Sin prisa, sin ruido: el ascenso de Tala Rangel hacia el Mundial

Entrevista exclusiva con Raúl Rangel, quien se perfila para ser el portero titular con México. Hay carreras que se construyen en silencio, hasta que una jugada lo cambia todo. A 78 días del Mundial, un penal atajado ante Monterrey resume la historia de resistencia que hoy lo tiene en la antesala del arco del Tri.
Tala Rangel, del anonimato al arco del Tri a 78 días del Mundial.
Tala Rangel, del anonimato al arco del Tri a 78 días del Mundial. / Simon Barber/Getty Images

Hay trayectorias que no se explican con estadísticas, sino con resistencia. La de Raúl Rangel es una de ellas: una historia de paciencia, silencios largos y momentos que llegan cuando todo parece estar en contra. Hoy, a las puertas de un Mundial con México, a 78 días, su camino encuentra sentido en una escena reciente, casi cinematográfica: un penal detenido ante Monterrey que no solo sostuvo a su equipo en el liderato general, sino que pareció detener el tiempo de toda su carrera.

Rangel no fue el niño prodigio que acaparó reflectores desde temprano. Su historia es más áspera. Formado lejos del ruido mediático, creció entendiendo que ser portero en México es convivir con la duda permanente. Bajo los tres palos no hay margen para el error y durante años su nombre vivió en la periferia, esperando una oportunidad que no siempre parecía llegar.

“Creo que es parte de cierto –ser un poco loco–”, sostiene el arquero de Chivas en entrevista con Sports Illustrated en Verde Valle, donde entra el Rebaño previo a la última lista de Javier Aguirre. “Pararse bajo los tres postes y aguantar balonazos a diestra y siniestra, creo que sí es de reconocerse”.

Su padre había sido portero y aunque la historia no venía escrita, sí venía marcada. Bastó escuchar a otros decir que su papá “era muy bueno” para que algo se encendiera. No fue obligación. Fue la curiosidad que se volvió obsesión. Porque ser portero —lo entendió pronto— no es normal.

Creo que solamente los valientes se atreven a ser porteros, empecé por mi papá y como que ya traía ese ese gusto por lanzarme, por atajar balones, la sensación que me daba de parar un balón y ahogar el grito de gol, creo que eso me gustaba demasiado desde niño, siempre me gustó mucho”, añade el originario de Zapotlán el Grande, Jalisco, a dos horas de Guadalajara.

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Un camino sin reflectores

La historia de Raúl Rangel no es la de un talento precoz que rompió todo desde niño, sino la de un arquero que creció a contracorriente, aprendió a sostenerse cuando nadie miraba. Desde pequeño, Rangel encontró en la portería un refugio extraño. Mientras otros niños soñaban con goles, él se acostumbró a evitarlos. 

“Toda la gente que le preguntaba me decía: ‘tu papá es muy bueno, tu papá tiene cualidades’. Se referían a él de muy buena manera y eso como que me llamó la atención”. Ahí, en canchas de tierra, con porterías improvisadas y pocas garantías, comenzó a construir algo más profundo que técnica: temple. “Aunado al hecho de que me gustaba aventarme, me gustaba detener los balones. Creo que eso me ayudó a marcar la pauta de querer ser portero”.

No era el más seguido por visores ni el que encabezaba listas, pero sí el que se quedaba más tiempo, el que repetía, el que entendía que su posición exige convivir con el error.

“Tengo muy buenos recuerdos de Guzmán (como se conoce actualmente a Zapotlán el Grande), la mejor época fue la secundaria, porque ahí fue donde siento que disfruté, no me quedé con ganas de nada. Viví lo que tenía que vivir y eso me ayudó también a la hora de llegar aquí, a Chivas, estar ciento por ciento metido acá”, sostiene.

Su camino no fue directo. Pasó por procesos formativos donde muchas veces estuvo cerca de quedarse fuera. La portería, en México, es una competencia feroz y silenciosa: siempre hay alguien más experimentado, alguien con más confianza del entrenador. Y Rangel lo vivió. Hubo momentos donde parecía que su carrera se estancaba, donde la titularidad era ajena y el protagonismo, inexistente. 

“En Guzmán hay mucha gente que se caracteriza por ser aguerrida, fuerte y de mentalidad también. Creo que eso de rodearte de ese tipo de personas te ayudan, te forjan, te ayudan a crecer en cuanto a lo mental, a lo físico, espiritualmente también”, sostiene Rangel, de 26 años de edad.

“Creo que fue muy completo mi desarrollo y al final de cuentas eso me ayudó muchísimo también para lo que vino después de eso”. Llegar a Chivas no significó el despegue inmediato. Tuvo alguna otra propuesta. “Chivas… Es mi lugar. Aparte le voy a Chivas, mi familia le va a Chivas. Dije, ‘pues está claro que me voy a decidir por ir ahí’. Y así fue como llegué acá”.

La prueba y la transformación

Club Deportivo Guadalajara fue una nueva prueba. Vestir esa camiseta implica presión constante. Para un portero joven, cada error pesa el doble. Sus primeros momentos estuvieron marcados por la intermitencia, por partidos donde mostró condiciones y otros donde la crítica cayó con fuerza. Hubo noches complicadas, goles que dolieron, decisiones que se cuestionaron. Pero también había señales. Su debut con Tapatio fue el 20 de septiembre de 2020.

“Me marcó la pauta para ver hasta dónde podía. Creo que el debutar, ganar, me dio confianza para decir: ‘¿Sabes qué? El trabajo que he llevado ha valido la pena porque ya debuté, sé que puedo lograr grandes cosas, sé que con mi trabajo, si sigo así, me va a permitir estar en algunos años en primera división’”.

Luego llegaron los ídolos. Cada domingo al mediodía, su abuelo ponía los partidos y él veía fascinado a Oswaldo Sánchez, el portero de Chivas que gritaba, ordenaba y gesticulaba sin parar. Rangel empezó a fijarse en cada detalle: cómo se movía, cómo hablaba, cómo lideraba desde el arco.

Después amplió su mirada hacia el mundo y estudió a figuras como Iker Casillas, Gianluigi Buffon y Oliver Kahn. No se trataba solo de admirarlos; los analizaba, copiaba movimientos, intentaba quedarse con lo mejor de cada uno. Así empezó a construir su propio estilo.

“Empecé a tomar referencias. Buscaba videos de Oswaldo. Ya después busqué videos de porteros internacionales como Iker, Buffon, de Oliver Kahn… Son porteros que empecé a observarlos, traté de tomar lo mejor de cada uno de ellos”.

Atajadas que empezaron a cambiar percepciones. Actuaciones donde sostuvo resultados. Partidos donde dejó de ser una apuesta y empezó a ser una respuesta. Poco a poco, Rangel dejó de ser el portero que “podía ser” para convertirse en el que “está siendo”.

“No decir de qué ahora sí ya me levanté y ya estoy listo, no, era más bien tengo que trabajar para si en dado caso se requiere, estar listo y no esperar a que llegue ese momento para empezar a trabajar. Esa era mi ideología”.

La primera gran prueba llegó en su debut en primera división, el 1 de octubre de 2023, en una visita complicada al estadio de Toluca. Era un escenario pesado para cualquiera, mucho más para un portero joven. Pero Rangel decidió verlo como un desafío: demostrar que podía defender esos colores. El resultado fue un empate a uno.

El destino, sin embargo, también le tenía preparada una pausa. Apenas después de su debut, jugó 16 minutos en el clásico ante Atlas y se lesionó. Muchos futbolistas habrían vivido ese momento con frustración. Él decidió utilizarlo de otra manera. Durante la recuperación empezó a leer, a estudiar sobre control emocional, a practicar técnicas de meditación. Entendió que un portero no solo necesita reflejos: necesita una mente fuerte. Hoy considera que esa es su mayor virtud.

Con el tiempo llegó la consolidación en Chivas. A partir del Torneo Clausura 2024, Raúl se convierte en el guardameta titular del Rebaño y, más tarde, llega la convocatoria a la selección mexicana. El llamado lo tomó con humildad. Sabía que estaba rodeado de porteros con más recorrido y decidió aprovecharlo para aprender. En el vestidor pudo observar de cerca a figuras como Guillermo Ochoa, un veterano de cinco participaciones mundialistas, y escuchar de primera mano lo que significa jugar en ese escenario.

Las experiencias también trajeron golpes de realidad. Un partido ante Uruguay le recordó que el camino todavía era largo. Su debut como titular del Tri fue un 5 de junio de 2024, donde recibió cuatro goles. Para Rangel, ese tipo de momentos funcionan como advertencias necesarias: señales de que todavía hay mucho por mejorar.

Y en ese proceso, llegaron tanto sus mejores como sus peores momentos. Porque crecer en la portería no es lineal: es caer y levantarse en público. Es equivocarse frente a miles y volver a intentarlo. Rangel lo hizo. Aprendió a no esconderse, a competir incluso cuando la confianza externa no estaba.

Javier Aguirre le dio la confianza desde que llegó en julio de 2024, el Vasco lo ha llamado siempre a todas sus convocatorias. Y en la última parte del proceso, lo ha puesto de titular. De repente, la carrera por la portería del Tri que había sido muy cerrada—con Luis Ángel Malagón como favorito, Raúl Rangel como competidor—se transformó. Malagón, el portero del América, el que era visto como el preferido, estaba fuera.

“Pues me da la confianza y todavía la responsabilidad de que estoy haciendo algo bien y de seguir haciéndolo, de trabajar justamente como vengo haciéndolo y tratar de ser lo más constante que se pueda”, comparte al cuestionarlo sobre la confianza del Vasco.

El momento que lo explica todo

Y ahora, el presente, le puso una escena definitiva frente a Club de Futbol Monterrey. El partido estaba vivo, tenso, al límite. Penal. De esos instantes que definen narrativas. El estadio en silencio, el ejecutor listo, y Rangel en la línea, cargando todo su recorrido. No solo era una jugada: era la suma de sus años invisibles, de sus errores, de su insistencia.

El disparo salió con potencia. Y él eligió.

Se lanzó con decisión, estirando el cuerpo como si en ese vuelo fuera todo. La mano apareció firme, atajando el balón. Se lo quedó. El grito explotó. Sus compañeros corrieron. Pero más allá del festejo, hubo algo más profundo: la validación.

Porque ese penal no solo evitó un gol. Confirmó una transformación.

Hoy, en el radar de la Selección Mexicana, en un contexto donde la portería históricamente ha tenido nombres de peso como Guillermo Ochoa, quien regresó a la convocatoria, Rangel ya no es un nombre emergente. Es una realidad que se ha construido desde abajo, desde la duda, desde la resistencia.

Su historia no es perfecta. Está llena de tropiezos, de momentos grises, de procesos largos. Pero justamente por eso tiene más fuerza. Porque no llegó por inercia, sino por insistencia.

Y si hoy está cerca de debutar en un Mundial con México, no es por una sola noche. Aunque, a veces, una atajada —como la que le hizo a Monterrey— puede resumir toda una vida.

Aun así, el sueño está ahí. El Mundial de 2026 se acerca y él intenta imaginarlo. No asegura que vaya a jugarlo, ni siquiera que vaya a ser titular. Pero en su mente aparece una escena con frecuencia: el himno mexicano, el estadio lleno, la oportunidad de defender la portería de su país.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.