La gran prueba de la “Hormiga” González: Chivas ante Cruz Azul con la cima en juego

Chivas llega a Puebla con el mejor arranque del Clausura 2026, pero el partido contra Cruz Azul también se puede contar desde un nombre: Armando “Hormiga” González. La idea es simple y se lee fácil: este juego sirve como prueba grande para el delantero que acaba de decidir el Clásico y ahora enfrenta al rival más directo por la cima.
La “Hormiga” no carga con foco por moda. Llega porque responde con lo único que cambia partidos: gol. El fin de semana anterior marca el 1–0 ante América, un tanto que sostiene el paso perfecto de Chivas y confirma un detalle que vale oro en torneos cortos: Guadalajara gana incluso cuando el partido se cierra y el margen se vuelve mínimo. En clubes como Chivas, el delantero vive de eso: aparecer en el área cuando nadie encuentra el camino.
Te puede interesar: ‘Hormiga’ González, el goleador ecuánime que festeja como Gokú y cena tacos
Ahora el escenario cambia y la exigencia sube. Cruz Azul no representa “otro partido”. Representa el equipo que se coloca más cerca del líder, el que puede recortar distancia de golpe y el que busca tumbar el invicto con una victoria que pesa doble. Es un duelo de parte alta, de esos que no se olvidan en la tabla aunque falten muchas jornadas.
Además, la sede le mete un ingrediente distinto. El choque se juega en el Estadio Cuauhtémoc, en Puebla, un terreno que rompe la rutina de ambos. No es el Akron, no es el estadio habitual de Cruz Azul. Eso deja una sensación más neutral, con afición mezclada, clima raro y presión distinta. En un contexto así, el “9” queda expuesto: si el equipo domina pero no define, la lupa cae sobre él; si el partido se traba, una jugada en el área lo convierte en figura o lo borra del guion.
El tema con la “Hormiga” no es solo si juega bien. Es si vuelve a aparecer en un juego grande. Un gol contra América te abre la puerta de la conversación; un gol contra el segundo lugar te pone en otra categoría. Y Cruz Azul obliga a eso: concentración, juego físico, duelos en el área, paciencia para esperar la única que llegue clara.
Chivas llega con impulso, con confianza y con un líder que no pierde. Cruz Azul llega con hambre de golpe de autoridad. En ese choque, el partido se puede decidir por detalles: una pelota parada, un rebote, una segunda jugada, un error pequeño. Ahí es donde un delantero construye reputación, porque esos momentos no se repiten muchas veces en un torneo.
Por eso la nota gira alrededor de Armando “Hormiga” González. No porque el partido se trate solo de él, sino porque este tipo de noches separa al jugador de racha del jugador que deja huella. Si vuelve a definir en un duelo de cima, su historia deja de ser “buen momento” y se convierte en realidad. Y en Chivas, esa diferencia vale más que cualquier discurso.
