que la cultura deportiva dentro del vestidor hace que el tiempo sea más corto. Un ejemplo, los primeros en llegar eran Aaron Ramsey y Keylor Navas. Los últimos en irse, Aaron Ramsey y Keylor Navas. Si yo no ponía el ejemplo y yo le decía al niño de 18 años, tienes que ir a las 7 e irte a las 5, ¿cómo? Ahora, si ves dos figuras que lo hacen natural, lo tienes que hacer. Y entonces con el ejemplo y con el modelo a seguir”, describe el técnico de Pumas.
“¿Qué nos llevó Aaron Ramsey y Keylor Navas? A eso, a una cultura de alto rendimiento espectacular. Una parte lo que nos aportan dentro de la cancha, que Aaron realmente nos costó, a él le costó físicamente, pero tiene cosas positivas lo que dejó”. Eso ya lo hacen todos en el plantel, ya es una costumbre, es un hábito. De la cultura que Efraín ha construido con Pumas.
Más allá del resultado
En un futbol que exige respuestas inmediatas, lo de Juárez parece ir en sentido contrario. Habla de procesos cuando le piden puntos. De cultura cuando le piden goles. De tiempo cuando le exigen presente. A pesar de que tiene a Pumas en el quinto lugar general.
Pero hay algo que empieza a sostener su narrativa. Tal vez no sea suficiente. Tal vez no alcance. El futbol no siempre premia la coherencia. Pero sí deja huella.
Y en Pumas, esa huella ya se percibe: en el físico del equipo, en la estructura, en los jóvenes, en una idea que empieza a tomar forma.
Ciento cincuenta kilos menos no garantizan victorias. Él mismo lo reconoce. Pero se acercan. Algo más difícil de construir y más fácil de perder: identidad.
Y en esa construcción, hay también referencias. Si hay una brújula intelectual para Juárez, aparece en la figura de José Mourinho. No por el contragolpe ni por la organización defensiva, sino por algo más fino: la gestión de la percepción.
Juárez admira en Mourinho esa capacidad de mostrar exactamente lo que quiere que los demás vean. De parecer simple cuando conviene. De invitar al rival a subestimarlo si eso genera ventaja. Una arquitectura del engaño estratégico que convive con otra constante: la lealtad absoluta hacia su grupo.
Ahí, en esa mezcla de narrativa, control y protección del vestuario, encuentra una forma de entender el juego más allá de la cancha.
Y quizá, cuando el tiempo haga su trabajo, alguien más recogerá lo sembrado. Pero la raíz —esa que no se ve, pero sostiene todo— ya empezó a crecer.
