El ascenso contraataca: TAS, competencia y tribunales, la ruta de los clubes de Expansión

Durante años, el ascenso y descenso del futbol mexicano se ha discutido como un problema deportivo. Ahora, los clubes que buscan recuperar esa posibilidad quieren llevar la pelea a otro terreno: el legal, el económico y el patrimonial.
La estrategia tiene tres escalones. Primero, el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS). Después, la autoridad mexicana de competencia, para cuestionar las condiciones que mantienen cerrada a la Liga MX. Y, si ninguno de esos caminos modifica el escenario, los clubes están dispuestos a llegar a los tribunales federales, aun con una consecuencia extrema sobre la mesa: una eventual desafiliación por parte de la Federación Mexicana de Futbol.
Te puede interesar: Comisión Antimonopolio investigará a la Liga MX por eliminación del ascenso y descenso
Para los clubes de Expansión que impulsan esta postura, el problema no es solamente que no exista un ascenso. El argumento es que se restringió el acceso a un mercado que, por su propia naturaleza, debería estar abierto a la competencia.
Atlante es uno de los proyectos que ha decidido avanzar por esa ruta. Su postura parte de una premisa: si no existe una vía deportiva para llegar a Primera División, tendrá que construirse por otra vía, la compra de una franquicia.
La primera estación para los demás que no creen en ese camino es el TAS. Ahí se buscaría cuestionar las condiciones bajo las cuales se eliminó el ascenso y, eventualmente, reclamar daños patrimoniales. La propia posibilidad de que el tribunal determine que existió un derecho previamente reconocido y posteriormente restringido forma parte de los escenarios que los clubes analizan.
El Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) mantiene abierta una nueva apelación presentada por cinco clubes de la Liga de Expansión MX en contra de la Federación Mexicana de Futbol (FMF) por la continuidad de la eliminación del ascenso y descenso.
El reglamento para la campaña 2026-27 estableció que no habrá descenso en la Liga MX ni ascenso desde la división de plata, respaldándose en los plazos originales de reestructuración.
El siguiente frente para los clubes de expansión sería México. La intención es llevar el caso ante la autoridad de competencia y plantear que mantener cerradas las 18 plazas de la Liga MX representa una restricción del mercado. La Comisión Nacional Antimonopolio (CNA) ya abrió una investigación de oficio contra la Liga MX para determinar si la eliminación del ascenso y descenso constituye una práctica monopólica.
La investigación de la CNA durará entre 30 y 120 días hábiles iniciales; si se comprueban conductas anticompetitivas, se podrían imponer multas de hasta el 10% de los ingresos anuales. Ese camino puede llevar tres meses, con la posibilidad de tres ventanas más de tres meses más, lo que sería un caso paralelo a la resolución del TAS.
La discusión tiene una dimensión económica evidente. El modelo que los clubes de Expansión cuestionan se parece cada vez más al de una liga cerrada al estilo estadounidense: en lugar de ascender deportivamente, un proyecto tendría que comprar una franquicia ya establecida.
En ese escenario, las plazas de Primera División adquieren un valor extraordinario. Los cálculos que manejan los clubes colocan el precio de entrada en alrededor de 80 millones de dólares como mínimo, mientras que operaciones recientes han llegado a manejar cifras cercanas a más de 100 millones de dólares.
La venta de franquicias como León y Puebla es utilizada como referencia de un mercado en el que cada vez existen menos espacios disponibles. La lógica es sencilla: si hay solamente 18 lugares y no existe movilidad deportiva, el valor de cada uno aumenta.
"Restringir el mercado" es precisamente el argumento que los clubes pretenden llevar a la autoridad de competencia.
El futbol mexicano, sostienen, estaría creando un sistema en el que nadie puede disputar esas plazas desde abajo. No importa cuánto se invierta, cuántos campeonatos se ganen o qué proyecto deportivo se construya: sin ascenso, la puerta permanece cerrada.
Y eso también tiene consecuencias para los jugadores. Uno de los argumentos económicos de los clubes de Expansión es que la desaparición del ascenso redujo el valor de sus proyectos y, con ello, los salarios y los ingresos asociados a patrocinios. La referencia que manejan es contundente: futbolistas que podían alcanzar salarios de alrededor de 250 mil pesos en un proyecto con posibilidades reales de llegar a Primera ahora pueden encontrarse en estructuras que pagan cerca de 45 mil.
El golpe, desde su perspectiva, no se limita a los propietarios. También alcanza a los jugadores, patrocinadores, cuerpos técnicos y a toda la cadena económica que depende de la posibilidad de competir por un lugar en la máxima categoría.
La televisión forma parte de esa misma discusión. La postura de los clubes es que los derechos audiovisuales se han depreciado en un escenario sin ascenso y descenso. Si la competencia por llegar a Primera desaparece, también disminuye el atractivo de los equipos de la segunda categoría y se amplía la brecha económica entre ambas divisiones.
El argumento es que el propio sistema habría contribuido a reducir el valor comercial de la Expansión al quitarle el premio deportivo más importante: llegar a Liga MX.
Para los proyectos que todavía quieren crecer, eso cambia por completo la ecuación de inversión. La apuesta de Atlante, por ejemplo, parte de haber construido durante seis años una estructura desde cero. La inversión, sostienen, no significó pérdidas y la intención siempre fue que el crecimiento deportivo desembocara en Primera División.
El cálculo cambia radicalmente si ese ascenso se consigue. La referencia que manejan es que una inversión de alrededor de 10 millones de dólares en un proyecto de Expansión podría adquirir un valor de entre 250 y 300 millones de dólares si consigue llegar a la Liga MX. La comparación que utilizan es la del mercado internacional: invertir, asumir pérdidas iniciales y multiplicar el valor del activo cuando se alcanza la máxima categoría.
Ahí aparece otra de las contradicciones que los clubes quieren colocar sobre la mesa: mientras un proyecto de ascenso tiene que invertir para intentar subir, los equipos de Primera División concentran el valor de las plazas que ya existen.
Por eso también observan con atención la entrada de fondos de inversión. El argumento de los clubes es que los fondos pueden estar interesados en entrar al futbol mexicano, pero que un sistema sin ascenso y descenso modifica la naturaleza de esas inversiones. Para algunos inversionistas, la ausencia de una vía deportiva para alcanzar la Liga MX elimina buena parte del potencial de crecimiento de un club de Expansión.
La pelea, entonces, no se limita a conseguir que un equipo suba. Lo que está en juego es el modelo completo.
Los clubes de ascenso plantean que México está avanzando hacia un sistema de franquicias similar al de Estados Unidos, donde las plazas son activos cerrados y no existe movilidad deportiva. Pero también sostienen que el futbol mexicano tiene una estructura distinta y que cerrar el acceso a las 18 plazas de Primera División podría constituir una práctica restrictiva.
La estrategia jurídica será la prueba de esa tesis. Ese sería el tercer camino, el que menos quieren los dueños de las franquicias, pero que también está como estrategia final. Primero será el TAS. Después, la autoridad mexicana de competencia. Y finalmente, si es necesario, los tribunales federales.
El último escenario es el más delicado. Si un club lleva la disputa hasta la justicia federal, existe la posibilidad de que la FMF responda con una desafiliación. Los equipos saben que ese riesgo existe y, precisamente por eso, la decisión deberá tomarse con rapidez y con una estrategia jurídica sólida.
El mensaje de los clubes es que no quieren esperar indefinidamente. La expectativa es que durante 2026 pueda definirse la ruta y que esta misma temporada exista certeza sobre si habrá o no ascenso. La incertidumbre, sostienen, también tiene un costo: afecta inversiones, contratos, patrocinios, jugadores y proyectos deportivos.
Mientras tanto, el futbol mexicano se encuentra ante una disyuntiva cada vez más clara.
O mantiene un sistema cerrado, en el que las 18 plazas de Liga MX se convierten en activos cada vez más caros y el acceso depende de comprar una franquicia, o recupera un mecanismo de movilidad deportiva que permita que un proyecto construido desde abajo pueda conquistar su lugar en Primera División.
Para los clubes que preparan la ofensiva legal, ya no se trata de pedir una oportunidad.
Se trata de demostrar que no se puede cerrar un mercado entero y, al mismo tiempo, llevar competencia al sistema.
La primera batalla será en el TAS. La siguiente, La Comisión Nacional Antimonopolio (CNA) de México. Y si tampoco ahí se abre la puerta, el siguiente paso será un juez federal.
El ascenso está dispuesto a llegar hasta el final.
