Keylor Navas, con tres Champions, le pregunta a su entrenador de porteros: "Qué hice mal"

Hay una imagen que Iván Gaytán Morales no termina de procesar, aunque la vive cada mañana. Keylor Navas llega al entrenamiento, escucha, trabaja y cuando algo no le sale como quería, es el primero en decirlo. No espera que el entrenador lo señale. Lo dice él. "Me faltó esto". Y sigue.
Para Gaytán, quien lleva más de dieciséis años en Pumas y ha visto pasar por su lugar de trabajo a porteros de toda condición, esa disposición sigue siendo la más difícil de encontrar. No las paradas. No los reflejos. La apertura.
"Antes era verlo en las competiciones internacionales, verlo en un mundial, verlo en un equipo europeo de altísima gama", comenta a Sports Illustrated. "Ahora lo tengo en la cancha". La distancia entre la pantalla y la realidad, en el caso de Navas, no le ha quitado el asombro. Lo que más lo sorprendió, dice sin dudar, fue la velocidad de reacción.
Esa capacidad explosiva, casi antinatural, que uno percibe en la televisión y que uno podría atribuir al ángulo de la cámara o al montaje. Pero está ahí, en el entrenamiento de las nueve de la mañana, sin público, sin presión de resultado. Está ahí de todas formas.
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Lo que Gaytán describe, sin usar exactamente esas palabras, es la sencillez de los grandes. Navas llegó a México con tres Champions League en los pies, con un Mundial en el alma, con el peso de haber sido el mejor portero del planeta durante una temporada entera. Y sin embargo —o precisamente por eso— llega antes, escucha más, pregunta lo que otros con su currículum jamás preguntarían.
No es casualidad que el entrenador trace un paralelo con Alfredo Talavera, otro portero de gran recorrido que pasó por Pedregal hace algunos años. La descripción es casi idéntica: abierto a la corrección, dispuesto al diálogo, hambriento todavía. Gaytán parece buscar ese rasgo como condición no negociable, más allá del nivel. Y cuando lo encuentra en alguien de la talla de Navas, lo que siente no es solo satisfacción profesional. Es algo parecido al alivio.
Porque su trabajo, en el fondo, depende de eso. Gaytán no impone, facilita. No le interesa tener la última palabra sobre un portero de cuarenta años, con experiencia acumulada; le interesa que ese portero quiera seguir aprendiendo algo. "El techo es el que él mismo se proponga", dice. "Nosotros le vamos a dar las herramientas para que lo pueda hacer". Es una filosofía de entrenador que exige, como condición previa, que el futbolista tenga todavía algo que quiera alcanzar.
Con Navas eso está resuelto. La renovación de contrato, dice Gaytán, no fue solo un trámite administrativo. Fue el momento en que al portero se le vio soltarse. Venía bien, pero había algo que lo contenía levemente, alguna incertidumbre que no terminaba de nombrarse. Cuando llegó la certeza del vínculo, llegó también la versión más libre de Keylor: reactivo, fuerte, con ganas de llegar cada mañana. "Solito es automático", dice el entrenador. Se siente él mismo.
Esa comodidad tiene también otra lectura, más silenciosa. Navas ha tenido que adaptarse no solo a un club, sino a una ciudad, a una cultura, a una liga distinta en ritmo y en lenguaje. Gaytán lo dice sin dramatismo pero con claridad: estar en un equipo de la Ciudad de México "tampoco es fácil". Hay una presión que no está en el reglamento, que no aparece en los datos, pero que se siente en cada jornada. Navas la fue absorbiendo sin aspavientos.
Y en ese proceso de adaptación, Gaytán cumplió también un rol que va más allá del entrenamiento de porteros. Fue el que estuvo pendiente en los partidos, el que bajó con la tablet para mostrarle una situación antes de que volviera a presentarse, el que calibró la información para que llegara en el momento justo, con frescura y no con retardo. El que entendió que un portero de ese nivel no necesita más datos: necesita los datos correctos, en el instante preciso.
Lo que Gaytán construyó a lo largo de dieciséis años en Pumas —categoría por categoría, portero por portero— es eso: una manera de leer a cada arquero y darle exactamente lo que necesita. Con Navas, esa lectura lo llevó a una certeza que todavía lo deja algo perplejo.
"En la vida llegué a pensar en tener esta oportunidad", admite. Y luego, sin pausa, vuelve al trabajo.
El diseñador que construyó una escuela
Hay algo de paradoja en la historia de Iván Gaytán Morales. El hombre que hoy diseña el futuro de los porteros de Pumas llegó a CU hace más de dieciséis años no con guantes ni con camisetas de arquero, sino con el ojo de un diseñador gráfico. Fue en las oficinas del club donde dio sus primeros pasos dentro de la institución, en los años noventa, antes de que el fútbol —y la portería en particular— se convirtieran en su verdadero lienzo.
De aquel pasado en el diseño conserva algo que no se enseña en los cursos de entrenador: la capacidad de leer una imagen completa antes de intervenir en ella. Ver al conjunto, entender la estructura, saber dónde duele el trazo. Hoy ese instinto lo aplica a cada arquero que pasa por su día a día en Pedregal: primero los observa, luego los construye.
Su ascenso en Pumas fue metódico, casi silencioso. Categoría por categoría en fuerzas básicas, aprendiendo la gramática de cada edad, los miedos distintos que tiene un portero de quince años y los que tiene uno de veintidós. Cuando en 2020 el club lo llamó al primer equipo —en medio de una reestructura del cuerpo técnico—, Gaytán no llegaba como un nombre nuevo. Llegaba como alguien que conocía cada rincón de la casa.
La filosofía que construyó en ese recorrido tiene un principio central que repite sin variaciones: el arco no es de quien lo ocupa, es del club. "El arco es de Pumas, es del Club Universidad", ha dicho. Esa frase resume algo más que humildad institucional. Resume una forma de entender su trabajo como un acto de continuidad, donde cada portero que asciende carga con el proceso de todos los que vinieron antes.
Con Efraín Juárez al frente del primer equipo, Gaytán encontró un ecosistema que amplía su metodología. Le interesa la data, los patrones de tiro del rival, si el delantero prefiere el palo largo o cierra hacia el primer palo, si remata de pierna cambiada. No deja rendija abierta, como él mismo dice. Y en los partidos, baja al área técnica con información puntual, muestra en tablet alguna situación al portero antes de que vuelva a presentarse, busca que la corrección llegue con frescura, no con retardo.
El otro eje de su labor son los jóvenes: Pablo Lara, Miguel Mónaco, Rodrigo Parra. Con ellos el trabajo es de otra naturaleza. No solo técnica, sino cultural. Gaytán entiende que tener a Keylor Navas en el día a día es un recurso pedagógico que no se puede desperdiciar.
