El Atlante ya juega su partido en Primera División

Atlante juega su propio torneo. Lo hace sin balón y ante la ausencia de público. Sus movimientos son en las sombras y con el mayor sigilo posible. Mientras el Toluca busca su tricampeonato en el último acto de la Liga MX antes de la Copa del Mundo —de la cual México es coanfitrión—, los Potros de Hierro mueven sus piezas de ajedrez en el cuarto de estrategias. El plan es reforzarse con inteligencia para su reaparición en la Primera División después de que el balompié mundial conozca a su nuevo monarca.
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Futbol de estufa se le llama de forma pueril a la construcción de una plantilla, como si el arte de la cocina dependiera del momento de la cocción, y no es así. Un platillo de lujo se planea con mucha anticipación y estudio antes de someterlo al calor final. Así es la concepción de un club de recursos económicos limitados pero con exceso de ilusión por volver a un lugar añorado desde su descenso hace 12 años —al final del Clausura 2014—.
“El reto no es sencillo, pero nunca nada en la historia de este club lo ha sido”, comparte desde Argentina Federico Vilar, último capitán del Atlante en levantar un título de Liga en Primera División en aquel lejano Apertura 2007, cuando los Potros debutaban en Cancún tras abandonar voluntariamente la Ciudad de México en busca de riqueza económica.
Un título sin bonanza
En Quintana Roo los Potros encontraron un trofeo, pero nunca la bonanza para sus arcas.
Vilar no solo levantó trofeos y detuvo disparos a gol. Representó la gallardía característica del jugador azulgrana, lo cual impactó directo en el corazón de los aficionados. Hoy Federico es técnico de futbol y espera con frenesí una oportunidad en México para volver a un país en donde marcó diferencias y cristalizó su deseo de ser futbolista profesional.
¿Volver al Atlante? La sola idea le produce un nudo en el pecho, finalmente es, junto con Almirante Brown —equipo de la entonces Primera B Nacional de Argentina— el club de sus amores. “Atlante es fundamental en mi vida. Ahí no solo cumplí el sueño de jugar en Primera División profesional; también salí campeón”, recuerda, como si fuese necesario, el excapitán de los Potros.
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Reconoce no tener ninguna comunicación con la actual directriz del club, pero es cauto y respetuoso. “Ahora mismo el equipo tiene un entrenador —Miguel de Jesús Fuentes— y, además de respetarlo, hay que desearle todo el éxito para poder armar un equipo competitivo y digno de representar al Equipo del Pueblo”.
Durante gran parte de su historia —por supuesto hubo temporadas excepcionales— el Atlante ha sido un club de poca inversión, lo cual se explica desde su huella de identidad: quien gusta de seguir sus colores exige ímpetu, respeto a la playera, amor por el buen trato de la pelota y deseos de ver a los suyos defender con ahínco su escudo; todo esto incluso por encima de los títulos.
Hoy, mientras sus actuales futbolistas juegan semana a semana en una Liga de Expansión cada vez más alejada del edén, el despacho deportivo evalúa las áreas a reforzar y el comportamiento de los candidatos a reclutar bajo la presión en el campo de juego. No es tarea fácil, porque los títulos, aparentemente llegan con goles, pero la realidad es otra: se construyen desde la planeación.
El secreto está en el ADN
José Antonio García fue dueño y presidente del club durante 27 años —salió de la institución en 2014—. Él recuerda orgulloso una anécdota ocurrida durante la semifinal del Mundial de Clubes 2009 frente al Barcelona. Atlante se adelantó 1-0 en el partido y al terminar la primera parte el marcador era de 1-1. García dice haber visto llegar a Joan Laporta, en su primer mandato como presidente del Barça, para hablar con él.
“Me dice: '¡García, joder! ¿Dime de cuánto es el presupuesto de tu equipo? Me estás haciendo sufrir. ¿Qué presupuesto tienes?' Entonces yo le comenté… 'La verdad, como hace poco fuimos campeones, este año ya fue más amplio: 12 millones de dólares’”.
Según el interlocutor, Laporta echó una carcajada centelleante y le increpó. “Estás jodiendo… me estás jodiendo, cabrón, que yo tengo 300 millones y mira cómo me estás haciendo sufrir. Dime la verdad —aquel juego terminó 3-1 para el club culé—". García celebra el recuerdo durante la conversación y señala: “O sea, ahí está la diferencia. El 15% del presupuesto del Barcelona los tenía en aprietos en aquel Mundial. El Atlante es eso, que con poco hagas mucho”.
Ese es el reto hoy de los Potros de Hierro, recordar hacer bien aquello que habita dentro de su propio ADN. Y ya juegan para ello.
