La última deuda del Vasco: los récords ya cayeron; ahora falta romper la maldición

México llega a la ronda de eliminación directa después de firmar la mejor fase de grupos de su historia. Ganó sus tres partidos, no recibió goles, consiguió por primera vez cuatro triunfos consecutivos en Copas del Mundo y alcanzó su victoria número 20 en el torneo. Ahora, frente a Ecuador, tendrá la oportunidad de conquistar el récord que ninguna generación ha podido conseguir desde 1986: ganar un partido de vida o muerte.
Frente a Ecuador ya no importan los récords. Lo que espera en el Estadio Azteca es la oportunidad que Javier Aguirre ha perseguido durante 24 años: ganar, por fin, un partido de eliminación directa.
Frente a Ecuador ya no importan los récords. Lo que espera en el Estadio Azteca es la oportunidad que Javier Aguirre ha perseguido durante 24 años: ganar, por fin, un partido de eliminación directa. / MexSport Sports Agency

Javier Aguirre tiene 67 años y hay dos partidos que nunca abandonaron su memoria. El primero ocurrió el 17 de junio de 2002, en Jeonju. México acababa de firmar una fase de grupos extraordinaria: derrotó a Croacia, venció a Ecuador y empató con Italia para terminar líder de grupo. El país soñaba. Entonces apareció Estados Unidos en los octavos de final y todo se vino abajo.

A los veinte minutos, Aguirre rompió el plan. Abandonó la línea de cinco, modificó el sistema, sacrificó a Ramón Morales y apostó por un Luis Hernández que no estaba físicamente al cien por ciento. Años después dejó de buscar explicaciones.

"El error estuvo en la visceralidad. Me salió lo novato, lo visceral, lo todo". Aquella noche lloró. "Me sentí el peor entrenador de la tierra". Se marchó a España. Casi un autoexilio. 

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La segunda herida llegó ocho años después. Sudáfrica 2010. Volvió para rescatar una Eliminatoria que parecía perdida, clasificó a México, empató con el anfitrión, venció a Francia y cayó ante Uruguay. Otra vez había ilusión. Otra vez apareció un gigante en la primera ronda de eliminación directa. Argentina.

El partido quedó marcado para siempre por el fuera de lugar de Carlos Tévez que el árbitro Roberto Rosetti validó pese a las protestas mexicanas. Aguirre revelaría años después que, durante el descanso, el propio Rosetti estaba furioso con su asistente, lanzó el silbato al suelo y reconocía internamente el error que ya era irreversible. El marcador terminó 3-1. Otra vez el quinto partido quedó demasiado lejos. Desde entonces pasaron 16 años.

Aguirre habló de esos dos torneos sin hablar de nada con demasiado detalle. Es su manera. "Me equivoqué, me equivoqué seguramente en ambos casos", dijo, y lo aseguró con la mirada de frente. "Lo importante, creo yo, es no equivocarse en lo mismo. Eso sería un doble error".

No mencionó el cambio de esquema en Jeonju, no mencionó el silbato que Rosetti tiró al suelo en Johannesburgo. No necesitó hacerlo. Quienes estaban en la sala sabían de qué hablaba. Matizó, eso sí, que en ambas eliminaciones hubo circunstancias que los perjudicaron, pero se apresuró a descartar esa lectura: "No es más que una justificación bastante absurda después de tanto tiempo".

Y desde México 1986 ya transcurrieron cuatro décadas sin que la Selección Mexicana volviera a ganar un partido de eliminación directa en una Copa del Mundo. La herida dejó de pertenecer a una generación para convertirse en una identidad nacional. Ahora el destino vuelve a colocar al mismo protagonista frente al mismo fuego. Pero esta vez el escenario es distinto.

Antes de enfrentarse a Ecuador, Aguirre construyó la mejor fase de grupos que México haya firmado en un Mundial. Por primera vez ganó el partido inaugural. Por primera vez terminó la primera ronda con tres victorias de tres posibles. Por primera vez enlazó cuatro triunfos consecutivos en una Copa del Mundo.

La victoria sobre República Checa también significó la número 20 en la historia de México en los Mundiales. Además, igualó una marca que permanecía intacta desde 1970: terminar la fase de grupos sin recibir un solo gol. 

Entonces lo hicieron Ignacio Calderón. Ahora fue Raúl Rangel quien sostuvo el cero durante los tres encuentros y escribió su nombre junto al de aquel histórico equipo. El único equipo del torneo que ganó sus tres partidos sin recibir un solo gol, una marca que los incorpora a un selecto grupo en la historia del torneo — Países Bajos 1974, Brasil 1986, Italia 1990, Argentina 1998, Uruguay 2018 — en completar la primera ronda con el arco imbatido.

El Estadio Azteca también recuperó su vieja condición de fortaleza. México continúa invicto en nueve partidos mundialistas disputados en ese estadio: siete victorias, dos empates, 16 goles anotados y únicamente dos recibidos. Todo parece indicar que el escenario está preparado.

El problema es que enfrente aparece un rival que también representa una deuda histórica. Las selecciones sudamericanas. México apenas ha derrotado una vez a un equipo de la CONMEBOL en una Copa del Mundo. El balance es demoledor: una victoria, tres empates y diez derrotas en 14 enfrentamientos.

La única excepción también lleva la firma de Javier Aguirre. Fue Ecuador, en Corea-Japón 2002. Como si el futbol tuviera memoria. Aguirre no escondió el respeto que le inspira el conjunto ecuatoriano.

"Espero un Ecuador muy intenso. Así juegan los equipos de (Sebastián) Beccacece. Presionan muy arriba, recuperan muchísimos balones en campo rival y compiten cada duelo individual". Incluso fue más lejos. "Es de los equipos que mejor roba la pelota en campo contrario de todo el Mundial". Por eso sabe que el reto no admite concesiones. "Tenemos que hacer un partido casi perfecto".

También habló del crecimiento del futbol ecuatoriano. "Hace algunos años estaba un escalón por debajo de Argentina, Brasil y Uruguay. Hoy ya está entre esas selecciones. Tiene muchos jugadores en Europa, futbolistas muy valiosos y un gran entrenador".

Pero quizá la respuesta que mejor explica este momento llegó cuando dejó de hablar del rival y comenzó a hablar de los suyos. Los jóvenes. Gilberto Mora. Obed Vargas. Mateo Chávez. Una generación que, según él, no conoce el miedo que acompañó a otras.

"No le tienen miedo al éxito". Recordó que en el Mundial de 2002 apenas dirigía a un futbolista que militaba en Europa, Francisco Palencia. Hoy más de la mitad de su plantel compite fuera de México.

No es sólo un cambio de mercado. Es un cambio de mentalidad. Ellos hablan de ser campeones sin sentirse irrespetuosos con la historia. Él escucha y sonríe.

"Yo soy el abuelo", dijo entre risas durante la conferencia. Quizá por eso no intenta frenar los sueños de nadie. "No soy quién para limitar los sueños de mis jugadores".

También habló del Estadio Azteca. Lo hizo con un brillo distinto. Nunca había dirigido un partido mundialista de México como local en eliminatoria directa.  Ya ganó dos en la fase de gruops, Como futbolista vivió ahí la Copa del Mundo de 1986.  Ahora regresa cuatro décadas después convencido de que el estadio sigue con un peso propio. "Es nuestro jugador número 12".

“Es una metáfora, evidentemente, pero ayuda mucho saber que está tu gente ahí arriba, tu familia y aparte que te están viendo prácticamente todo el país”. Durante semanas, el Azteca fue una fiesta. Ahora será un tribunal. 

Los récords ya quedaron escritos. Las cuatro victorias consecutivas. Las veinte victorias mundialistas. Los tres partidos sin recibir gol. La mejor fase de grupos de la historia. Todo eso sirve únicamente para llegar a este punto.

Mañana, en el Azteca, Javier Aguirre tiene la oportunidad de hacer lo que no pudo en Corea ni en Sudáfrica: cruzar al otro lado. El primer partido de eliminación directa que gana como técnico de México. Cuarenta años después, México vuelva por fin a cruzar el fuego. Llegar al quinto partido. La herida que por fin cierra.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.