Erik Lira: el hombre de los kilómetros

Erik Lira es el mediocampista que México necesitaba y tardó en reconocer. Capitán del Cruz Azul, titular inamovible del proceso de Aguirre y pieza central del Tri rumbo al 2026, el jefecito llega a su primer Mundial con veinticinco años; con un total de 279 partidos: tres con Necaxa, 59 con Pumas, 195 con La Máquina y 22 con el Tri.
No marca goles. No hace diagonales vistosas ni pases entre líneas que recortan los noticieros. Erik Lira hace algo más difícil y menos glamoroso: hace que todo funcione.
No marca goles. No hace diagonales vistosas ni pases entre líneas que recortan los noticieros. Erik Lira hace algo más difícil y menos glamoroso: hace que todo funcione. / Hector Vivas/Getty Images


Nadie recuerda el momento exacto en que un niño de trece años entró por primera vez a las instalaciones de Pumas y decidió, en silencio, que no se iba a ir de ahí hasta que el futbol le dijera que sí. Pero Erik Lira sí lo recuerda. Lo rememora porque doce años después carga con ese peso liviano y necesario de quien sabe exactamente de dónde viene. De las canchas de tierra de las fuerzas básicas. De los pasillos del Pedregal donde aprendió que el liderazgo no se pide sino que se ejerce. De aquel verano de 2020 en que estuvo a punto de firmar con el Celaya de la Liga de Expansión y una sola llamada lo devolvió al lugar donde siempre debió estar.

No hay manera de contar los kilómetros recorridos desde entonces. Erik Lira no vive en el gol —tardó 187 partidos profesionales en marcar el primero en Liga MX— sino en la distancia recorrida, en el balón recuperado, en el espacio cerrado antes de que el rival lo encuentre. Hoy corre en los entrenamientos del CAR como si el miedo de aquel verano todavía viviera en sus piernas y le recordara cada mañana que nada está garantizado.

Corre porque es lo que sabe hacer mejor que nadie. Y Javier Aguirre, con el Mundial de México a 28 días y el mediocampo del Tri esperando un dueño, lleva meses viendo esos kilómetros y tomando nota.

Erik Antonio Lira Méndez nació el 8 de mayo del año 2000 en la Ciudad de México. Entró a las fuerzas básicas de Pumas con trece años y se quedó una década. Subcampeón en categorías juveniles, líder nato desde los quince, el muchacho que sus entrenadores ponían de capitán antes de que nadie supiera su nombre.

En 2018 salió cedido al Necaxa. Tres partidos. Suficientes para debutar y para romperse: una rotura de ligamento cruzado le quitó actividad durante meses, solo con sus pensamientos y la pregunta que todos los que se rompen se hacen. Si el cuerpo va a responder igual cuando regrese. Respondió.

Volvió a Pumas para el Apertura 2020 —ese torneo extraño, sin afición, con cubrebocas en las bancas y el silencio de los estadios vacíos como fondo permanente— y Andrés Lillini lo debutó en primera división el 3 de agosto ante el Atlas en Jalisco. Ganaron 2-1. Lira no salió más del equipo.

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Pero antes de ese debut, el camino casi se torció de nuevo. En el verano de ese mismo año, cuando la Liga MX regresaba tras la pandemia, Lira estuvo a punto de firmar con el Celaya. Lo salvó el entrenador Humberto González, que lo había conocido siendo niño en las inferiores de Pumas y recordaba su liderazgo desde los trece. Le hizo una promesa: si iba a Pumas Tabasco, en menos de un mes debutaría con el primer equipo. Tardó semana y media. Una tarjeta roja cambió el once y Lira entró al campo.

El mismo principio que lo sostiene hoy en el CAR lo salvó entonces de desaparecer. "Lo que tienes que enfocarte es en el entrenamiento de hoy", comparte en zona mixta, con la convicción de alguien que no lo aprendió en un libro. "Mañana ya veremos qué pasa. Vamos día a día, momento a momento".

En sus 59 partidos con la camiseta auriazul construyó algo que los números no terminan de explicar: una reputación. La del volante que ordena sin pedir permiso, que recupera donde nadie más llega, que no necesita el gol para cambiar un partido.

Erik Lira es observado por Javier Aguirre como una pieza confiable para el Mundial 2026 gracias a su disciplina táctica.
Erik Lira es observado por Javier Aguirre como una pieza confiable para el Mundial 2026 gracias a su disciplina táctica y capacidad para sostener el mediocampo. / Simon Barber/Getty Images

Esos partidos lo llevaron a la final del Apertura 2020 —que Pumas perdió contra León— y al once ideal del Clausura 2021. La Selección Sub-23 lo llamó ese mismo año. En octubre de 2021 debutó con el combinado mayor.

Cruz Azul llegó con su cheque en enero de 2022 y se lo llevó por cuatro millones de dólares. Una cifra que en ese momento sonaba alta para un volante de veintidós años sin goles y con apenas dos torneos encima. La inversión fue correcta.

En sus 195 partidos con La Máquina sobrevivió a ocho entrenadores: Juan Reynoso, Diego Aguirre, Raúl Gutiérrez, Ricardo Ferretti, Joaquín Moreno, Martín Anselmi, Vicente Sánchez y Nicolás Larcamón. Titular con todos. Pieza inamovible en todos los esquemas.

Levantó la Concachampions en junio del año pasado, cuando Cruz Azul venció al Vancouver Whitecaps en la final. Ganó la Liga de Naciones de la Concacaf con México en marzo de 2025, el primer título de esa competencia para el Tri. Y el 28 de enero de ese mismo año, ante el Necaxa en Liga MX, Erik Lira marcó su primer gol oficial en el máximo circuito.

Doscientos setenta y nueve partidos de futbol profesional —tres con Necaxa, 59 con Pumas, 195 con Cruz Azul y 22 con la Selección Mayor— esperando ese momento. Un mediocampista de contención que no vive de los goles, sino de todo lo que pasa antes de que alguien los haga, supo por fin lo que es ver la red moverse por su culpa.

Con apenas 25 años, Erik Lira combina recuperación, presión alta y claridad en la circulación.
Con apenas 25 años, Erik Lira combina recuperación, presión alta y claridad en la circulación. / Agustin Cuevas/Getty Images

En zona mixta, Erik Lira habla con la serenidad de alguien que lleva años siendo más maduro que su edad. Se le pregunta sobre Edson Álvarez, el capitán histórico que llega sin ritmo desde el West Ham y no se inquieta.

"La competencia es muy sana. No hay un once definido. El que salte a la cancha está preparado y listo, a veces sale mejor que el que nos tocó jugar el partido pasado". Hace una pausa. "La decisión la tomará Javier. Nosotros entrenamos al máximo y desde donde nos toque apoyar, vamos a dar nuestra mejor versión". Lo dice sin cálculo, sin el tono de quien esconde algo. Lo dice como quien realmente lo cree.

Con Aguirre la relación es de confianza construida partido a partido, del tipo que no necesita explicación porque se ve en la alineación. Titular en la semifinal de la Liga de Naciones ante Canadá, titular en la final ante Panamá, titular en la gira sudamericana, ante Portugal donde respondió frente a De Bruyne, Bruno Fernandes y Vitinha. "Javier es muy cercano conmigo y con todos", explica en zona mixta. "Antes de un entrenador es como un padre de familia para nosotros. Eso hace que te sientas valorado, querido. Y eso se refleja dentro de la cancha".

Cuando se le cuestiona sobre la presión de jugar en casa, sobre las críticas a la concentración larga, sobre el quinto partido que México nunca ha superado, responde con algo que suena a filosofía trabajada, no a protocolo. "La selección mexicana es eso. Todo el país te ve. La presión es enorme, la exigencia es muy grande. Y nosotros estamos tranquilos, preparándonos muy fuerte". Una pausa breve y luego lo más importante: "Estoy seguro de que en México va a ser el mejor mundial que ha tenido nuestro país".

En el Tri, su crecimiento lo metió de lleno en la pelea por un lugar titular rumbo al Mundial 2026.
En el Tri, su crecimiento lo metió de lleno en la pelea por un lugar titular rumbo al Mundial 2026. / Omar Vega/Getty Images

No lo dice para la cámara. Lo dice para convencerse y para convencer. México logró los Cuartos de Final en México 70 y México 86. Pero fuera de casa nunca ha logrado llegar a esa barrera. Ahora se jugará el tercer mundial en casa y ahí se le pregunta qué es exactamente el mejor mundial para México. Ahí Lira deja caer el protocolo por completo.

"No es tanto el resultado. Es que los mexicanos nos sintamos identificados con los que saltan a la cancha. Que los que estamos en la cancha veamos para arriba, veamos al aficionado y digamos: hermano, somos mexicanos. Nos sobreponemos a todo y cualquier reto que nos venga lo vamos a sacar adelante juntos".

Hay algo que Erik Lira repite en zona mixta, una frase que funciona como ancla y que lo ha acompañado desde aquel verano en que casi bajó a segunda: el entrenamiento de hoy es lo más importante. No el de mañana, no el partido de la semana que viene, no Europa; aunque Braga, Porto, AZ Alkmaar y Nice ya lo siguen.

"No puedo pensar en irme a Europa sin primero estar en la lista final del mundial", dice con calma. "Voy paso a paso". Y agrega lo que lo resume mejor que cualquier estadística: "Soy un jugador de equipo. Si estoy acá es gracias a Cruz Azul, a mis compañeros, al staff, al cuerpo técnico, a la directiva. Primero agradecerles a ellos".

Hoy vale ocho millones de euros en el mercado, es capitán de La Máquina, titular inamovible del proceso mundialista de Javier Aguirre y uno de los jugadores mexicanos con más clubes europeos mirándolo de cerca. Todo eso con veinticinco años. Todo eso sin haber marcado un gol profesional en sus primeros 187 partidos de carrera. Ahora lleva 257 partidos profesionales encima —tres con Necaxa, 59 con Pumas, 195 con Cruz Azul— más 22 con la Selección Mayor. Dos goles en toda esa distancia. Dos. El primero en Porto Alegre con la camiseta verde, el 13 de enero de 2025. El segundo ante el Necaxa en Liga MX, el 28 de enero de ese mismo año.

En Porto Alegre, ante el Internacional de Brasil, Erik Lira recibió un balón dentro del área, definió y supo por primera vez lo que significa ver la red moverse por tu culpa. El único antecedente era un tanto en categorías inferiores, ante Pumas, cuando todavía era juvenil del Necaxa. No importó. El mediocampista de contención no vive de los goles. Vive de todo lo que pasa antes de que alguien lo haga. Un mediocampista que el futbol mexicano lleva años midiendo en kilómetros recorridos, no en celebraciones.

El 11 de junio, en el Estadio de la Ciudad de México, con Sudáfrica enfrente y todo México en las tribunas, Erik Lira estará muy cerca de ese once inicial. El jefecito que casi se va a la segunda división jugará su primer Mundial en casa, con el peso tranquilo de quien sabe exactamente dónde está parado. Donde siempre supo que iba a llegar.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.