El preparador que sabe todo de sus jugadores menos una cosa: cuándo va a terminar este sueño

Guillermo Hamdan Zaragoza conoce el sueño de cada jugador de Pumas. Conoce su masa muscular, sus tendones, su glucógeno, su fatiga acumulada del martes. Sabe quién necesita hielo y quién necesita un gol. Y sin embargo, cuando Pumas gana, nadie pronuncia su nombre.
Antes de que lleguen los jugadores, antes de que el míster trace la primera línea en la pizarra, Guillermo Hamdan Zaragoza ya está frente a los números. Distancias. Velocidades. Horas de sueño. Carga muscular acumulada.
Antes de que lleguen los jugadores, antes de que el míster trace la primera línea en la pizarra, Guillermo Hamdan Zaragoza ya está frente a los números. Distancias. Velocidades. Horas de sueño. Carga muscular acumulada. / Hector Vivas/Getty Images

Guillermo Hamdan Zaragoza llega al campo de entrenamiento de Pumas a las 7:30 de la mañana. No es una hora simbólica. Es el primer eslabón de una cadena que él mismo diseñó, calibró y puso a funcionar durante trece meses de trabajo silencioso antes de que los resultados le dieran la razón. Antes de que los jugadores calienten, antes de que el entrenador imparta las instrucciones del día, él ya lleva tiempo con los números. 

Sabe cuánto durmió cada futbolista. Sabe cómo está la carga muscular acumulada de la semana. Sabe si el martes alguno se pasó de los parámetros y cómo eso compromete lo que puede exigirle el jueves. En una profesión donde la intuición todavía manda en buena parte del futbol mexicano, Hamdan Zaragoza construyó un sistema donde casi nada se deja al azar.

Tiene 33 años. Nació en México, pero se formó en Europa. Creció viendo la Liga MX por televisión, esa liga que hoy habita desde adentro, desde el epicentro del cuerpo técnico más disruptivo de la temporada. "Para mí estar en Pumas es un orgullo y un sueño", admite para Sports Illustrated.

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En su boca esa frase no suena a cliché de rueda de prensa. Suena a algo más pequeño y más verdadero: a la confesión de un niño mexicano que veía partidos en pantalla y que ahora, tres décadas después, entra al estadio por la puerta de los que trabajan.

Su trayectoria es la de alguien que eligió sistemáticamente la incomodidad de lo desconocido. Mientras se licenciaba en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte en la Universidad Europea de Madrid —con tesis sobre tecnología GPS en el futbol, honor al mérito incluido—, ya hacía prácticas anuales de dos semanas en el Ajax, el AZ Alkmaar y el Feyenoord. 

Después vino el CD Toledo en la Segunda División B española. Después Ghana, donde dirigió como entrenador principal al West African Football Academy en la Ghana Premier League. Después Filadelfia, con el Philadelphia Union Sub-16. Después Medellín, con Atlético Nacional, donde el equipo de Efraín Juárez ganó la Liga y la Copa Colombia en 2024. Ahora, Ciudad de México. El hilo conductor de ese periplo —Europa, África occidental, Estados Unidos, Sudamérica— no es la geografía. Es la obsesión por medir.

En Pumas, Hamdan Zaragoza no encontró un departamento de rendimiento esperándolo. Encontró un vacío. Y decidió llenarlo desde los cimientos. Empezó por algo que parece básico pero que en muchos clubes mexicanos no existe: un registro.

"Una prioridad mía fue crear un registro de todo", cuenta. "Tanto registro médico de cuántos días de baja hemos tenido, qué tipo de lesiones se estaban produciendo, qué tipo de enfermedades había, cuántos días de baja había por enfermedad". El diagnóstico inicial fue el punto de partida. Sin él, cualquier plan de mejora sería construir sobre arena.

Lo que vino después fue más ambicioso. Base de datos de GPS con proyecciones individuales de distancia, velocidad, aceleraciones y desaceleraciones por sesión, por semana, por temporada completa. Planes de nutrición diseñados por jugador. Medición de pliegues cutáneos cada dos semanas —ocho pliegues, no los seis que usa la mayoría de los clubes del país, "para exigirles un poco más"—. 

Suplementación individualizada. "Te puedo decir el 11 de noviembre quién se tomó la proteína y quién no ese día", afirma y no suena a fanfarronada. Suena a alguien que construyó el sistema, entró a vivir dentro de él y ya no concibe otra manera de trabajar.

La transformación más visible fue también la más sencilla de explicar: "Cambiamos las tortillas por lechuga, básicamente". Cuando el cuerpo técnico llegó, había chilaquiles en el desayuno. Hoy hay claras de huevo y fruta. El plantel bajó 150 kilos de grasa total. Y cada comida se calibra en función del estímulo del día —más hidratos si el entrenamiento va a ser intensivo, reposición de glucógeno después del partido— porque, como él mismo dice, "cada día y cada estímulo en el campo tiene una alineación con la parte nutricional".

El modelo que Hamdan Zaragoza construyó no es un departamento de preparación física. Es un sistema nervioso. Médico, fisioterapeuta, nutricionista y preparadores físicos operan desde la misma nube de datos, con acceso compartido, y se reúnen cada mañana antes de la sesión para tomar decisiones en conjunto.

"¿Quién tiene que entrenar al 100%? ¿Quién tiene que recuperar? ¿Quién hace mitad del entrenamiento y luego circuito con los fisios?". La respuesta la da el grupo, pero los datos los aporta él.

Esa reunión matinal es, en cierta forma, el corazón del método. Hamdan Zaragoza llega con la información: fatiga acumulada, carga interna, carga externa, horas de sueño estimadas, alertas individuales. El entrenador escucha. La decisión final siempre es de Efraín Juárez —"él tiene la última palabra"— pero llega nutrida de evidencia, no de instinto.

"Intentamos dejar lo mínimo posible al azar en cuanto a la toma de decisiones del entrenamiento diario", explica. En ese "mínimo posible" está todo su proyecto. Lo que describe a continuación suena a algo entre la ciencia y la artesanía.

"A lo mejor un jugador tiene que venir y entrenar normal, otro tiene que entrenar normal y un poco más aparte y a lo mejor un jugador tiene que venir y hacer hielo y masaje e irse a casa". Tres jugadores, tres días completamente distintos dentro del mismo entrenamiento colectivo. "Porque al final cada jugador tiene su propia fisiología, su propia biología. Unos tardan más en recuperarse que otros. El organismo es totalmente individual de cada uno".

Un trabajo atípico 

Hay una dimensión de su trabajo que él mismo reconoce como atípica en su rol. Las proyecciones de viaje, por ejemplo. A principio de temporada, Hamdan Zaragoza se sienta junto al secretario técnico y planifica cada desplazamiento del año: a qué hora volar, si vuelo comercial o chárter, cuándo conviene regresar después del partido y cuándo es mejor quedarse una noche más. 

El caso de Tijuana —partido nocturno, cambio horario de dos horas, viaje largo— requirió quedarse a dormir en la ciudad y regresar al día siguiente. "Oye, ¿sabes qué? A lo mejor, aunque volvamos a las 4 de la mañana, pero si vamos a tener el día siguiente libre, que se despierte en su casa, que ya llegue y esté en su entorno, con su familia, pues optamos por eso". sd

El futbol profesional, en manos de alguien como él, empieza a parecerse a una ecuación de bienestar total donde dormir en casa también es rendimiento. "Sí, es un trabajo que a lo mejor me sale un poco del rol de preparador físico tradicional porque me encargo de más áreas", concede. "Pero lo hago por intentar ayudar al míster".

Y en esa frase, dicha sin solemnidad, está la ética de trabajo de alguien que lleva más de una década acumulando credenciales —licencia UEFA Pro, MBA, maestría en futbol, cinco idiomas— no para exhibirlos sino para ponerlos al servicio del equipo.

Conoce a Efraín Juárez desde 2016. Luis Pérez y Alex Larrea, que cursó un MBA en dirección deportiva mientras trabajaba en CU. Son amigos antes que colegas, y eso, en el futbol del día a día, tiene un valor que ningún dato puede cuantificar.

"Lucho y Efra son como hermanos mayores míos. Somos amigos más allá del campo". De ese vínculo nació algo que tampoco es habitual en el fútbol mexicano: el cuerpo técnico del primer equipo tomó la decisión de involucrarse también en fuerzas básicas. "Lo normal es pues yo entro en el primer equipo y ya está. Pero aquí nos metimos". La razón no es institucional. Es sentimental. "Sé que Efra tiene un vínculo especial con este club".

Y por extensión, también él. "De niño crecí viendo la Liga Mexicana. Era la liga que podía tocar". Esa frase contiene una biografía entera. El niño que miraba Pumas por televisión terminó construyendo la base de datos de GPS de Pumas en tiempo real. La distancia entre estos dos momentos se mide en años de trabajo fuera del país, en madrugadas en Ghana, en inviernos en Holanda, en tardes interminables en Medellín. 

"Desafortunadamente es un trabajo muy efímero. Si pierdes tres partidos, la gente se olvida de muchos procesos". Lo dice sin amargura. Lo dice como quien sabe que la única respuesta a la efímero es el registro, la documentación, la huella que queda aunque el cuerpo técnico se vaya.

"Incluso hemos creado una nube aquí con toda la información que tenemos, la subimos a la nube, todos tienen acceso a ella, desde el doctor hasta la cocina, para que todos estemos en sintonía". Cuando se vayan —si es que se van—, los procesos quedarán. Las metodologías quedarán. Los estándares quedarán. Eso, más que cualquier título, es lo que Guillermo Hamdan Zaragoza vino a construir en Pumas.

Se queda hasta las siete de la tarde. Lo hace porque quiere. "Es un sueño lo que estoy viviendo".


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.