El Mundial llega. La seguridad, a prueba

Se habló con representantes de los comités organizadores del Mundial en Guadalajara, Ciudad de México y Monterrey. El mensaje fue uniforme: la operación rumbo a los próximos eventos internacionales se mantiene con normalidad y conforme a lo planeado. No hay ajustes en cronogramas ni en protocolos a casi 100 días de que comience la Copa del Mundo 2026.
A la FIFA se le solicitó postura oficial; hasta ahora, el organismo no ha emitido un pronunciamiento público.
La agenda inmediata sigue intacta. El partido de leyendas entre el Real Madrid y el FC Barcelona se mantiene programado para el 3 de marzo en el Estadio Akron. El amistoso entre la Selección Mexicana e Islandia, en Querétaro, sigue en pie para el miércoles 25.
México volverá a hacer historia, el 11 de junio inauguraremos la tercera Copa Mundial de la FIFA @FIFAWorldCup en nuestro país.
— Gabriela Cuevas (@GabyCuevas) February 23, 2026
Pero el calendario no se limita a esos encuentros. Monterrey y Guadalajara se preparan para albergar partidos de repechaje mundialista. El 26 de marzo, Nueva Caledonia enfrentará a Jamaica; el ganador se medirá el 31 de marzo a República Democrática del Congo en busca del boleto a la Copa del Mundo. En paralelo, el Estadio BBVA recibirá el Bolivia vs Surinam el 26 de marzo; el vencedor jugará la final el 31 ante Irak para definir otro pase mundialista.
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Guadalajara, además, será escenario de cuatro partidos del Mundial: el 11 de junio (República de Corea vs Dinamarca, Macedonia del Norte, Irlanda o Chequia, del Grupo A); el 18 de junio (México vs República de Corea, Grupo A); el 23 de junio (Colombia vs Nueva Caledonia, Jamaica o República Democrática del Congo, Grupo K); y el 26 de junio (Uruguay vs España, Grupo H).
El Estadio BBVA (Estadio Monterrey en la Copa del Mundo) albergará estos partidos: 14 de junio, Repechaje UEFA B vs Túnez; 20 de junio, Túnez vs Japón; 24 de junio, Sudáfrica vs Corea del Sur; y 29 de junio, dieciseisavos de final entre el ganador del Grupo F y el segundo del Grupo C.
Las selecciones también han comenzado a definir su base operativa. Corea del Sur, ubicada en el puesto 22 del ranking FIFA, utilizará las instalaciones de Verde Valle, casa histórica de Chivas. Colombia, clasificada en el lugar 14, eligió la Academia AGA del Atlas como centro de entrenamiento. Las federaciones ya han instalado equipos de avanzada en la ciudad y han mostrado preocupación por lo ocurrido en el país.
La Selección Nacional de México y la Selección de Islandia entrenaron en Querétaro de cara al juego de preparación del miércoles en La Corregidora.🏟️#SomosMéxico 🇲🇽 pic.twitter.com/Ffrf9BdCj4
— Selección Nacional (@miseleccionmx) February 24, 2026
El contexto operativo
El contexto que rodea estas confirmaciones, sin embargo, no es menor.
El 22 de febrero, un operativo encabezado por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) en Tapalpa, Jalisco, derivó en la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes (El Mencho), identificado como líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). La reacción fue inmediata: narcobloqueos en distintos puntos de Guadalajara y en Puerto Vallarta, Jalisco, vehículos incendiados, cierres de vialidades estratégicas y suspensión temporal de actividades.
Especialistas en violencia explican que estos episodios responden a un patrón conocido: la demostración de capacidad tras un golpe estructural. Cuando una organización pierde a su liderazgo, activa acciones de alto impacto para enviar tres mensajes simultáneos: cohesión interna, vigencia operativa y advertencia al Estado. “El objetivo es psicológico y mediático”, señalan. No se trata necesariamente de controlar el territorio, sino de demostrar que puede paralizarse. “No es lo mismo dominar una región que bloquearla durante horas”.
El impacto trascendió lo local. El U.S. Department of State actualizó alertas de viaje y aerolíneas como Air Canada realizaron ajustes temporales en rutas. La repercusión evidenció cómo la seguridad regional incide directamente en turismo, inversión y percepción internacional.
En ese entorno, la dimensión tecnológica adquiere peso estratégico. El 18 de febrero, Alejandro Posadas, especialista en seguridad de Motorola Solutions, sintetizó el reto en una frase: “Siempre, sin seguridad no hay juego”.
Para Posadas, la seguridad de un Mundial no se reduce a presencia policial visible, en perímetros o revisiones en accesos, sino a un ecosistema integrado: videovigilancia inteligente, radiocomunicación interoperable, analítica avanzada, biometría, inteligencia artificial y centros de mando que concentran información en tiempo real. “Es un ecosistema integrado de diferentes soluciones que se conjugan para que la tecnología, sin ser tan visible, sea eficiente y eficaz cuando se necesita”, explicó.
México encara ese desafío con una base presupuestal distinta a la de otros países de la OCDE. Datos del Observatorio Nacional Ciudadano (ONC) indican que el gasto total en seguridad equivale al 1.2% del PIB, frente a un promedio cercano al 3% en países miembros. En términos operativos, descontando infraestructura, las instituciones trabajan con recursos equivalentes a alrededor del 0.49% del PIB, lo que limita la inversión sostenida en modernización.
Paradójicamente, esa restricción ha acelerado la adopción tecnológica. México se ubica entre los países con mayor intención de incrementar inversión en tecnologías de seguridad —solo detrás de Alemania— con énfasis en analítica, video, IoT y automatización. La convergencia hacia estándares internacionales es gradual, pero visible.
Aeropuertos, primera línea
En la arquitectura de seguridad, los aeropuertos ocupan un lugar central. Son el primer filtro y el punto de mayor exposición internacional. Sistemas biométricos, rastreo interno mediante cámaras inteligentes y plataformas de comunicación que conectan a migración, fuerzas armadas y autoridades locales forman parte del esquema proyectado para terminales en Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Cancún.
En las sedes mundialistas, la lógica es homologación tecnológica y coordinación interinstitucional. Centros C4 y C5 concentran monitoreo de cámaras, drones y comunicaciones críticas. “No puede haber un grupo aislado”, advirtió Posadas.
La complejidad del Mundial multiplica esa exigencia. “Es complicado para las instituciones”, admitió Posadas. “Tienen que coordinar con diferentes entidades, combinar y compartir recursos, datos, expectativas de aficionados, de nacionalidades”.
Incluso el 911 debe adaptarse. “Hoy la tecnología está preparada para recibir llamadas de auxilio en el idioma natural”, afirmó. La inteligencia artificial puede identificar automáticamente la lengua del interlocutor y hablar con la persona en su idioma nativo.
Tres países, un estándar
En las tres sedes mexicanas la lógica es homologación tecnológica y coordinación operativa. “La tecnología que hoy tenemos en México es la misma que tienen en Estados Unidos y Canadá”, sostuvo. La estandarización exigida por la FIFA obliga a protocolos únicos para tres países.
El corazón del modelo son los centros de comando. “Como lo viste en Qatar, los centros de mando juegan un factor muy importante”, dijo. Video en tiempo real, radiocomunicación crítica, monitoreo de drones y análisis de datos convergen en esos espacios. México ha evolucionado de C4 a C5 y C7. “Toda esta coordinación tiene que trabajar de manera armónica para ser muy eficientes en eventos como este”.
Dentro de los estadios, la tecnología es aún más densa. Un boleto escaneado en el acceso puede vincularse con una cámara que ubica al portador en su asiento. Los sistemas de video cubren el recinto de lado a lado con resolución suficiente para identificar la ropa, el calzado o el comportamiento de alguien en la multitud.
En estadios y fan fests, la tecnología opera con discreción pero con alta sensibilidad: monitoreo de accesos, identificación por características físicas en emergencias, sensores ambientales y sistemas capaces de detectar comportamientos atípicos. La inteligencia artificial funciona como apoyo al ojo humano, amplificando capacidad de respuesta.
Los comités organizadores insisten en que los protocolos no se han modificado. La planeación contempla coordinación entre fuerzas federales, estatales y municipales, así como redundancia tecnológica para evitar fallas críticas.
El desafío no es únicamente logístico. Es narrativo y estructural. Los grandes eventos deportivos requieren infraestructura y calendario; pero, sobre todo, certidumbre. La violencia de alto impacto genera titulares inmediatos. La viabilidad de un Mundial se mide en continuidad.
Hay consenso en un punto: el Mundial dejará infraestructura instalada. Centros de mando fortalecidos, redes de comunicación interoperables, plataformas analíticas que continuarán operando. Para un país con limitaciones presupuestales históricas en seguridad pública, ese legado representa un salto cualitativo.
"Todo lo bueno que se está haciendo en inversiones, en tecnología, en infraestructura, lo vamos a disfrutar posmundial", dice Posadas. Es el argumento más sólido para justificar el esfuerzo: no solo se está organizando un torneo, se está modernizando la infraestructura de seguridad del país con una urgencia que el calendario convirtió en inapelable.
Por ahora, la agenda sigue su curso. Las sedes afinan detalles, las selecciones instalan campamentos y los estadios mantienen operaciones habituales. El entorno recuerda que la seguridad en México es una variable dinámica. La organización responde con una premisa técnica y operativa que no admite matices: sin estabilidad sostenida, no hay torneo posible.
